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Nacimiento de un mollar

04 junio 2018


Por: Pablo Cingolani 

Un mollar está creciendo cerca a mi casa. La tenacidad de los molles volverá a ser puesta a prueba y no dudo que su insistencia vencerá y tendremos un nuevo mollar, un nuevo y bendecido mollar, en este mundo agreste de Río Abajo.
Es de verse a los pequeños molles: ya se elevan a más de un metro del suelo seco y pedregoso de los barrancos. Hay uno, más crecido, que ya pinta arbolito. Las lluvias aluvionales del verano han hecho su tarea y han fertilizado el abismo: los molles se han multiplicado, como los panes, como los peces, como un milagro.
Ese es el fondo de la verdad vegetal: eso es lo que late. Milagros inesperados, milagros cotidianos, milagros desconocidos.
El nacimiento de un mollar es un milagro que desmiente el efecto de la realidad o el efecto de la falta de realidad donde se inscribe el devenir contemporáneo. Nuestro tiempo está signado por un síndrome de abstinencia de la naturaleza –los hombres han sido forzados a alejarse, a romper el lazo- y eso ha desatado a la maldad del desarraigo. El desarraigo es el lugar donde ya no hay milagros.
Entonces, se impone una cultura donde los molles, el nacimiento de un mollar, carece de cualquier significado: no es, ni siquiera, un dato. Y te juro, por el dios de los montes, han nacido cinco nuevos molles.
Esa disociación demencial con el entorno vuelve invisibles a los molles y, sin embargo, ellos están ahí, ellos resisten la hostilidad, ellos con su insistencia, su vehemencia vegetal, afirman esa identidad, esa lucidez de la flora, ese apego del mundo a su origen, a su mística, a su propia piel, al deseo de ampararnos, a la voluntad de proveernos de motivos para que recuperemos la vastedad de la mirada, la hondura del sentimiento.
“Mejor que pares y mires a tu alrededor/ Aquí viene, aquí viene, aquí viene, aquí viene/ Aquí  viene tu decimonoveno ataque de nervios”, ¿te acuerdas de esa canción de los Stones? La escribieron hace cincuenta años y la verdad es que no aprendimos nada.
¿Estamos todavía a tiempo? Sí, sin dudas: hay nuevos molles creciendo, está naciendo un mollar y esto no tiene retorno: echa a volar la poética del cosmos y la tierra danza.
Y aunque el acontecimiento parezca mínimo, está tan colmado de dicha y de lírica que si lo miras bien, si lo sientes profundo, rompe el dique absurdo de la redundancia, de la auto referencia masoquista, de la no-salida, del hastío, de la culpa.
Cinco nuevos molles han nacido y están reforzando la gracia del mundo, el fervor, la pasión, su encanto. Cinco nuevos molles son toda la medicina que necesitamos para curar el dolor y evitar el vigésimo ataque de nervios. Cinco nuevos molles, tan solo eso.

Pablo Cingolani
Río Abajo, 30 de mayo de 2018


El sur, desatado

Por: Pablo Cingolani
A María Martha González Quintanilla,
En memoria.
Se ha desatado el sur. Las montañas se nievan, se coronan de nieves, el frío se traslada desde el sur del sur, desde el lejano sur del mundo, desde las antártidas, los cabos de hornos y las tierras del fuego, desde nuestro sur y se desata, desata la lluvia, el granizo, la nieve que se funde con otras nieves, la nieve inmemorial, la deslumbrante nieve de los trópicos, esa nieve que resiste, que siempre resistió

Se ha desatado el sur: tiempo de honrar al sol, tiempo de fiesta, celebración. Cuando la nevada cese, los cielos se azularán y se llenaran de gracia, espejearan a más no poder su majestad y su estar-siendo-siempre-cielo, brindándonos toda la dicha que nos merecemos. El cielo será más cielo y la tierra, tierra y el horizonte se alegrará sabiendo que todo sigue, todo brilla, todo regresa

Vos, María Martha, vos también fuiste el sur desatado, el sur que se desata de sus prejuicios, el sur combatiente que combate injusticias, el sur que se desató de sus miedos, de sus acechanzas, de las podredumbres que traen consigo el temor y las dudas

Vos, María Martha, vos ya sos para siempre parte de la huella de ese sur, ese sur indomable sur, ese sur desatado, ese sur que es nuestro sur, el sur del amor al pueblo, el sur del compromiso con los pobres, los pobres que luchan, que se rebelan y no aceptan cadenas, el sur de la justicia social y de la liberación de nuestra Patria Grande

La montaña se sacude con tanta nieve nueva. Cae y cae, sigue cayendo, bendiciendo sus laderas, colmando sus abismos, despertando a las piedras. Pero hay algo que las conmueve más aún: es tu partida. Es tu memoria. Es tu presencia.

Pablo Cingolani
Río Abajo, 3 de junio de 2018 y siempre