Salvador Pliego "La España de la rosa enamorada"

28 febrero 2010

A: Carlos Danoz, español y buen amigo.

¡Viva la España del corcel y enamorada,
la España de Huelva y del trajín idolatrada,
la espada en la montura y la rosa levantada!

¡Olé, poeta de las garzas en la flora!
¡Olé, por esas violas de zarzas sonrojadas,
olivos que encumbran a los ojos
en las gaitas de avellanas y Canarias!

¡Salud, España, y a la mar en la Cantabria!
¡Salud por el jardín de la mañana
y las uvas en claveles de Granada!
A trote de la crin y a buen galope,
con la riata del jinete se mece la solana.
¡Salud, España, de la copa almendrada!
¡Salud por la vihuela y la voz garigoleada!
¡Salud por esa falda levantada
y el muslo parecido a una gitana!

¡Que viva la España pregonera arrebolada,
el fogón de danza y de la ola encantada!
¡Que viva cuando canta en el corcel enamorada
y el tobillo asoma su color de moza Sevillana!

¡Olé, la copla del jazmín en la ventana
y el balcón de jarras con violetas azuladas!
¡Olé, que huele a Murcia y Barcelona,
y la tierra muestra clamor de minifalda!
¡Que pruebe el olmo el sabor de la castaña
y las trenzas cuelguen al vaivén de la jarana!
¡Que brinque Jaén sobre la barda
y mire los ramos de crisoles de Calañas!

¡Que viva la España en plata enamorada!
Del lirio: mano dulce cubriendo la estocada;
de Asturias: lis en su garganta;
del pecho: El Prado bailando taconada.
¡Y el rostro vivo de aroma de Navarra!

¡Olé! ¡Olé! ¡Olé!…
¡La España de la rosa enamorada!


Hildebrando Briones Vela: La décima y la identidad afrodescendiente en el Perú

27 febrero 2010

Por: Nicolás Hidrogo Navarro

Brando, es el decimista vivo más grande del Perú a sus 67 años y con 50 años de guardián, pregonero y hacedor decimista. Discípulo y sucesor de Nicomedes Santa Cruz, Brando es todo un baluarte de la décima en el Perú.
Nacido en la histórica y colonial villa de Zaña (que asediara el corsario inglés Sir Francis Drake en 1580) el 10 de julio de 1943, Brando es heredero de toda una ancestral tradición como descendiente afrolatinoamericano.
Desde hace más de tres décadas, cual juglar medieval, recorre las instituciones educativas recitando con su voz de trueno sus propias composiciones, encandilando a docentes y alumnos. El 90% de sus décimas como autoría han servido para que competidores regionales y nacionales ganen sendos concursos de declamación y contrapunteo coral de `decimas en el sistema educativo peruano. Muy a pesar de no estar incluido en la programación curricular oficial, sus décimas son la comidilla sarcástica y denuncia de las actitudes ende candencia de la sociedad actual y que tienen risueños aplausos en cuanto evento cultural educativo o institucional se den. Su temática picaresca y zahiriente de las costumbres disolutas, contra los políticos y las retorcidas actitudes de algunos y el enorgullecimiento de tu etnia, dan pie a que el mensaje e intención de sus décimas caigan como pedrada en ojo tuerto. De allí el éxito de Brando. Ha generado toda una escuela con nuevos valores que pronto se convertirán en los herederos de su arte.
De rostro abetunado, nariz combada, mirada lucifiérnica endurecida por los avatares y el tiempo, pelo cano ensortijado, voz grave, mirada desafiante, pómulos angulados, lenguaje dicharachero, pero de noble y directa posición sin medias tintas, Brando ha hecho de la décima su herramienta y su forma de vida.


HILDEBRANDO BRIONES VELA (Zaña, 1943-?)
Destacado decimista lambayecano nacido en la ciudad de Zaña y que durante toda su vida se ha dedicado a mantener y difundir la identidad cultural y la reivindicación del afrodescendiente a través del arte popular. Descendiente de afrolatinoamericanos. Cultiva la décima con virtuosismo y encanto. Es autor de más de 200 décimas que se difunden por tradición oral en el Perú entero y en el sistema educativo peruano a través del currículo oculto. Profesor de declamación y director de talleres de creación de décima y de cajoneo. Vive actualmente en la ciudad de Chiclayo.

OBRAS PUBLICADAS
- A Lundero ledá Zaña (1995)
- Así es la ciudad de Zaña (2002)
- Cayaltí dulce canto al mundo (2005)
- El candil del norte (2009)

ESTHER CASTAÑEDA VIELAKAMEN: ¡PRESENTE!

26 febrero 2010

El miércoles 24 de febrero., luego de una ejemplar, dramática y digna batalla por la vida, se apagó físicamente la notable escritora sanmarquina, editora, investigadora ESTHER CASTAÑEDA VIELAKAMEN, sumiendo en el dolor y la desolación a todos quienes la apreciamos.
Maestra sanmarquina de numerosas generaciones, Esther plasmó una existencia entregada a la pasión que abrazó desde muy joven: la literatura. Autora de varios libros de poesía, numerosos trabajos de investigación, dirigió la editorial Magdala, promovió en la UNMSM la Cátedra de Literatura de la Mujer e impulsó los importantísimos ENCUENTROS DE POETAS SANMARQUINAS.
Como siempre el país oficial, de espaldas a sus creadores e intelectuales, sobre todo si éstos son combatientes por una sociedad justa, como lo fue Esther Castañeda, no se ha enterado de esta irreparable pérdida para la cultura nacional.
Toca a todos quienes la apreciamos en su grandeza de mujer luchadora, de intelectual y escritora, defender y difundir su ejemplo y su obra, con decisión y alegría. Ése es nuestro compromiso.

Lima, Perú, febrero de 2010

Universidad Nacional Mayor de San Marcos
Consejo Directivo Nacional del Gremio de Escritores del Perú
Sociedad de Poetas y Narradores de la Región Lima.

Poesía de salvadoreño en lengua extranjera

Carlos Ernesto García ha publicado 80 poemas en español-albanés.
Por: Gabriela Mendoza
Por primera vez un poeta latinoamericano publica su obra literaria en el idioma albanés, lengua
que se habla en Albania, Kosovo y el sur de Macedonia.
Se trata del escritor salvadoreño Carlos Ernesto García (Santa Tecla, 1960), quien ha sacado a la
luz el libro titulado“Unë nuk kam shtëpi” (Yo no tengo casa), el cual circula desde esta semana en
países europeos que hablan el albanés y que fue editado por la editorial Dita 2000.
El libro incluye en la solapa de la portada un estudio crítico de Ana Gallego Cuiñas, de la Universidad de Granada, España, país donde García reside desde finales de 1980 y el prólogo fue escrito por el prestigioso poeta albanés Prec Zogaj.
La publicación está conformada por 80 poemas en versión bilingüe (español-albanés quepertenecen a tres de los poemarios del escritor.
“El nombre del título del libro proviene de uno de mis poemas más emblemáticos, que está contenido en el poemario ‘Hasta la cólera se pudre’ (Barcelona, 1994)”, mencionó el autor en una
entrevista vía correo electrónico.
García apuntó estar sorprendido por esta grata noticia. “Al principio imaginé que podría ser el
primer poeta salvadoreño o centroamericano publicado en Albania, pero mi sorpresa vino cuando
me comunicaron por parte de la editorial que era el primero poeta latinoamericano y que en las librerías, por el contrario, sí pueden verse algunas ediciones de autores como Gabriel García
Márquez, Mario Vargas Llosa y, otra sorpresa, la novela ‘El Señor Presidente’ del guatemalteco y
Premio Nobel de Literatura Miguel Ángel Asturias”, relató. El poeta es autor de poemarios
como “A quemarropa el amor” (1996), “Postales del Crimen” (inédito) y “La maleta en el desván” (inédito), con prólogo del novelista español Jesús Ferrero. Así mismo, sus obras han sido traducidas al inglés, chino, italiano, portugués, entre otros idiomas.
La solapa de la contraportada de los ejemplares también incluye el fragmento de una reseña del
poemario “La maleta en el desván” del investigador literario e historiador Carlos Cañas Dinarte.
Del 22 al 26 de marzo, García estará presentado el libro en diferentes institutos y universidades de Albania.

