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Historia del cebiche de pato: Julio Solórzano Murga.

06 mayo 2018

Santa María.- Hubo una vez en la campiña de Huacho un personaje llamado “Chalelo” dueño de propiedades en Chonta, Zapata y el Guayabal, se dedicaba a la crianza de distintas razas de gallos de pelea y en sus galpones sólo le faltaba una,  para sentirse completamente satisfecho de sus bienes gallísticos. Un buen día se dio cuenta que uno de sus vecinos, un exitoso criador de gallos de pelea conocido en toda la campiña como “Cocho” tenía esta determinada raza de gallo de fina estampa, así fue que día tras día trataba de convencerlo para que le vendiera un gallo de la famosa raza que anhelaba tener. Al cabo de unos meses después de varias tratativas logra convencerlo, y por fin llegó a tener en sus galpones al gallo de sus sueños. 

Un mes después el gallo se enferma. Chalelo mandó llamar a Don Roberto Virú, el único veterinario de la zona, muy requerido en toda la campiña huachana. Don Roberto al ver al gallo, le dijo: Bien señor, su gallo está con un virus muy peligroso y es necesario que compre usted estas pastillas que va a suministrarle por tres días consecutivos. Luego veremos si ha mejorado, de lo contrario no quedará más remedio que sacrificarlo. Bajo un silencio lúgubre el pato escuchaba muy atento el diagnóstico del veterinario.
Al día siguiente le dieron las pastillas junto al maíz y se fueron, el pato se acercó lentamente al gallo y le dijo: Levántame mi amigo, ten valor y ponte de pie, que de lo contrario vas a ser sacrificado.
Al otro día le dieron nuevamente su medicamento y se fueron. El pato todo preocupado fue nuevamente hacia el gallo y le dijo: Por favor, mi gran amigo, levántate de ahí y has el intento de mover tus alas, picotea ahora mismo, si no lo haces vas a morir.
Al tercer día, llegó el veterinario y junto a Chalelo le dieron el medicamento, era la dosis final del tratamiento. El veterinario dijo: Si con esto su gallo no reacciona, tenemos que sacrificarlo mañana porque puede contagiar a sus demás gallos.
Chalelo demostraba en su rostro mucha pena por las palabras del veterinario, lentamente como despidiéndose de su gallo cerró la puerta del corral y salió abatido de tristeza. En ese momento como todo un gran amigo se acercó el pato y le dijo con voz pausada y enérgica a la vez ¡Ven amigo mío!, yo te ayudo. ¡Esfuérzate!, no dejes que la muerte te gane, ¡Aletea!¡Aletea!¡Canta! Así, así! ¡Fenomenal mi hermano!
En eso instantes Chalelo pasaba por su corral y vio al gallo aleteando y cantando. Corrió de emoción a su casa y llamó a su mujer para que viera a su gallo todo retozante en el techo del granero.
La felicidad de Chalelo fue tal que dijo a su mujer: Matilde, esto es un verdadero milagro, manda traer al veterinario para que vea esto, y ordena a la Sra. Angélica que mate al pato y prepare un sabrosísimo Ceviche, esto merece festejarlo.


RECETA PARA PREPARAR EL CEBICHE DE PATO AL ESTILO HUACHANO


INGREDIENTES:

  • 1 Pato
  • 1 Taza de jugo de limón
  • 2 ajíes limos (ají amarillo)
  • Ajos
  • Pimienta
  • Sal
  • Yuca
  • Aceite
  • Lechuga
  • Aceitunas

MODO DE PREPARACIÓN:

  • Para preparar el ceviche de pato, se debe cortar el pato en cuartos u octavos, se sazona con pimienta y comino al gusto, si se desea eche una pizca de vinagre y deje macerar por unas 4 horas, lo ideal seria dejarla la noche anterior en maceración; seguidamente se fríen las presas de pato en abundante aceite.
  • Luego, reservarlas, aparte quitarle las pepas y las venas a los ajíes amarillos (también se les conoce como ají limo), se licuan, en una sartén poner ajos, freírlos, y agregar el ají licuado, sal y pimienta al gusto.
  • Finalmente, agregar el jugo de limón y seguidamente las presas de pato, bajar el fuego, mezclar bien y dejar unos minutos más revolviendo de tanto en tanto. Servir acompañado de yucas y huevos sancochados, lechuga en hojas y aceitunas.
Así que ya sabes, anímate preparar este delicioso cebiche de pato y disfrútalo en el aniversario de Huacho.


LA ORACIÓN DEL JUSTO

05 abril 2018

Un día en la campiña de Huacho, una señora que venía todos los días montada en su burrito a la ciudad muy de mañana para vender su zanahoria y algunos choclos que cosechaba en su huerto, se encontró con tres señores que buscaban a un conocido  brujo de la campiña. Ella sin pensarlo dos veces hizo un alto en su camino, de su alforja sacó una biblia y  respondió: ¿Para que buscan ustedes a un brujo si el único que tiene poder sobre todo mal es el Señor Jesucristo?,  aquí en su palabra dice claramente “Yo soy el camino la verdad y la vida, el que cree en mí aunque esté muerto vivirá”  (Juan 14. 6). Pero ellos comenzaron a reírse y burlarse de sus palabras.
La señora muy humilde y con mucho amor que solo es característico en personas que tienen a Cristo en su corazón, volvió a leerles otro pasaje bíblico  cosa que ellos al unísono respondieron:
- Qué cosa dice usted, como que nosotros seremos salvo por Fe, si no vemos a nadie mas aquí, como vamos a entregarle nuestra vida a Jesús. Encamine su burrito hacia Huacho, señora, que de tanto escucharla  ya no sabemos qué brujo buscábamos.
-Ella les contestó muy seria: Hoy es miércoles y en el mercado la venta es muy baja, prefiero acompañarlos y seguir hablando de mi Dios, un Dios vivo y misericordioso capaz de cambiar el corazón duro del hombre.
- Con las voces un tanto enfadadas, ellos le dijeron: Señora, cómo le vamos a decir a usted que nosotros no venimos a buscar a Cristo, sino a un brujo o curandero, el más famoso de Huacho.
-Eso es imposible mis queridos señores, replicó la señora, yo les puedo llevar donde el mejor curandero de todo el universo y Él está aquí, solo tienen que aceptar comunicarse y él los atenderá.
-Esta vieja está loca, dijeron entre risas  los foráneos tercamente.
Ella amigablemente les contestó: El señor dice en sus santa escritura: Solo al señor tu Dios adorarás y a Él solo servirás (Mateo 4.10)
Tanto escuchar a la señora que se les cruzó aquel día en el camino, estos tipos optaron por llevarle la corriente a la señora y le dijeron:
-Está bien, a ver dónde está el supuesto curador de males incurables, yo estoy muy mal, tengo una enfermedad incurable, quiero que me vea y solo así podré creer en todas las palabras que nos dijo.
Ella se postró de rodillas delante de ellos y comenzó a orar
Los tipos comenzaron a experimentar cosas nunca antes conocidas por ellos, las lágrima corrían por sus mejillas, el Espíritu del Señor se había apoderado de ellos. Al término de la oración, ellos se rindieron al Señor aceptaron a Jesús como su Salvador, aceptaron ser libres del pecado  y bendijeron su santo nombre. De rodillas oraron con mucha fe en nuestro señor Jesucristo.
Justamente dice el Señor en su palabra en Santiago 5.16: “La oración eficaz del justo, puede mucho”
Una vez terminada la oración, tomados de la mano de la señora que estaba de rodillas junto a ellos, dieron gracias a Dios por su gran amor, y por haber puesto en su camino a esta   humilde señora.
El lugar del encuentro fue muy cerca de la plaza de Luriama, silencio total, solo se escuchaba el ulular del agua que discurre por la acequia y el zumbido de las hojas al rozarles el viento.
Ellos muy contentos le dan la mano a la señora “Luchita”, como dijo que la llamaran, ellos se identificaron como Óscar, Julio y Félix.
Los cuatro junto al burrito “Pechocho” se dirigieron a casa de la señora Luchita que quedaba a unas cuadras antes de la plaza de  Luriama, muy cerca a Zapata, donde prosiguieron adorando a Dios y orando por la enfermedad de Oscar, el enfermo de males incurables y que según el solo un brujo podría curarlo ya que la ciencia médica lo había desahuciado, pero gracias a esta hija de Dios, por  su insistencia y  su pasión por las almas  logró que estos tres caballeros se arrepintieran y entregasen sus vidas al Señor.
Luchita les invitó almuerzo y pasaron casi todo el día en su casa, Óscar se sentía aliviado de sus males, Julio y Félix se sentían muy felices por ser ahora hijos de Dios, de un Dios Vivo y Poderoso.
Ese día por la noche asistieron a la Iglesia donde se congregaba Luchita, el Pastor oró por ellos, los hermanos oraron por la salud de Óscar y al término del culto de oración se fueron a sus casas como nuevas criaturas, felices por tener el Espíritu de Dios con ellos.