YO NO TENGO CASA

Ya no tengo casa/
Lamitaddeloqueamabaya
no está conmigo/
Unos (casi todos) se han
quedado/
Otros simplemente partieron/
Mi hermano urgentemente
me escribe de México: “La
casa se derrumba hay que
venderla” y pienso: ¿es qué
aún tenemos casa?/
Mi padre se quedó sin comprarse
aquella camisa
o aquél pantalón que tanto
le gustaba/
sin ir al cine los domingos/
sin viajar al país con el que
tanto soñó/
y se conformó con visitar un
parque en donde mirarle el
rostroal caballoyal general
que lomontaba en una estatua/
Todo por comprarnos una
casa/
Una pequeña ymodesta casa
donde vivir y a la que hoy
solamente se le ocurre derrumbarse/
Por mí que se derrumbe si
quiere/
Si la mitad de lo que amaba
ya no está conmigo/...(Continúa).

Carlos Ernesto García

CAMINO A BAGUA

24 febrero 2010

Nicolás Hidrogo Navarro:

Me llaman Loco Tallarines, pero de verdacito yo soy Childre Hidrogo. Lo de mi chaplín es porque en el kiosco del colegio devoraba todo lo que era y se parecía al tallarín. Tengo diecinueve años pero todas las historias que le pueden pasar a uno de a cien. Vivía en la calle Emiliano Niño de Lambayeque. Y digo vivía, porque ahora me encuentro en este camión de carga, camino a Bagua Grande. Yo nunca he sido malo, por diosito. Nunca he peleado, claro que a veces he robado algunas frutitas y algunos huevos de gallina del corral de mi vecino, pero nunca he fumado como los demás del barrio.
En la primaria, mi profesor “El Chino” me consideraba poco menos que un idiota, porque le dejaba los exámenes en blanco, pero cómo iba a llenarlo si eran pura memoria, tanto nombre y fechas terminaban confundiéndome más. ¿Por qué no dejarán que contemos cuentos, mejor? La verdad es que yo nunca fui bueno para la escuela. Sólo sabía la tabla del uno y del diez, nunca aprendí de los verbos pluscuamperfectos ni qué ocho cuartos, pero no los necesité para impresionarlos con mis relatos de duendes que me los contaba mi viejita Ana en las noches.
Cuando pasé a la secundaria a empujones fue peor. Por más que me esforzaba, nunca pude sacar más de once, el cinco se me prendió y lo celebraba cuando llegaba a doce. Yo sabía, de verdacito, sino que tengo una manía de olvidarme todo al último momento y hasta parezco flotar cuando estoy delante de los demás. Después del examen y los nervios me acuerdo todito.
En Primero, la profesora de Literatura “Heraldos Negros” -apodo que le pusimos porque vivía siempre cayéndose-, me hacía quedar para ensayarme en oratoria, pero yo sólo aprendí a tartamudear y a turbarme más con sus técnicas.
En Segundo, me acuerdo que el profesor López , al que decíamos “Agüita de manzana”, porque tenía una habilidad especial de motivación para aburrirnos y hacernos dormir en plena clase, me llamó para leer ”Tristitia”. Yo no quería salir ni de vainas. Es que nunca he sabido leer bien. Además, con todos los muchachos frente a mí, me ponía a deletrear y me atragantaba con mi propia voz. Todos se burlaban. El profe insistió. Y yo volví a negarme. Sopló fuerte mi apellido como corneta, el salón se volvió cadáver y hasta hubo una vibración trastabillante en las paredes, mi carpeta se desclavó y sólo se escuchaban las pequeñas explosiones de la arena pulverizada entre sus zapatos contra el piso. Y entonces, rojo como la cresta de un pavo enfurecido, el profesor se acercó, me insultó con sus ojos de sapo aplastado y me arrecostó dos correazos en el espinazo. Fue terrible; después de ocho años aún me siguen doliendo los huesos. Yo aguanté como un hombre; peor era salir al frente. Ni le respondí ni lloré. Me quedé calladito calculadoramente, no más yo tenía trece años, no podía mecharlo como ahora. Ahora tengo diecinueve. Repetí tres veces y me jalaron como en veinte cursos en toda la secundaria –que no la logré terminar-, mi libreta siempre fue un tomate y me he decidido no volver al colegio, tengo fuerza para levantar un saco de arroz y ya me puedo ganar la vida.

¿Mi familia? Yo ya no tengo familia, Carlincho es un drogo, Aguas es un pandillero y mi hermanito menor está con tifus. Teresa se metió a trabajar en la mala vida, dicen que la vieron en el “Tamarindo”, eso me lo contó un amigo del barrio, pero yo no le creo ni lo creeré jamás. El Número sigue en la cárcel. Y al Zúngaro lo llevaron a la frontera, a pelear contra los monos y le volaron una pierna. Él era el único bueno. Tal vez sea yo también un mal hijo. No sé pero aquella noche de navidad, después que yo me había matado vende y vende empanadas, había comprado para mi viejita su panetón, leche y chocolate. Bien contenta se puso mi viejita. Ah, y también le había traído su vinito. El pollo le compró el Zúngaro, con lo poco que había pagado ese viernes don Chepe. Estábamos el Zúngaro y yo en la sala, cuando en eso llegó el Viejo, oliendo como siempre a yonque de noventa grados. Nos espetó adonde habíamos robado todo eso; nos machacó a insultos; revolcó al hermano bueno hasta dejarlo en el suelo como perro envenenado, temblando más de miedo que de dolor por los patadones. Yo me escapé por el techo como culebra y me zampé como lechuza en la casa del vecino. Estuve nueve días metido en la covacha del Caballa, oliendo a terocal y a humos extraños, pero se los juro por mi viejita que no probé nada. ¡Ah, qué semana aquella, eso me ha dejado un sello de agua en el cerebro, mi mundo se redujo a un miserable hueco oliendo a caca, desde allí el mundo es rata!.
Pero aquí estoy, camino a Bagua Grande. Estoy seguro que mi tío Nico me va a ayudar. Él es bueno. Él tiene un chacrón de café; siembra plátanos, siembra arroz hasta en las piedras. Seguro que me dirá: ¿Y éste?, ¿Qué hace aquí? No te asustes tío, le diré; no es nada malo. He venido para trabajar contigo en tu chacra. ¿Te acuerdas que me ofreciste darme chamba? Pero, ¿Y tu familia?, Preguntará. Por eso mismo he venido: quiero trabajar para ayudar a mis hermanos que están fregados. ¿Y tus estudios?, Dirá. No tío, le diré ya va a ver que harto le voy ayudar. Los estudios son puro cuento, no hay trabajo, dicen que hay más abogados que juicios y más ingenieros que casas, se pierde el tiempo, al final para parar de barredor o ambulante, mejor arranco trabajando. Las chambas son muy difíciles, son pura política, si no tienes padrino y si no eres de su grupo te fregaste. Y él terminará por aceptarme.
Fuerte es este camión. ¿Cuándo tendré uno?. Debe tener un motor de oro, porque su dueño dice que es su mayor tesoro. Sus tablas de algarrobo parecen de acero de cañón. Ruge como toro embravecido en las pendientes, y corre sedita como trompo en medio del negror de la pista. De aquí se puede mirar bacán el paisaje como si viera una película a color: árboles grandotes y pasto hasta en la punta de los cerros, hay subidas y bajadas largotas, es bonito pero da miedo, a uno se le suspende el alma y hasta la orina, se pude ver todita la campiña de Lambayeque, Mochumí, Illimo, Pacora, Jayanca, Olmos, Pucará, Chamaya, Corral Quemado y a la distancia una gran avenida de cocos nos avisará que estamos ingresando a tierras del arroz y el calor infernal.
Como a las siete del día, -según el chofer- vamos a estar llegando. Ya nos han cobrado el pasaje en el camino por si nos escapemos. Allá se ven pueblitos chiquitos, con sus calaminas alumbrando y los perros bajando de los cerros ladra que ladra. El sol ha salido bravo hoy, la tierra está húmeda aún, dicen que no ha parado de llover desde el viernes. ¡Bastante chacra hay por acá! Arroces por allá y por allí, todo parece lluvia, calor y arroz. Y ese río Utcubamba roncando, achocolatado y bravo como una gigantesca anaconda reptando en medio de sauzales y mohenas, parecen sus aguas bajar del mismo cielo. Acostumbra a traer palos y gallinas muertas de más arriba. Dicen que le gusta comerse las chacras, pero su agua es buena para la gente, todos la queremos, da trabajo.

Mis compañeros de viaje están cansados, demacrados y con los estómagos sueltos, debe ser por el sol, el frío del Cuello y la falta de almuerzo. La cena de anoche parece que fue gallinazo y no gallina como nos dijeron. La noche transcurría en cámara lenta al son de sanjuanitos y pasillos del Ecuador, expulsados de un radio Nivico, se volvió más inmensa cuando el chofer se detuvo para descansar una hora y aún más los recuerdos se salían por mis ojos. Se me vino de un tajo a la memoria todo el colegio y hasta estuve soñando con que salía al recreo, mi espacio favorito, allí conocí a Maritcita, mi hembrita.
¡Oh, Dios mío! Perdóname si estoy haciendo mal. Y ayúdame para que me vaya bien. Ojalá mi tío Nico me deje trabajar con él, no importa si quiere le trabajo gratis un año, con tal que me reciba. ¡Difícil es la vida de los jóvenes pobres! Bonito es tener una familia buena, donde todos se ayuden. Pero en mi barrio todo lo ven bronca y en mi casa todo es griterío, por eso yo me escapé. Ya no quería ver que el viejo le pegue a la vieja. ¿Habré hecho bien en escaparme? No traigo más que mi mochila de colegio, dos camisas y un pantalón con huecos. ¿No abusará más el viejo de mi viejita?, ?¡Dios quiera que no! ¿Qué estarán diciendo en la casa?, ¿Seguro que ya se dieron cuenta? Le voy a escribir a mi prima Jomara para que cuide a mi viejita mientras yo hago un poco de plata acá. Le diré que no se preocupen que yo estoy muy bien, que estoy haciendo plata y que hasta me he comprado una radiograbadora. Pero ¿y si me rechaza mi tío alegando que no le he dicho nada a mi viejo? ¿Y si me trenza a palos y me hace agarrar por los tombos? ¡No, qué, vainas! Voy a tener suerte, voy a chambear duro y curar a mi viejo de su vicio, para darle chamba sana a Carlincho, para sacar de la cárcel al Número y para traerlos mejor a la selva, aquí la vida es tranquila como agua de tanque, por diosito que le compraré su casita con agua, luz eléctrica y por qué no, su cocina a gas.
Las gotas de lluvia caen perpendicularmente, son pequeñas y ya no tienen el frío, son las últimas que va cortando la calamina lánguidamente. Hemos llegado, mi corazón hace bum-bum y creo que tengo un nudo de piedras atravesadas en mi estómago acalambrado, porfa tío Nico ten tu puerta abierta, el suelo está pantanoso como una cocha, los chanchos se revuelcan alborozadamente, las llantas van chispeando las paredes y abriendo zanjas de agua. Es domingo, es mañana y son las siete, hay mucho movimiento de negocio de animales. Las pezuñas de los caballos van batiendo el barro como mantequilla, el aire parece estar lleno de agua que enjuaga la cara, cómo ha cambiado todo, ojalá que mi tío Nico, no.

José Antonio Aranda Ramírez "Carta para un amigo muerto"

20 febrero 2010

(A la memoria de mi Padre)

Te fuiste un día
cruzaste esta puerta,
me miraste
con los ojos con que se mira el pasado
pero no recuerdo
por qué te fuiste,
por qué al irte
dejaste tras de ti
miles de cosas
que aún sigo recogiendo.

Pero te extraño
me haces falta
he querido comunicarme contigo
he rodado por el cementerio varias noches
tu tumba está gastada
tú lápida forzada
el guardián me ha dicho
que han querido profanarla varias veces.

A estas alturas del año
casi todas las noches
el cielo está encapotado
llueve a raudales
la lluvia inunda mis ojos

desborda poco a poco
los días que pasamos juntos
esa misma lluvia
borra todo rastro que marcaste
en el camino.

Si vieras cómo gotea mi ventana,
cómo el cielo se parte y ruge
cómo sudan mis manos
cómo se estremece el alma

Eres un ingrato
de cualquier forma
debes venir a verme
yo no he cesado de observarte
en los ojos de los niños
en el vuelo de las aves
en el contorno de los libros.

Ayer fui a pasear por el manicomio
varias veces me he confundido
creí verte bajo una escalera
cortando hojas secas
contando los minutos que dura el silencio.

Quise meterme ahí dentro
pero me atraparon varios hombres de blanco
y junto a unos locos
me subieron a un camión

y me botaron muy lejos de casa.

Qué pena me dan esos locos
ellos no tienen familia
los han olvidado para siempre
no comprendo
por qué los tienen que botar
ni siquiera los dejan en conjunto
uno a uno los van botando
los dejan solos
a merced de la cordura.

A nosotros no nos quieren ni afuera
ni en el manicomio.
Estoy comprendiendo por fín
el contorno de los días
la otra vez logré atrapar una hora
y la pelé como,
una fruta pequeña
no encontré nada nuevo
dentro de ella estaba yo
pelando algo parecido a un níspero

Sobre mis escritos
te puedo decir mucho
me he abastecido de mucha luz
una vela pequeña me alumbra en la noche.

Sobre mi memoria
he instalado
una arquitectura de recuerdos
si vieras cómo florecen
las flores dentro de ella
si vieras cómo un océano de fuego
va terminando
con mis huesos.

Cuando se acabe
la última vela que guardo
voy a mudarme al cementerio
aunque es difícil
allí la gente se pelea
para obtener una vacante.

Cada difunto con sus deudos
y sus baúles
de bordes de oro
de bordes de metal
de bordes de fierros oxidados
tu mismo haz de darte cuenta
tú lápida la han querido profanar.

Afuera del cementerio
hay una larga hilera de gente
voy a ir a cuidar tu tumba
voy a procurar que no me descubran

y cuando eso suceda
entre los muertos y la lluvia
ya no me botarán...

De Sencillas promesas
Lima. Mesa redonda 2009

Carlos Benítez Villodres "LOS PUENTES DEBILITADOS"

18 febrero 2010

Crecen con rapidez esas masas furtivas
que abrasan y destrozan,
con sus ríos de gases y de lava
por siempre tempestuosos, traicioneros,
la sangre y el lenguaje de los hombres que llegan
al mundo por la senda de la voz solidaria.

Estos hombres intentan conseguir,
con sus signos de lirios y violines,
que la noche absolutamente negra
aclare ya su imagen, sin ideas de fango
ni hervores de veneno,
ante los ojos, con ardor radiante,
de aquellos hijos de este mundo en lides,
que tiernamente aman
el amor y la paz,
el crecer de las mieses, el vigor renovado,
invulnerable, de las libertades…

¿Adónde va esa luz que no reposa?
¿Quiénes colocan muerte
en las entrañas del metal que vuela
hasta hundirse en los cuerpos
que nunca más retornarán a casa?
¿Por qué matan a seres inocentes
y devoran sus ojos y deseos?

Matan, matan los lobos sanguinarios
y enemigos, colmados de poder,
como la pólvora que entierra besos.
Matan por aumentar su imperio y sus riquezas
de raíces en forma de pezuña,
goteando patrañas y ecuaciones vacías.

De las bocas escapan a los aires
lúgubres el aliento de cerebros
que huelen a alcanfor, a tedio cotidiano.
¿De quién es esa voz que golpea la esencia
de los hombres que mueren lentamente de frío
y hambre y enfermedades? Las sombras ambicionan
las dos mitades de este mundo vana-
mente tiranizado por poderes insólitos,
crípticos, que en silencio
lo manejan de forma improcedente,
tornando el día en noche, el pensil en desierto,
la palabra en cascadas de naufragios…,
empapando la vida con la sangre
de aquellas primaveras indigentes, famélicas.

Sucede que el destino del hermano que sufre
y rueda por la tierra y sobrevive
encadenado a niños ya muertos e insepultos…
es la incendiaria desesperación.

Sucede que el destino de nuestro bello mundo
tiene la voz del hombre
que ama la vida siempre venturosa
con la pasión y el gozo del amante.

Sucede que camino, perseguido por sierpes
que intentan asfixiarme, con la honda noria herida
y el alma alimentando puentes debilitados.

Sucede que me crezco ante la cruel violencia
de los imperialistas que destruyen
vidas y corazones y lenguajes,
después de demoler, tanto los puentes
sólidos, eficaces, como los extenuados.

Carlos Benítez Villodres
Málaga (España)

(Del libro Los puentes debilitados. Granada -España-, 2007

Sayán, Tierra del Sol.