Reflexión.

Hermanos que grande es el poder de la oración, el señor nos dice en Isaías 65: 24 “Antes de que pidas, yo Responderé”;  En Inglaterra  el Rey decretó tres días de ayuno y oración, y salieron 800,000 soldados Nazis que estaban acuartelados   en el cerco de Dunquerque.

La Oración es la  columna vertebral en todo creyente, por medio de ella nos comunicamos directamente con nuestro Dios, recuerda el pasaje de Jeremías 33:3 donde nos dice: Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.

Entonces que nos falta, la hermana Luchita creía en todas las promesas del Señor y ahí están los resultados,  tres hombres de corazón duro se entregaron al señor, ella se acordó lo que el señor nos promete en Filipenses 4:6-7; Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.

Hermanos, tenemos un Padre que a diario nos escucha y nos da todo su amor, cuantos Oscares, Julios y Félix habrán por el mundo buscando brujos para sanar sus males y no lo hayan ni lo hallarán, tenemos que pedir a nuestro Señor en Oración mas sabiduría y constancia como lo tuvo Luchita, recuerda el pasaje de Marcos 11:20-24. Y pasando por la mañana, vieron que la higuera se había secado desde las raíces. Entonces Pedro, acordándose, le dijo: Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado. Respondiendo Jesús, les dijo: Tened fe en Dios. Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho. Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá.

Hermano recuerda todo aquel que llama es escuchado, aquel que pide recibirá, entonces dobla tu rodillas y habla con Dios todos los días, el señor nos dice en Santiago 5:13  ¿Está alguno entre vosotros afligido? Haga oración. ¿Está alguno alegre? Cante alabanzas. 

Julio Solórzano Murga

EL RELEVO

18 marzo 2018



 Por Armando Alvarado Balarezo (Nalo)
. 
Las sombras caen en la comarca como cóndor malherido. En el jardín las luciérnagas empiezan a colorear las matas de verbena. Bajo el alero desfallece la luz crepuscular. Cornelio acaba de informarle a su amada sobre su destaque a una escuelita rural. Dos días más y saldrá de viaje al interior de la provincia donde permanecerá seis meses. Se aman tanto que separarse es muy doloroso para los dos.

Ellos se conocieron en un instituto pedagógico de la Costa. Con el paso de los meses se hicieron enamorados, luego convivientes, y desde hace tres años laboran en el pueblo como maestros de escuela.

Cornelio se pone de pie, y susurra:

- Entremos mi amor, hace frío.
 
Julia Dora camina cabizbaja junto a él. En la habitación se desnuda tentadora. Se recuesta en el lecho y abraza a su marido. La pasión perdura hasta el amanecer...

* * *

Al tercer mes de ausencia Cornelio recibe la orden de retornar para recibir una semana de capacitación en el taller zonal de educación. Muy contento alista su equipaje, y esa misma mañana emprende viaje surcando los contrafuertes, llegando a su casa a las 11 de la noche. Ingresa a hurtadillas para darle una sorpresa a Julia Dora, no hallándola. La ceniza del fogón todavía está caliente.

Aguarda impaciente una hora...
 
Tanta espera comprime su alma. A la medianoche el reloj marca doce campanadas.

- ¿Dónde estará? –se pregunta preocupado, y sale a buscarla.

Después de caminar varias calles opta por tocar la puerta de uno de sus vecinos, luego de otro y otro sin resultado, hasta que uno de ellos le comenta:

- Estimado Cornelio, por favor no me tome por una persona ligera de palabras, pero es mi deber decirle, que aprovechando la oscuridad en el vecindario dos veces por semana, después de las diez de la noche, su esposa entra a la casa de Roberto, el maestro que lo relevó en el colegio -Cornelio hace lo imposible por serenarse y se despide. 

Rodea la manzana, trepa la pirca de la casa de Roberto y se introduce en el patio, desde donde observa la luz que sale por el marco de la puerta; se acerca, y mira a través del ojo de la cerradura. Preso de ira empuja la puerta. Roberto salta desnudo de la cama, replegándose contra la pared. Julia Dora se queda atónita. La ropa interior regada en el piso la delata. Cornelio frena en seco, y sin pedir explicación se marcha apretando los labios. Aún viéndola así no quiere perderla.
 