16 febrero 2010

El pueblo de San Jerónimo de Sayán, capital del distrito del mismo nombre, pertenece a la provincia de Huaura (antiguamente Chancay). Está ubicado en la margen izquierda del rio Grande (Huaura) a 672 msnm. y a 45 km de distancia de Huacho, capital de la provincia. El nombre primitivo de este pueblo fué "Sallan de Checta", que significa "estar de pié", habiendo sido inicialmente un pueblo de tránsito, para quienes viajaban de la sierra a la costa y viceversa, con fines de intercambio comercial, en otra época en cumplimiento de trabajos a través de la Mita colonial. Los pueblos vinculados a esta ciudad de tránsito han sido y son a la fecha: Auquimarca, Paccho, Andajes, Cochamarca, Oyón, Huamboy y Topaya.

Situación Geográfica Ubicación y clima

El distrito de Sayán es uno de las más importantes de la provincia de Huaura, por su historia y por ser la Tierra del Eterno Sol y grandes personajes ilustres.San Jerónimo de Sayán es la capital del Distrito de Sayán y se ubica en un desvío de la Carretera Panamericana Norte, a 45 km en la Carretera Huaura – Churin - Oyón, en la Provincia de Huaura, departamento de Lima, y está situado entre los Ríos Huaura o Río Grande y Huanangui o Río Chico, en una altura de 672 m.s.n.m. Limita por el norte con el distrito de Ambar, con la provincia de Oyón al Nor Este, al este con los distrito de Paccho y Leoncio Prado, por el oeste con el distrito de Huaura y Santa María y por el sur con la provincia de Huaral.

Su clima es cálido y seco, rodeado de cerros que lo hace atractivo para las personas que necesitan disfrutar de climas cálidos en forma permanente.Ostenta el privilegio de ser llamado "Tierra del Sol" por su estable cielo claro y el sol reluciente, mucho mejor en comparación a Chosica en Lima, que invita a disfrutar de la sana alegría del campo, de sus ríos, del sol o del eterno cielo azul compartiendo las delicias de los sabrosos Alfajores Lumbre o Vigor, los Panetones Sol de Sayán y de otras marcas, la rica miel de abeja, el buen Vino de Quintay, las Mandarinas y Naranjas de la Irrigación Santa Rosa, las Paltas de Acotama o los platos típicos del lugar y de otras regiones del país.

La Capital del distrito de Sayán, es la ciudad del mismo nombre; el distrito de Sayán es eminentemente rural, agropecuario y con tradición arqueológica e histórica, De sus casi 26,000 habitantes, el 65% radica en las áreas rurales y el 35% vive en la población, que si bien estadísticamente son ubicados como urbano (Sayán y Andahuasi). Sus habitantes se dedican a labores agropecuarias; cuenta con mas de 160 centros poblados, dividiéndose en tres zonas marcadas: uno que viene en forma paralela al río Huaura: San Isidro, El Carmen, Chambara, Sta. Elvira, Desamparado, San Miguel, San Juan de Cañas, pueblos dedicados en su mayoría, a la siembra del pan llevar y la caña de azúcar; otro, pasando por el pueblo capital la zona de Quintay: Chuquiquintay, Tres Montones, Pedregal, Huamboy, dedicado a la siembra del pan llevar, caña de azúcar, frutales como la vid para la fabricación de los buenos vinos; Por la zona del Rio Chico, tenemos: Vista Alegre, Quinches, Ámbar Puquío, San Juan de Topaya, La Mina, Casa Vieja, Dolores, Cuchuchin, poblados dedicados a la siembra del pan llevar, frutales, paltas y caña de azúcar, etc.

Tenemos la otra zona llamada la Irrigación Santa Rosa, que empieza después del centro poblado agro-industrial de Andahuasi, donde se concentra la fabricación del azúcar y el alcohol, muy importante esta industria dentro del valle por la generación del empleo de trabajo. la Merced, La Villa, Nueve de Octubre, Casablanca, Santa Anita, La Ensenada, Santa Rosa, El Rosario, Don Alberto, etc. lugar de muchos fundos que se dedican especialmente a la cosecha de frutos como el melocotón, las naranjas, las mandarinas, el melón, mangos, además cuentan con lugares avícolas y ganaderas. Actualmente ésta zona está denominada como Poblado Menor, que cuenta con su Consejo propio, pero dependiendo siempre del distrito de Sayán

EL GORDO CAMIÓN

15 febrero 2010

Nicolás Hidrogo Navarro:
Habíamos retornado por el mismo caminito de siempre, ahora lleno de cadillos, rastrojos y una fauna microscópica y mimetizada de rastreros se escondía en el ingente tapiz verdóreo. En tres meses había crecido la hierba elefantiásicamente. No se podía ver por encima de mis hombros, unas lagartijas doradas cruzaron raudamente por encima ¡ay, carajo!, están bravas, tienen hambre masculló, saltando, entre las ramas, Eloy, oye Antonio Montalvo y si nos perdemos, ¡uy mamacita me están persiguiendo!, no seas gafo, allí se ve la bandera, guíate hacia allá huevón. Habían llegado pocos compañeros: Vica tenía el pelo trinchudo, a Amílcar lo habían pelado y a Eulogio, su tío, lo había trasquilado con una tijera de sastre. El profesor César nos esperaba en la puerta, circunspecto, dejando escapar su saliva como cerbatana, entre sus dientes. Era el primer día de clases y estábamos feliz por el reencuentro, luciendo uniforme nuevo, bacán, echa, los bautizos, ya pues no seas vivo a ti si te gusta bautizar, déjame que te bautice las Dunlop, conversábamos mientras el Nuevo escuchaba contrito, tímido, a un lado, se llamaba Chacho y venía de Ñuñajalca, vendía plátanos en el mercado los domingos. Faltaba Misho Flaco, lo habían jalado, ¿¡anda!?, qué te dije, estaba avergonzado y escondido en la fila del otro lado, no le hablen para que crea que no nos hemos dado cuenta, piña lo han sacado al frente a dirigir el Himno Nacional. Nos miraba lloroso, te dijimos Misho, estudia, estudia y tú primero está el juego, qué diantre me aprobarán, ya ves qué te dijimos. Ya no jugaría boliches, ni trompo ni matagente con nosotros, ya no iríamos a los mangos ni a las guabas, ya no más piratas escondiendo el tesoro detrás del árbol grande de la escuela. Se acabó para él los columpios y el subibaja, se iría a ellos pero ya no sería lo mismo. No se despidió nunca, pero se fue para siempre de nosotros y nosotros para él. Pasábamos a quinto grado y todos teníamos once años, a excepción del Camión que tenía como quince, era el más grandote de la fila y pegaba a todos, tosía como una bestia y nos quitaba los panes a la hora de recreo. Nos echaba tierra y se ventoseaba como dragón, hacía competencia de pura brutalidades y él siempre salía ganando. Imitaba una risa draculesca y era tosco para hablar escupiendo. Pero todos nos habíamos aliado para darle una golpiza a la hora de salida una vez y desde allí lo hemos convertido en el más zonzo de los zonzos. Lo mandábamos a comprar y hasta se ponía de mesa cuando queríamos jugar. Hasta terminar la primaria lo tumbamos, como cuatrocientas veces con la técnica del torito y siempre lo mandábamos al suelo con todo su mondongo y su jeta de llanta. Era como su papá: rechoncho, ojón y cara de zapallo, tenía unos dientes chuecos, unos pelos gruesos y renegridos, una voz de tuba y era de Catacaos. Lloraba hasta regar la canchita con sus mocos. Lo volvimos muy maricón para pelear. Era un papanatas, un cero a la izquierda, al inicio. Pero se volvió buena gente, nunca se quejó, aguantó estoicamente y llegó a ser uno de los mejores de la promoción. Veintinueve años después llegó a ser el más valeroso de los tenientes del ejército peruano, se convirtió en todo un héroe al defender el Falso Paquisha, al otro lado de las montañas que siempre mirábamos por las tardes, hoy todos nos sentimos orgullosos de él. Nos tocaba lavar carpetas y nos fuimos en filita hacia el río más caudaloso del mundo para nosotros entonces, el más bravío, el más atronador, el quiebracerros y el arrastragente. ¿Qué acaso no habíamos visto cómo las culebras se iban paradas sacando sus cabecitas cuando se desbordó por en medio de las casas? Nos asustaba. Todas las mañanas radio “Marañón” de Jaén daba noticias sobre desaparecidos y flotantes en el río Marañón, uf casi llegando al Amazonas y luego al Atlántico, imagínense. Allí se moriría el Lolo ocho años después, se quiso reír del río nadando contracorriente y el Utcubamba se lo tragó de un mordisco para escarmiento de todos y lo botó 20 horas río abajo. Lo hacíamos todos los años al iniciar las clases y casi sigo pujando en la cuestita, sube que sube y el Vica empujando y todos cayéndonos encima de las mesas, quebrándolas, quebrándonos, despintándolas, despellejándonos, ¡oye pelos de erizo, no seas así, y todos corriendo para hacerle un callejón oscuro, hasta dejarlo rojo como rocoto, le hicimos brechas y él seguía, una semana después del desbarrancamiento, quejándose que lo habíamos molido y que se desquitaría, que ya veríamos. Habíamos rascado casi toda la madera hasta quitarle la pintura verde y la corriente se estaba llevando las mesas alocadamente. Ese día nos dieron un escarmiento de chapas, y, para rematar todo, la lluvia nos atrapó toda la tarde y la noche. Fue la primera vez que la lluvia nos encarceló aún niños y soportamos los latigazos del agua chispeándonos la cara pelada por la ventana. Dormimos sobre las mesas que no nos logró tragar el río. El profesor Cueva estaba más preocupado por nosotros que por las carpetas y a la mañana siguiente se formó una batahola en la puerta de la escuela con nuestros padres chapoteando en medio del fango y abriéndose paso entre la cortina espesa de la lluvia que se volvía más inmensa sin la salida del sol. El Negro Jetón lloró toda la noche, el Camión tiritaba en un rincón, Vica dormía con los ojos abiertos, Kong y yo empezamos a contar ovejitas en forma intermitente hasta quedarnos dormidos en medio de una azotaina de la lluvia que amenazaba llegar hasta nuestros zapatos, Antonio fue más vivo se metió en el cajón de la vitrina donde se guardaban los fólder y cuadernos. La noche trafagó entre nosotros y allí me sentí por primera vez más minúsculo, casi una cucaracha atrapada en su covacha. No se pudo soñar con otra cosa que con la lluvia estrangulándonos, nos despertaríamos cuando el agua quiera tapar nuestras narices, porque sino, estaríamos fritos. Ella entró con su cerquillo y nos emocionó a todos, se llamaba Imelda y su nombre se me quedó grabado para siempre. Me aluciné con ella, todos se alucinaron, éramos impúberes pero qué bueno sería tener un hijo con ella. No sudaba, eso emociona a todos, se ve un rostro serio y nos mandaba a todos. Era blanquita y tenía unos labios carnosos, coloraditos. Ella no se casaría nunca, le había prometido a sus padres, les había firmado un papel a los seis años con su letra zurda y su firma de espuelazo. Ella vive entre nosotros porque no sabríamos decir dónde desapareció terminando la secundaria. Todos nos quedamos enamorados de ella y ella nunca lo supo ni se interesó de ello, qué manera de vivir y de chotear a todos. Se mandó –finalmente los supimos- con Camión, sí con Camión y están viviendo en medio de la selva, comiendo paiches, ronsocos y guacamayos.