Al cabo de unos minutos Julia Dora retorna a su casa e ingresa al dormitorio, encontrando a Cornelio con la mirada perdida.

- Perdóname amor –le dice abrazándolo. Él hace el ademán de apartarla.

- ¿Por qué lo hiciste? –le pregunta; pero al sentir sus labios recorriendo su piel, ebrio de deseo se deja tentar, y cede una vez más al placer que Julia Dora aviva.

* * *

Cornelio despierta con los primeros rayos del sol y vuelve a la cruda realidad. Sabe que es imposible caer más bajo. Se viste en silencio, toma del velador una fotografía de su amada que duerme desnuda, y musita: "Ni con Julia Dora, ni sin ella", y sin escuchar la voz del deseo abandona la casa donde pasó tres años felices. Mientras camina siente en carne viva la mirada de los vecinos en la calle, y abandona el pueblo para salvar la poca dignidad que le queda.

* * *

Desde aquel día nada se sabe de Cornelio, solamente comentan que unos arrieros lo vieron contemplando el río desde lo alto de una angosta cañada.



Tomado del Libro Relatos Campesinos.


 

Rosa Johana Via Bazalar: Huellas y Sombras

23 diciembre 2015

III Concurso Regional de Cuento y Poesía 2015 Filomeno Zubieta Nuñez. Tercer Lugar categoría Cuento.