Nicolás Hidrogo Navarro : A esa hora del día

Nicolás Hidrogo Navarro (1968-?), es un narrador lambayecano, licenciado en Lengua y Literatura por la Universidad Nacional “Pedro Ruiz Gallo”-Lambayeque.
Este libro de cuentos recoge sus reminiscencias y obsesiones de colegial. Creaciones, en algunos casos ganadores en Lundero y publicados en los Suplementos Dominicales del Diario La Industria de Chiclayo. Desde su perspectiva ya madura, recoge el argot juvenil y adopta el entramaje de sus experiencias para levantar una visión provinciana de anhelos y decepciones. El pretexto de las historias triviales contrasta con el lenguaje trabajado, a veces a nivel de prosa poética. Su descriptivismo supera quizá al monologuismo, desde donde levanta el crisol de unos cuentos cargados más de vida y experiencias que de experimentación literaria.
Nicolás Hidrogo es fundador y coordinador del Conglomerado Cultural que desde hace siete años se ha convertido en el ariete de la promoción e integración literaria en esta parte del norte del Perú.

A: Maritza, Jomara, Childre y Nadesha
Mis impulsos y latidos.

PRESENTACIÓN

Parte de mis recuerdos desparramados de colegio constituyen el principal filón de mis historias, trucadas a veces por mis obsesiones y reminiscencias estudiantiles, allí donde todo era leal y bueno. Creo que la Universidad hizo aflorar mi perversidad de escribir, me quitó mi inocencia provinciana, restó mi fe y estigmatizó ese concepto cándido de “amistad pura” que tenía sobre los demás.. Creo que no hay mejor cantera que la universidad para explorar el maquiavelismo de sus docentes y alumnos. Es una jungla donde sobrevive o sale a flote el más pendejo o el que mejor actorea de cojudo, el que sabe calcular el poder, el que sabe sintonizar la emisora de turno, para hacerse el loco entre los locos. Tus palabras no corresponden a los gestos ni la semántica corresponde a la praxis.

Es la escuela la más grande fábrica de ilusiones y el espacio más propicio para llenar de fantasías las tardes. Allí petrificas para siempre el fósil de tu imaginación. Allí se puede ser sin que nadie te lo prohíba, allí se forma sólidamente la ilusión, que la universidad se encarga de volatilizar. En la escuela una mentira del profesor es catastrófica; en el colegio, es fatal; en la universidad, es algo normal. La escuela me humanizó, el colegio consolidó mi temple y me hizo quien soy; la universidad me atiborró de conocimientos confusos y teoréticos –que a la distancia escucho como un recuerdo borroso de campanas desecualizadas y desorquestadas- y me enseñó a ser mañoso, frío, displicente, irascible, contestatario, irreverente y compulsivamente patológico en mirar a los ojos de los demás tratando de hallar su frecuencia y su esperpentez.

El colegio es un espacio donde se sueña, se alucina el futuro, y para mí fue un enamoramiento de los libros y de una que otra mujer. Allí tu palabra titubea, allí ya no miras a la cara y de frente, allí tu palabra ya huele a malicia, ya atas cabos y te explicas la vida, empiezas a matar la fantasía y mandarla al cadalso cuando llegas a la universidad.

Mi primera gran biblioteca fueron las revistas de comics de alquiler de la peluquería de mi padre. Allí aprendí a leer las viñetas aún antes que en la escuela, luego transfugé a las novelitas de cow-voy de Marcial La Fuente Estefanía y finalmente di un gran salto cualitativo cogiendo de casualidad Hamlet y La casa verde, (esas obras me las sé de memoria, el segundo sobretodo autografiada por Mario Vargas Llosa dos veces inusualmente casi 26 años de haberme ofuscado con el entramado de las Madres de la Misión, Fushía, el Sargento Lituma y la Chunga; esas obras me atraparon en sus vorágines estigmatizadora para siempre) allí empezó mi fascinación por la literatura, palabra casi mágica y demiúrgica y que la he hecho tan mía que es casi mi amuleto y mis campanadas en las frustraciones. Un cuento que efectué en 5to. grado de primaria con el encuentro imaginario e imposible entre Tarzán y Turok –héroes de los comics de la época- , celebrado y comentado –entre mis compañeros y el mismo profesor- por lo imaginativo me pigmaleonó y casi abruptamente me convertí en un lectorcillo maniático de todo lo que encontraba a la vista; papeles, revistas, libros, recetas, santorales, afiches, carteles, volantes, oficios, es decir, casi todo, cartas, memoriales, recetas de médicos, etc. sin que ello signifique necesariamente literatura.

He comprobado que el querer ser sabiendo vale poco cuando no se actúa según conveniencias. He conocido a toda la fabulería hipócrita y cínica en la universidad y me ha explosionado en la cara la esperanza humanizante, he visto la risa rabelesiana con su máscara insuflexa, tiznada de la peruanísima huachafería de la viveza y el arribismo con cara decente y de docente y una mueca plúmbea, mediocre.

Por eso simpaticé con la irreverencia de Rimbaud y Baudelaire con sus coterráneos y hasta el “Círculo Ubicuos Malditos” (1991-2004) que fundáramos Luis Ernesto Facundo Neyra, Luis Yomona y yo, fue una trinchera contestataria con actos antes que con poses teoricistas o principistas. Fuimos lo que quisimos ser, nos burlamos de quien queríamos y como queríamos y escribimos automáticamente como quisimos en grandes duelos nocturnos y sibilinos hasta la pesadilla.