HUELLAS Y SOMBRAS
Por Cathie Dollanganger

La ventisca marina era una suave caricia rozando mis sensibles mejillas,recompensa obtenida por la rauda caminata, rutina que me disipaba luego de duras madrugadas atiborradas con sueños dolorosos, reiterativos durante casi un año. La representación onírica era la misma, detalles de más, acciones menos duraderas, el sentimiento de calcinante depresión al final, provocaba un agitado despertar.
El vaivén de las olas en la playa El Colorado conserva el ritmo de aquella fatídica fecha, sus aguas aparentemente sosegada se guardan el ímpetu de nadadores inexpertos, entregados al misterio de sus profundidades e inesperadas correntiadas. En sus orillas siguen congregándose más de un individuo,evidencian culto, muestran respeto y admiración por este ente acuático, yo, a un margen distante, percibo un agudo silbido proveniente de mi pecho, no por la agitación del vespertino ejercicio sino por resentimiento; la rabia subyace al entusiasmo de aquella gente, cuyos rostros me resultan familiares, lucharon a mi lado en aquel día pasado por salvar a mi alma gemela de la prepotencia del mar, de su apetito insaciable, me venció en ese entonces, hundió mis esperanzas, la posibilidad de vivir al lado de la persona que más he amado, la que aún extraño.
Sin  brújula temporal,mi guía es un latente instinto de supervivencia, estar frente al mar me entristece pero también revitaliza, llego a diario hasta su vertiente para dedicarle subsistencia, provoco su histeria   humedecer mis pies, recordándole el intento fallido por subyugarme. La premura por colocar el reloj en la muñeca derecha me distrae, últimamente no distingo entre horario y minutero, vivo confusa, aparento dilación en los compromisos que conlleva la jefatura de sucursal del banco nacional financiero, ascenso alcanzado por cualidades de liderazgo y empatía, en la actualidad ello ha variado,advierto miradas evasivas de los empleados, soy responsable del cambio, me desplazo apática y ermitaña, mi presencia parece no alterarlos tampoco entusiasmarlos. La oficina permanece cerrada desde que Felipe dejó de asistir al cubículo contiguo, encontraba su pícara mirada a través de un filamento limpio de la ventana pavonada, los halagos por el trabajo en equipo nos colocaban a la cabeza de las proyecciones, durante los encuentros mensuales de sucursales regionales desplegábamos flexible criterio e imaginación, nos admiraban, nos respetaban, nos envidiaban. La filiación no podía obviarse, caímos en un mutuo juego de seducción, enlazados por casi tres años,el aroma de su cuerpo impregnólas sábanas satinadas enviadas al departamento que alquilé cuando determinaron mi traslado hacía la capital de la hospitalidad huachana, al inicio mostré vacilación, mi proyecto vital no lo incluía, debía culminar la maestría, él con su atractiva chispa brindaba experiencias vibrantes a mi parsimoniosa y premeditada vida; concebimos el amor sencillo, sutil y natural, como las múltiples albas y ocasos que disfrutamos sentados en nuestra playa preferida, asolada o repleta de bañistas.
Seleccionamos el mutismo como estrategia comunicativa, se enriquecía en la coincidencia de nuestras miradas, el marco del cielo despejado sumado al sonido del oleaje nos trasportaba a aquella dimensión donde lo personal sucumbía al nosotros, uno integrado al otro, tentados empezamos a creer en el mito del amor eterno, me entregó una alianza, estaba más nervioso que a finales de año cuando los balances nos mantenían en la oficina durante una semana sin comida ni descanso, estaba sorprendida, como era costumbre el silencio fue protagonista de nuestras acciones, un fino hilo enlazaba mi dedo anularen dirección al suyo, detecté un anillo deslizándose hasta mi delgada falange, trepidante por la emoción,atiné a afirmar con un delicado movimiento de cabeza, reímos hasta derramar algunas lágrimas, la locura y felicidad nos bordeaba, nos abrazamos, nos besamos, nos excitamos, contenidos por el arribo de un par de espectadores evitamos poseernos sobre la tibia arena. Felipe se energizó, su emoción la enmascaraba con un hiperactivo comportamiento, saltaba de un lado a otro, hechizado por la adrenalina se desnudó, mofándose de los presentes, se volcó hacia la costa,gozaba cambiando de posturas al nadar, encantada lo contemplaba, sus brazadas exhibían conquista, el reciente compromiso, era el amo de aquel espacio; de pronto,una prolongada buceada empezó a incomodar, anticipándome a sus acostumbradas tretas decidí esperar su salida, su flote, luego de un tiempo mi corazón acelerado sugería ausencia, empecé a llamarlo, me aventuré a buscarlo, ingresé al mar, sumergida traté de rastrearlo, entre las turbulentas aguas logré divisar a otras personas que alertadas por mis vociferadas no dudaron en empaparse para ayudar, grité y grité, mi clamor se debilitaba con el paso de los minutos y  deglución de agua salada, me sacudía imaginando que él estaría en la orilla burlándose, al no ubicarlo empecé a enloquecer, el aro se había resbalado y mis manos desnudas enfriaban, sentía asfixiarme, recordé mi limitada capacidad de nado, la garganta me ardía y una quemazón en la cabeza afectó mi visión, otros sentidos cedían paulatinamente al espasmo;una súbita voz notificó sobre el hallazgo, me dejé abrazar por el mar, por una extraña sensación de paz.
Voces de niños riéndose irrumpen estas obnubilaciones, tres dispuestos en la ribera, revolcándose y remojándose, libres, despreocupados y muy bronceados, se alertan al observarme, uno de ellos me toca y cuestiona mi afligida apariencia, me avergüenza la exhibición de estas notorias debilidades, les revelo la incapacidad de los adultos para gozar abiertamente de juegos sobre el barro. Entre ellos se ojean, parecen meditar sobre mis palabras, el más pequeño sonríe y con dulzura relata que cuando está triste su madre lo consuela, el más grande tantea mi vestido, fascinado y entretenido en elmeticuloso movimiento. El mediano más cauto, mantiene la lejanía inicial, inspeccionándome de pies a cabeza, sugiere a sus compañeros no acercarse, aclaro que no deseo hacerles daño destacando su actuar reflexivo frente a extraños, deja entrever nerviosismo asolapado, jalonea a sus acompañantes levemente, trato de alcanzarlo para reconfortarlo, él se aparta, sobresaltado emite balbuceos ininteligibles, vehemente en mostrar algo que lo ha impresionado apunta hacia el suelo, intensificando concentración logro percatarme de una frase en azorado tono:
“¡No deja huellas en la arena!, ¡No tiene sombra!, ¡Camina en el aire!”. Me auto examino, confundida con el largo del ajuar trato de andar con firmeza, la maniobra ocasiona tambaleo y quedo tendida a expensas de la baja marea, temo mojarme, volteo y me sobresalto, los niños desaparecieron, vuelvo a incorporarme, caigo en cuenta que no experimento la humedad del reciente remojo ni las chispas de la brisa salpicadas sobre mi rostro, desconcertada por lo ocurrido me retiro del litoral y el estado de asombro invita a sentarme en algún rincón donde los recuerdos afloran con lucidez.
Una especie de plegaria romántica es trasladada por el eco del viento, escucho con armónica claridad a Felipe, agradeciendo por el amor que nos unió, percibo dolor en sus palabras, su perfil se apertura en medio de la bruma, lo estimo próximo, guiándome hacia la verdad.
Mi desorientación, la difusa remembranza, mi estancia prolongada en aquella playa, el asombro de aquel grupo de párvulos camaradas, mi reciente incapacidad para sentir el calor, la brisa, neblina, tempestad, fueron un auto – ardid mental, la finalidad era empecinarme en la continuidad. La muerte me alcanzó hace un año, Felipe no se ahogó, fui yo.



Alan Paul Oyola Flores: El Vaquero.

III Concurso Regional de Cuento y Poesía 2015. Filomeno Zubieta Nuñez. Tercer Lugar Categoria Cuento.

Santa Rita
El vaquero

-          ¡Arriba las manos!
Levanté la mirada y frente a mí se erigía un niño con una camisa a cuadros, un pantalón de vaqueros y un sombrero de alas anchas que ensombrecía el sol de la tarde. En sus manos lleva dos pistolas de juguete que había desenfundado de su cinturón.
-          No has escuchado. ¡Arriba las manos!
Lo miré y levanté las manos.
-          ¿Qué pasa?
-          El parque es de mi propiedad y si quieres sentarte en una de sus bancas debes pagarme.
-          ¿Tu parque?
-          Sí, mi parque.
-          Nadie es dueño del parque. Además si tú lo fueras hubiese una señalización que constate que eres el dueño. No veo tu nombre por ningún lado.
-          Ayer se los arrebate a los indios así que desde hoy soy dueño de todo lo que vez.
-          No lo sabía.
-          Si quieres sentarte en esta banca debes darme tu oro sino te mataré.
-          ¿Oro? No tengo oro pero si monedas en mi bolsillo.
-          ¿Qué tipo de monedas?
-          Las que tu padre usa cuando va al supermercado.
-          Bueno. Dámelas y no te mataré.
-          ¿Eso es una amenaza?
-          Sí. Son tiempos de guerra.
-          ¿Tiempos de guerra?
-          Acaso no vez la televisión.
-          No tengo televisión.
-          Entonces cómo te diviertes.
-          Leo libros.
-          ¿Lees libros?
-          Y para qué te sirven leer libros sino te pagan por leerlos. Yo, en cambio, me estoy dedicando a recuperar mis tierras paraluego alquilarlas. De eso viviré toda mi vida.
-          ¿Puedo bajar las manos?
-          Puedes bajarlas pero ten mucho cuidado si tienes la intensión de escapar. Te dispararé si sales corriendo.
-          No te preocupes. Soy consciente que seré un blanco fácil.
-          Eso me pareció muy inteligente vaquero. ¿Y solo lees libros?
-          No también escribo.
-          Eres escritor
-          Sí.
-          ¡Qué aburrido!Aunque tengo una idea
-          ¿Qué idea?
-          Porque no escribes un libro sobre un vaquero muy valiente que conquistó todos estos territorios y mató muchos indios.
-          Un buena idea pero no conozco ningún vaquero que guarde esas descripciones.
-          Lo estás viendo.
-          ¿Quién?
-          Yo tonto. Eres escritor pero parece que no eres tan inteligente como me imaginaba.
-          ¿Tú?
-          Sí. Todo el mundo comprará tu libro y tendrás mucho dinero. Y yo me convertiré en el vaquero más temido de todo el mundo. No será necesario matar más indios. Ellos me buscarán para entregarme sus tierras.
-          ¿Por qué tienes que matar a los indios?
-          Porque mi mamá me ha narrado que lo indios nos quitaron nuestras tierras hace muchos años y debemos vengarnos de ellos.
-          ¿Tú mamá te ha dicho eso?
-          Sí. Mi mamá me ha relatado que éramos dueños de muchas tierras pero un día los indios se las quitaron a sus padres y no la volvieron a recuperar. Así que he decidido recuperar la tierra de mis ancestros.
-          Ahora entiendo, el parque es lo primero que has recuperado.
-          Eres muy inteligente escritor.
-          ¿Y cuál será tu siguiente conquista?
-          El parque de la otra avenida pero tengo que prepararme porque en ese parque merodean más indios. Cuando salgó a comprar el pan por las noches los veo agrupados fumandola pipa de la paz.
-          ¿La pipa de la paz?
-          Sí. Se están uniendo para enfrentarme y quitarme el único territorio que he recuperado.
-          ¿Deben ser muchos por lo que dices?
-          Bastantes pero tengo una estrategia para matarlos a todos.
-          Así, cuéntame.
-          Pero será difícil que me entiendas porque no vez televisión.
-          Pero leo periódico.
-          Tienes razón.
-          En la televisión pasan noticias en donde hay gente que pone bombas en los carros y los hace explosionar a las afuera de las casa de los indios. Mueren muchos de ellos. No necesitas disparar. Pero hay un problema.