Me gusta el impulso del improntus, de la adrenalina surgida de la nada porque me despierta de mi aletargamiento y -a cualquiera que lo podría atolondrar- me vitaminiza a convertirme en un arrojadizo. Ese elan vital permite mantener un equilibrio entre la apática quietud y la fulgurante agresividad exógena.

Quizá una aventura extraescolar como fue la quemazón del Puesto Policial de la ex Guardia Civil en Bagua Grande en la década del 70, quedó en mí recesivo hasta que lo expulsé en 1992, cuando obtuve una Mención Honrosa en Lundero y que forma hoy parte de este trabajo. “A esa hora del día”, fue mi obsesión contenida durante quince años hirviendo en mi cabeza. Mi rabia afloraba ya desde niño, recuerdo cómo los carbones de las vendedoras nocturnas de pescado frito se convirtieron en el principal combustible para que el puesto se hiciera chicharrón. Es de notar que la policía siempre tenía fama de represiva y abusiva, pero aquí estos ribetes sobresalieron del cuadro y la policía de tener por función seguridad ciudadana pasó a ser sinónimo de inseguridad, arbitrariedad y abuso compulsivo.

La muerte de un soldado fue el pretexto y todo el pueblo fue a una como en Fuenteovejuna. Esa noche la luz de la hoguera brilló con una intensidad sádica y refractó en los rostros sudorosos de los baguagrandinos –por cierto la dureza del temerario acero con que se confeccionada los famosos Smith Wesson quedó convertido en un pasta de alfeñique- y vimos, a los otrora envalentonados policías, huyendo por los techos a gatas. Se había consumado un ajusticiamiento popular que quedó como ejemplo y a los pocos meses fueron quemados una veintena de puestos policiales a lo largo de toda la selva hasta el Iquitos de Reátegui que aparece en La casa verde.

La lluvia es una de las experiencias más gratificantes de la zona. Uno escucha el rum-rum de la lluvia y le apetece un sueño magníficamente amodorrante hasta el punto de producirle un insomnio placentero. Me he quedado muchas veces semidespierto con la lluvia a todo volumen, aunque al día siguiente no se podía caminar. Aquí se da la gran dualidad calor- lluvia. La ceja de selva tiene ese matiz de estar al mediodía maldiciendo el calor infernal y estar carajeando a la mañana siguiente la lluvia caprichosa y las pelotas de barro que arrastramos al caminar en medio del fango, chapoteando y viendo una plúmbea alfombra inusual por encima de nuestras cabezas.

Si hay algún acto más sublime, es hacer de la vida y la literatura una sola, zurcidamente invisible, que no se note lo uno ni lo otro; que no sea ni artificialmente literario, ni simplistamente un querer reflejar la vida de uno, que por supuesto no le interese a nadie. Con la literatura no tienes que esperar favores de nadie, la puedes construir y ganarte a los demás; con la literatura no tengo que andar de rodillas, con la literatura siempre ando armado: con la palabra franca, demoledora y obnubilante de la creación verbal

Literariamente,
Nicolás Hidrogo Navarro
LLUEVE

Una película compacta de polvo viscoso recorre agresivamente las calles –de sur a norte y desde aquí y de todas partes- agitando el silencio y las cortinas, las puertas de calamina y centrifugando el aire somnoliento de las casas. Por los costados se abalanza una chúcara ráfaga de tierra volatizada, impetuosa, sobre la tarde hasta hacerla naufragar. Se escucha el golpeteo chillón de las calaminas sin clavos ya y las vigas escurren su sonido de rendición. Los portazos a la distancia
Impulsan a la gente a embutirse más en sus casas. Un mediano remolino se ha metido a bailar una cumbia solitaria con no sé qué melodías en media sala y sale coqueta a hacer lo mismo en el corral, esfumándose raudamente avergonzada. Allí va el mismísimo diablo, sentado y empanzado de la risa. Al fondo, el fogón se ha avivado y una ola de ceniza se dispersa bullente intoxicando el corral. Hay una alarma invisible, sintonizada y denunciada por un cacareo concertado intercorrales. Es la enunciación de la lluvia inminente que quiere jaquear a la tarde, remeciendo su quietud, pero aquí no pasa nada. Eso es algo normal aquí; aquí mañana todo volverá a ser igual.
Dicen que la balsa de Cajaruro se mandó río abajo con la vehemencia de un otorongo desenjaulado, con veintisiete vadeantes. Al otro lado del Utcubamba hay gente tiritando, el agua está desafiante, arremolinada y se siente su embestida contra las chacras amarillentas de arroz y dispuesto a tragarse al más práctico de los prácticos. A lo lejos, se han escapado de la iglesia las tres campanadas roncas de la tarde y el sonido se escucha muerto en el parque, tragado por el viento y absorbido por el rumor disperso de las hojas. El viento Silva, restregando los techos de las casas, como si quisiera pegarle un tajo decapitador. Huele a pescado frito con yucas sancochadas y hay un reguero de olor a pan de manteca sobre el pueblo, escapado del horno de don Berna.
Se escucha un cascabeleo achacoso de la superestructura del techo del mercado a siete cuadras de aquí. De las calles, en la mañana polvorientas, han desparecido los mercachifles y todo cuanto rastro de fruteras pululaba por doquier. La avenida Chachapoyas tiene cuatro kilómetros de remolinos esparcidos y alocados que aparecen y desaparecen y una andanada de papeles y cachivaches -flotando en el aire-, crea el efecto vértigo de una licuadora a plena velocidad. Las revistas de comics de la peluquería “Okey” yacen suspendidas en el espacio a dos kilómetros a la redonda sin tener cuándo aterrizar. Los carros a Naranjitos y El Salado han perdido todos sus pasajeros y parece que no arrancarán hasta mañana, que todo pase.
Sobre el horizonte etéreo, un peñasco de nubes plateadas y negruzcas, flasheadas eléctricamente por una ramificación venosas de rayos y reventazón de truenos racimados, amenaza desprenderse de cuajo esa tarde con la fuerza de un río embrutecido. Seguro que esa tarde, como todos los días, el cielo le pega un baldazo de agua a toda aquello que se apoye sobre tierra.
El soplido quejumbroso de una solitaria corneta de panadero recorre fantasmalmente las calles desiertas y convulsas, se escucha difuminada y arrastrada por el viento, entreverada con el ruido de la tarde; su puntual y tenaz pregón del pan de manteca y cachitos y roscas, disminuye el miedo a la lluvia y abre un apetito locuaz.
Son las cinco y cuarentaiseis en punto, como todas las tardes, y el cielo se despacha una andanada sincronizada y nutrida de racimos de agua que termina por cerrar el telón oscuro de la tarde y abrir los latigazos de la lluvia sobre las cabezas y el rostro. Suena el traqueteo de las calaminas y se inicia el más grande espectáculo de acordes de miles de manitas que tocan presurosas y nerviosas el zinc de las calaminas como un gigantesco piano que silencia y apaga toda comunicación terrenal. Allí solitos, temerosos, insignificantes y contritos en un rincón de la tarde, esperamos el descargue de la furia inmensa y total. Una nube de vapor se levanta por encima de nuestras cabezas en un primer instante, inundando la atmósfera de un ligero frío inusual, que perfora nuestros huesos hasta hacerlos tiritar. Luego, la lluvia empieza a rampar y carcomer las paredes más altas de adobe y caña, a lamer la mirada triste de las aves en el corral y a peinar los árboles más mugrientos y oxidados. Ahora se puede pensar ancha y tendidamente. Hay una mirada de silencio entre las cosas y una dosis de nostalgia que ofusca la razón, se siente afuera la omnipotencia de la naturaleza demostrando su fuerza arrolladora, el espejo borroso me devuelve mi imagen frígida, gusánica, pírrica y vencida por el empuje de la resignación. Hay tiempo para regresar al pasado y quedarse evadido unas horas allí, pero la lluvia no permite ir al futuro, te aprisiona en la congoja, te mantiene actual –incapaz, inepto, inútil, vasallo-, te hace prisionero de su soledad y te arrincona su guadaña como asalto final a tu esperanza.
Se empieza formar riachuelos sobre riachuelos y lluvia sobre la lluvia, que van delineando un cauce frenético, improvisado y caprichoso, por intermedio de las casas hasta perforar sus cimientos y desatorar su estructura. La iglesia está hecha una mazamorra. La plaza parece una laguna de patos. El puesto de la Guardia Civil se ha convertido en una isla, que atrae como imán toda el agua del cielo. El colegio “Alonso de Alvarado” ha sido arrastrado unos metros con todo y carpetas.. Pronto las sánoras rebasan su capacidad y hacen flotar hasta lo inflotable, arrastran palos, basura, perros muertos, monte, escarban lo putrefacto de lo putrefacto, cordeles de ropa y parece llevarse medio pueblo, pero no, eso es normal aquí.
El fragor de la lluvia arrecia cataclísmicamente en la distancia y aquí a unos centímetros de mis narices; Bagua Grande se ha vuelto una tinaja de agua, la tierra está ensopada hasta el pescuezo, las paredes de adobe parecen galletas remojadas a punto de deshacerse, los árboles temblequean desasidos de sus raíces y se bambolean inconscientemente, los nidos de las tórtolas han sido absorbidos por los ríos de lluvia, Utcubamba abajo. Las calaminas han sido martilladas y aplastadas por los trozos de lluvia hasta perder la forma de sus canaletas y ahora una carpa gris oculta el cielo y todos nos sentimos ahogados con el sopor del agua insípida, penetrando hasta en nuestros pensamientos.
La noche llegó apagada, silenciosa, cabizbaja y en cámara lenta, prendiendo un concierto fúnebre de grillos, luciérnagas, chicharras y sapos que a la distancia daban señales de vida entre los charcos y los matorrales de cushina. Se habían formado charcas que reflejaban como fosforescentes a cada pestañeo de la luna entre las nubes de reserva, allí más arriba de nuestras cabezas.
La mañana apareció consolada y escrupulosamente límpida de sus abluciones, pareciera que la vida ha vuelto a ser y ha resucitado más diáfana y rejuvenecida. La lluvia fungió de una gran escoba estelar que filtró del aire toda impureza e imperfección, dejándola desmaquillada, al natural. La gente camina como los saltamontes, dando brinquitos entre elusión y elusión de las charcas, los carros avanzan dificultosamente, zig-zagueando y, aprisionados por el barro, patinan desesperadamente despidiendo un mordisqueante olor a llanta quemada. El sol ha salido con la fuerza bravía de un horno abrasador, como para las diez ya todo debe estar seco, como todos los días, a las once los carros ya soplan polvo con sus llantas y sus tubos de escape. Pero, ¡uy, ya se acerca la tarde y el viento empieza de nuevo a hacer sus piruetas matutinas! Una estructura polimorfa, compacta de nubes, empieza a delinearse en el firmamento y, caminando raudamente como sapos en huida, traen el rostro abetunado y esbozando una sucia carcajada.