-          ¿Cuál?
-          No tengo dinero para comprar explosivos ni un carro.
-          Es por eso que asaltas a los que entran a tu territorio.
-          No los asalto. Pagan por sentarse en mis bancas y mirar el atardecer.
-          Con lo que me dices no creo que mucha gente quiera darte dinero para que mates indios a esa proporción.
-          Sí. Yo he escuchado que mucha gente dice cómo quisiera matar a esos indios de mierda. A ellos les pediré dinero para mi guerra.
-          Por lo que me dices parece que no tengo salida. Tendré que darte el poco dinero que traigo en los bolsillos.
-          Ya te conté la causa. Sí mañana vienes a mi parque trae más dinero.
-          Pero tengo poco dinero para darte.
-          Pero tienes libros. Puedes venderlos.
-          ¿Alguien más te ha dado dinero?
-          En la mañana llegaron unos jóvenes y se pusieron a jugar futbol. Me acerqué y les expliqué porque tenían que pagarme por jugar en mis tierras. Primero se rieron y luego uno de ellos saco unas monedas y me dijo que me daría más si les decía quién vivía en la casa de al frente. Pero sabes una cosa.
-          ¿Qué?
-          Ellos también eran indios.
-          ¿Cómo te diste cuenta?
-          Por el color de su piel y como vestían. Uno de ellos parecía que era su jefe porque después de jugar se pusieron a discutir y a escribir en un cuaderno rojo lo que conversaban. Cuando me acerqué a ellos lo cerraron y me empezaron a preguntar por mi vecino del edificio del enfrente.
-          ¿Y qué le dijiste?
-          Todo lo que sabía. Me dieron muchas monedas por solo decirle que era el capitán Juan de Dios de la Romaña.
-          ¿Te preguntaron algo más?
-          Sí. ¿Quién vivía con él?
-          Y tú que les respondiste.
-          Que vivía con su esposa la señora Pochita y sus dos hijas: Marimar y Maricruz. Luego me preguntaron si mis padres eran sus amigos y yo les respondí que sí y que mi mamá regularmente iba a su casa para conversar con la señora Pochita.
-          ¿Qué más te preguntaron?
-          Sí el señor Juan Dios se encontraba todas las mañanas en su casa. Yo les dije que sí porque la última vez que acompañé a mi mamá escuché decir al señor que le habían dado vacaciones. Se comportaban raros los indios porque escribían todo lo que les decía. Después se acercó la heladera que también era india y me regalo un helado. Me hizo desconfiar porque pensé que el helado estaba envenado pero por sus ojos comprendí que eran indios diferentes. Estos eran unos buenos indios.
-          Sabes una cosa vaquero
-          ¿Qué cosa?
-          Yo también he observado que esos jóvenes están toda la mañana jugando fútbol pero disimuladamente observan a tu vecino. Al final de la mañana se reúnen debajo de la copa del árbol y empiezan a discutir y apuntar sus ideas en su cuaderno rojo.
-          ¿Desde cuándo están jugando en mi territorio?
-          De hace una semana. Todo esto es bien raro.
-          ¿Tú te sientas, también, en las mañanas en el parque?
-          Solo lo hago al atardecer pero esta última semana lo hice en la mañana porque me sentía bloqueado.
-          ¿Bloqueado?
-          Me refiero a que no se me ocurría ninguna idea para continuar escribiendo mi novela.
-          ¿De qué se trata tu novela?
-          No lo entenderás.
-          Sí lo entenderé porque veo televisión.
-          Me había olvidado, tiene razón. Mi novela trata sobre un hombre que descubre que lo están vigilando desde el edificio del frente.
-          No necesito haber visto televisión para entender lo que me acabas de decir.
-          Lo que pasa es que el hombre vigilado es un ex oficial de la policía que ha trabajado para un grupo secreto del gobierno que se dedicaba a matar a personas específicas.
-          Entonces lo van a matar al policía porque sabe mucho.
-          Exacto
-          Pero quién lo matará.
-          Ese es el problema de la novela. El hombre cree que los persiguen los terroristas pero lo que quieren matarlo, realmente, es otro grupo paramilitar, que quiere acabar con las pruebas que sindiquen al gobierno como el culpable de violar los derechos civiles.