PARROQUIA LA SAGRADA FAMILIA

12 febrero 2010

Se encuentra ubicada en la Urbanización Las Palmas, entre la Av. Hualmay y Prolg. Santa Rosa. En la actualidad cuenta con cuatro comunidades Parroquiales como son: María del Rosario, San José Obrero, San Isidro, Jesús José y María. Así mismo supervisa y administra cinco Instituciones Educativas con avanzadas tecnologías y técnicas pedagógicas al servicio de la comunidad de Hualmay como son: CEBE Santa Rosa Los Huacos, CETPRO Parroquial La Sagrada Familia, Cuna Jardín María Madre del Rosario, IEP Beata Ascensión Nicol, IEP San José Obrero, y próximamente el Liceo Español San Juan Bautista.

Recientemente se ha presentado la Revista "Sueños de Esperanza" donde informa detalladamente todos los trabajos que se vienen realizando en la comunidad de Hualmay por parte del Hno. Juan Salvador, párroco de la Iglesia La Sagrada Familia.



Biblioteca Municipal "César Vallejo" Huaura

05 febrero 2010

La Biblioteca Municipal "Cesar Vallejo" esta ubicado en el museo de sitio de Huaura, fue inaugurado el 27 de noviembre del año 1997 por el alcalde del consejo Distrital de Huaura Sr. Edilberto Marcos Díaz, siendo sus padrinos el excelentísimo embajador de la hermana República de Panamá Sr. Carlos Linares Brin y Sra. Rosalvy Clarke de Linares.
La Sociedad de Poetas el día de hoy a hecho entrega de varios libros de literatura Regional, para beneplácito de los lectores del distrito de Huaura.


Lic. Rosa Saavedra Ortiz, Guía del Museo de sitio de Huaura, Bibliotecaria Sary Cochachin López, Lic. Donato Zambrano Toledo, Promotor cultural, Poeta y Guía de la Casa de sitio de Huaura.

BODAS DE ORO DE LA BANDA DE MÚSICA XAMMARINA

04 febrero 2010

Homenaje a la primera banda de música escolar de la provincia de Huaura.

Fue el año 1960, cuando el colegio nacional Luis Fabio Xámmar por primera vez desfiló en Fiestas Patrias con los acorde de su flamante banda de música, entonando la hermosa y recordada marcha Escuadra Peruana, dirigida por el experimentado y exigente músico Julio Cornejo, sub oficial del Ejército Peruano.

La historia de nuestra primera banda empieza realmente el año anterior, cuando el director del colegio de ese entonces, el historiador Abdón Max Pajuelo, acoge con beneplácito la insistente demanda de los alumnos, profesores y padres de familia, la importante y urgente necesidad de que el Xámmar sea el primer colegio de la provincia que desfile, para inaugurar la segunda mitad del siglo, con su propia banda de música, como ya lo hacían los principales colegios de Lima.

Es grato y a la vez nostálgico recordar desfilar a la gallarda muchachada xammarina de 1960, conformando vistosos e interminables batallones, arrancando aplausos de admiración y algarabía entre el público, con un respetable y sonoro acompañamiento musical de marcial ritmo, que realzaba el empeño generoso y sobrio de los marchantes, en sus uniformes color caqui, cristina, escarpines y guantes blancos de sus escoltas, brigadieres y batallón de policías escolares conformados por los mejores alumnos del colegio. Todos, marchando a “paso de ganso”, con las piernas a lo alto y el pecho bien erguido y discreta sonrisa en los labios.

“Había que ver como corrían los niños al ver pasar a esta Banda; tal vez habrían dejado la taza de té sobre la mesa o las chapas con las que jugaban al culebrón sobre la vereda de la calle; lo dejaban todo por ir hacia donde marchaba la Banda; algunos iban de la mano de sus padres quienes también disfrutaban de esos compases firmes y resonantes, corriendo iban todos a ver pasar aquella Banda. La verdad, la sonoridad y la cadencia de estos instrumentos era algo especial para los alumnos, les permitía marcar mejor el paso y retumbaba no sólo en el oído sino en el corazón. Cómo olvidarlo”. (Comenta José Marcos Rueda, integrante de la Banda de Música y miembro de la Promo 1960)

Fue pues apoteósico el desfile escolar de 1960, el único en la historia de la provincia, porque nunca antes habían visto a un colegio desfilar con su propia banda de música. Aunque ya el bombo y platillos causaban impacto en años anteriores. Donde todos los alumnos se sentías protagonistas de una hazaña, incluso los “chatos” que no desfilábamos. Pero todos, con una autoestima muy elevada, y una identidad xammarina a toda prueba. Un desfile donde el retumbar cadencioso de los tambores, tarolas, redobles, bombos y platillos daban el marco rítmico apropiado a la afinada melodía y a la armoniosa combinación de sonidos musicales varios que salían llenos de amor propio y orgullo de los relucientes y sonoros instrumentos.

Pero haciendo un poco de recuento, es justo reparar sobre la adquisición de estos Instrumentos, que tienen su propia historia, que amerita reseñar, porque fue el resultado del mancomunado esfuerzo de ex alumnos, profesores y sobre todo, padres de familia.

Los primeros, con la entusiasta y generosa conducción del Sr. César A. La Rosa Sánchez Concha, tras un baile social en el Club Social y Deportivo Iniciación, local que quedaba entre la Municipalidad y la foto Caamaño, en ese entonces, lograron recaudar 1,400 soles oro, que alcanzó para comprar un hermoso saxo barítono. De paso señalamos que en dicho baile social, no pocos compañeros de la Promoción 1960 presentábamos, por primera vez a nuestras juveniles parejas.

Los padres de familia, bajo la acertada batuta de su presidente, el Dr. Guillermo Valverde, (hoy finado, como muchos de nuestros padres), a través de diversas actividades y gestiones lograron financiar la compra de la mayoría de instrumentos, y así como la colecta de algunos instrumentos donados, entre éstos, del propio Ejército Peruano. Cabe resaltar, que incluso el apoyo de los colegios de mujeres y algunos rivales deportivos nuestros, pero sobre todo, la propia comunidad huachana, muy gustosos aportaron en las colectas y rifas

“Ese año 1960, -comenta Pepe Marcos- el director lo anunció en el inicio del año escolar: parado en la escalera que daba a un segundo piso, frente a los salones de 4º y 5º de media, en el patio del recordado local de la calle Bolívar y puerta de salida a la calle Dos de Mayo (hoy local de un instituto pedagógico privado) anunció lo que sería después el principal acontecimiento escolar de la provincia. ‘Tendremos este año una Banda de Músicos y daremos mayor marcialidad a nuestros pasos, firmes y gallardos, los pasos de la juventud xammarina’, dijo con esa voz vibrante y sonora que lo caracterizaba”.

“Fue a principios de mayo que llegó un gran lote de instrumentos y casi junto a ellos el director de la Banda: Sub Oficial (r) EP Julio Cornejo. Su presencia en Huacho no pasó des-apercibida, por su carácter enérgico y su enseñanza amistosa y paciente. Él había dirigido la Banda de Músicos de más de un destacamento militar en el país, sobre todo en Lima, antes de pasar al retiro y ser convocado por el Colegio”, (señala Pepe Marcos)

Recuerdo que ese año, de una nublada mañana de mediados de mayo, el Patronato Escolar (hoy asociación de padres de familia), tras un emocionado y cariñoso discurso de su presidente, antes mencionado, hizo entrega a nuestro plantel de los anhelados instrumentos musicales. Luego de la bendición de los mismos, de inmediato se convocó a todos los alumnos xammarinos, sin excepción. “Los instrumentos brillaban como oro, nosotros, asombrados, los mirábamos de lejos, por la ventana de aquel que sería después el salón de música. Al día siguiente, el maestro Cornejo pasó por los salones invitando a voluntarios para integrar la Banda”. (Añade Pepe Marcos)

En todo caso, muchos compañeros postulantes, de todos los años (ahora grados) y de toda edad y talla fueron evaluados, pero pocos fueron incorporados, los que insinuaron alguna habilidad y aptitud musical. Recuerdo que casi todos los seleccionados resultaron de la campiña. No podía ser de otra manera, la tradición musical de los campiñeros era proverbial, porque la mayoría de las orquestas huachanas eran de la campiña adentro, como por ejemplo la Ritmo Alegre, la Swing Boy, la Copacabana o la legendaria Cumparsita del barrio de Amay.

“Por alguna razón que entonces no me explicaba se dio prioridad a los alumnos de 4º y 5º. Y en unos días, allí estábamos cogiendo los instrumentos con la curiosidad de quien tiene un juguete nuevo y valioso. Como tierra de músicos, en Huacho y en el colegio no fue difícil encontrar integrantes para la primera Banda de Músicos. De 5º de media es decir de la GLORIOSA PROMOCION 1960 se integraron Jesús Aníbal Loza Díaz (saxo), los hermanos Hernán y Eduardo Santos Carquín (saxo y trompeta, respectivamente) y José Marcos Rueda (clavicor). Ya pertenecían: Hugo Aragaki Salinas (corneta) Carlos Del Solar La Rosa y Tim Burga Ganoza (tambores).

De inmediato empezaron formalmente los ensayos intensivos y sistemáticos, todas las tardes después de clases y los fines de semana. Del mantenimiento y limpieza del instrumento pasaron a la teoría musical, simultáneamente al dominio de embocadura, para el caso de los instrumentos de viento, el solfeo, y luego los ensayos por grupos según las partituras. Pero no todo era rigurosidad y disciplina, pues cuando no estaba a la vista el director, empezaba la juerga, la chacota y las bromas de todo calibre, pero cuando se asomaba don julio, espontáneamente todos soplaban sus instrumentos, imagínense que la bulla era ensordecedora e insoportable cuando la mayoría desafinaba.

El objetivo era desfilar ese 28 de julio con nuestra Banda y así fue. A un escaso mes y medio de haber empezado los ensayos, nuestra Banda de Músicos del Colegio Nacional Luis Fabio Xammar ya estaba en las calles interpretando, nada menos, que la célebre marcha “Escuadra Peruana” de J. S. Libornio, escogida con sapiencia por el maestro Cornejo pues aún siendo una marcha difícil por sus variaciones resultó accesible al aprendizaje y de una marcialidad impecable. (Nuevamente apunta Pepe Marcos)

Una simpática anécdota constituía “la presencia casi religiosa del Teacher Ramírez en los ensayos de la banda, pues era músico profesional, tocaba guitarra y mandolín leyendo partitura, pero sobre todo amaba a sus alumnos. Al extremo que en sus exámenes orales en el aula, apenas identificaba a un miembro de la banda de música, sólo le preguntaba la conjugación en inglés del verbo to be, una forma poco convencional, pero generosa de retribuir al esfuerzo de los futuros músicos de Huacho. (Hernán Santos, promo 60, trompetista de nuestra primera banda de música).

Otra anécdota, fue la abrumadora demanda que tenía nuestra banda de música por parte de los principales colegios de mujeres, como el Liceo Moderno, Nuestra Sra. Del Carmen, y Santa Rosa de las MMDD. Nunca en la historia de Huacho los colegios de mujeres habían ensayado para le desfile de fiestas patrias con banda de músicos. Pero también fue otra forma de retribuir la generosidad de dichos colegios por colaborar con el nuestro. (Referencia de doña Esperanza Velarde, ex alumna del Liceo Moderno y esposa de Pedro Minaya, xammarino Promo 60).

También es de grato recuerdo que embargaba de emoción, cuando antes de empezar toda presentación oficial, los miembros de la banda, primero cantaban a viva voz el himno Xammarino, terminando con tres sonoras hurras por el colegio. Rutina que expresaba el autentico sentimiento de sentirse protagonistas de estos cambios e innovaciones. El orgullo de pertenecer a un colegio que se sentía amado por su comunidad. Y además porque habían otros grandes acontecimientos concomitantes en el mundo escolar. (Eduardo Santos, saxo, y Papi De los Santos, miembros de la Promo 60)

Es también el año 1960 un año que marca la historia del Xámmar: Por primera vez, una promoción de alumnos xammarinos hace una extensa excursión escolar por toda la sierra central y la sierra sur, que partieran en la madrugada del día siguiente del desfile del 28 de julio. También la entrega de 20 mil metros cuadrados que la familia Fumagalli Pérsico donaba a nuestro colegio (donde hoy es su sede actual). Y en el ámbito deportivo, nuestra selección de fútbol, vencería ese año a las selecciones del Guadalupe, primer colegio nacional del Perú y del Alfonso Ugarte la primera Gran Unidad Escolar del Perú, hazañas que nunca en la historia deportiva escolar a nivel nacional se había visto. ni tampoco se repetiría. Son acontecimientos que prestigiaban el colegio y que nunca había gozado en sus 14 años de existencia institucional y cultural.

Pero ese 28 de julio de 1960 es inolvidable, todos habíamos puesto cuanto estaba a nues-tra disposición para estrenar la Banda: el director del colegio las facilidades, los profesores el apoyo, el maestro Julio Cornejo su firmeza y confianza en sus alumnos, nosotros la dedicación al aprendizaje y la buena ejecución, nuestros compañeros su aliento y nuestros padres su afecto y motivación. Todo estuvo listo para un año glorioso, lleno de emoción e imborrable en la memoria de cuantos pudieron escuchar, por primera vez, a su amada Banda escolar en las calles de Huacho. (Pepe Marcos)

Así, todos estos acontecimientos, fueron razones suficientes, para que nuestra promoción 1960 sea considerada por todos como GLORIOSA. Por eso, con mucho orgullo “nuestra memoria debe servir para mantener viva la imagen de quienes participaron en forjar este hito en la historia del Colegio y sus valores manifiestos: compromiso, responsabilidad, sacrificio y amor. Un recuerdo, aún incompleto, es un sencillo pero profundo homenaje a la memoria de quienes sembraron una semilla que germinó en campo fértil y sirvió y sirve a la enaltecedora tarea de cultivar el espíritu y contribuir al progreso de una Institución venerable como lo es el Colegio Nacional, y que este artículo sea pues también un homenaje a todos los integrantes de la primera banda de música y a todos los miembros de la Promoción 1956-1960, presente y ausentes de nuestro querido Luis Fabio Xámmar Jurado.
José L. Fernández Sánchez.