-          Ahora si no te entiendo.
-          No me dijiste que veías televisión.
-          Si pero no sé qué significa paramilitares ni terroristas.
-          Te lo voy a explicar.
-          Paramilitares son vaqueros que matan a vaqueros que saben mucho y los terroristas son los que matan a vaqueros e indios aunque ellos sean indios.
-          Lo entiendo. Pero esas cosas que me cuentas no pasa por acá. El problema que tenemos que solucionar es entre indios y vaqueros. No de lo que dices.
-          Tienes razón.
-          ¿Y dónde escuchaste esa rara historia?
-          No lo escuché, lo leo en los periódicos.
-          De ahí copiastela historia.
-          No de ahí partió la historia.
-          ¿Y eres muy conocido?
-          No lo sé porque la gente olvida muy rápido. Hoy puedes ser famoso, mañana ya no lo eres.
-          Para mí los famosos solo salen en la televisión y como tú no has salido no lo eres.
-          Tienes razón pero es mejor no ser famoso.
-          ¿Por qué?
-          Porque a nadie le importas. Puede hacer lo que te plazca y nadie pondrá atención en tus actos. No lo crees.
-          Estás equivocado vaquero. Yo si quiero ser famoso. Mi sueño es salir en todos los noticieros de todos los canales del país. Convertirme en un vaquero famoso.
-          Ya no podrás caminar solo por la calle.
-          Eso no importa. Me acompañarán más vaqueros que cuidarán mi vida.
-          Eso suena muy bien vaquero pero creo que debes ir a tu casa. Nadie más vendrá al parque. Mañana te levantas temprano y cobras a los que se sienten en tus bancas.
-          Tienes razón pero olvidas pagarme.
Saqué dos monedas de mi bolsillo y se lo puse en la palma de su mano.
-          Escritor, vendrás en la mañana.
-          No lo sé. Trataré de escribir y cuando me canse de escribir bajaré al malecón para seguir conversando.
-          No olvides traer tu dinero. No quiero matarte. Me caes bien escritor.
-          Entonces tomaré tu consejo y venderé un par de libros para pagarte.
-          Eres muy inteligente, escritor.
Me levanté de la banca y me dirigí en dirección a mi departamento. El niño tomó el camino contrario y se perdió en dirección a la llama roja que se enciende en el cielo como presagio de la muerte del día.
Los apuntes de mi novela están tendidos sobre la cama. Me pongo a pensar en los jóvenes que juegan toda la mañana fútbol a fuera del edificio, en el coronel Juan de Dios de la Romaña, en el carro de policía que siempre se estaciona frente al edificio y en el niño vaquero. Vuelvo a leer mis apuntes y los recortes de periódicos. Los ordeno y empiezo a encontrar una lógica que no había percibido cuando escribía mi novela. Enciendo el ordenador y reescribo el último capítulo que desencadenaría aquellos hechos que los había anotado y descrito en mi libreta de apuntes. Empecé a escribir guiado,inconscientemente, por un hilo argumentativo que había rechazado al inicio. La novela empezó a tomar otro matiz, otro camino que había obviado por un momento. Era cuestión de días para terminar el texto. Iba a ser una estupenda novela. La imagen de ese escritor fracasado se había diluido esa tarde. Cierro el ordenador y me dirijo a mi cama. Son las cinco de la mañana. Se me viene a la cabeza el recuerdo del vaquero, con su arma de juguete, apuntándome a la cabeza. Me quedó dormido.

El estruendo de la dinamita me despertó. Los vidrios de mi ventana estallaron a pedazos. Disparos al cielo se escuchan a lo lejos. El sonido de las sirenas de los patrulleros hace presentir lo peor. El humo del estallido contamina mi departamento. Nervioso me acerco a mi ventana y veo como el carro de los helados estalla contra el carro de la policía. Los jóvenes, que  jugaban fútbol por la mañana, corren sin dirección con una ametralladora en sus manos. Los gritos de los transeúntes se confunden con las balas. A los lejos veo tirado en el pasto el sombrero de vaqueros de puntas largas que ayer ensombreció el sol de la tarde.Sabía lo que iba a suceder. La novela está terminada.