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Poemas de Julio Solorzano Murga

14 diciembre 2018



SUEÑO

Contemplando el horizonte,
sentado frente al mar
viste con la agonía del ocaso,
la oscuridad llegar,
con el viento y la brisa
volaban tus pensamientos
que hechizados se perdían,
en la espuma verde del mar.

La luna cual cómplice doncella
lanza sus níveos rayos
embelleciendo en la noche
las ondas del mar, que brillan
cual inmensa esmeralda,
llenando tus ojos
de asombro y placer.

Ondulantes se agitan las aguas,
con su rumor,te parecen llamar,
extasiado te entregas a ellas,
cual pez queriendo jugar,
más te abrazan las olas
no te quieren dejar,
con profunda reverencia
un beso de amor y muerte te dan.

Destellos divinos
iluminan tu sueño,
provocando la calma
de ese duende que duerme
en tu ser material;
va guiando tu cuerpo
que dócil navega
cual nave sin rumbo,
que de Hornillos Zarpó.

Ya en la arena tendido
como en gris altar,
tu cuerpo pálido, inerte,
del frio se abriga
con las olas del mar,
que la luna indolente
tu cuerpo vigile,
las estrellas acompañen,
tu sueño mortal.

Con el undísono, tu alma despierta,
y ve que su cuerpo ahí, está,
varado en la playa
con profundo soñar,
esperando que vuelvas
y entres a ella, a darle vida,
para así juntos despertar.

Pero tú, raudo diriges
tu mirada hacia el mar,
cautivo en su encanto
no lo quieres dejar,
y huye tu alma aventurera,
sin mirar hacia atrás
con el semblante travieso,
vas trepando las olas
navegando mil mares,
hacia la eternidad.


















VANA ILUSIÓN

Quisiera
Borrar de mi mente, todo el dolor vivido,
que nunca hubieran sucedido,
detener el tiempo y volver a ser niño,
pensar que mi vida comienza de nuevo,
y realizar el sueño de mi vida.

Quisiera
Reclamar al destino tan solo unos segundos
para ver a mi familia unida un instante,
sentir el calor del hogar prometido
y el cariño que me fue negado,
por la suerte fatal del destino.

Quisiera
Cantarle a mi Madre, los versos de mi alma,
secarle la frente húmeda a mi Padre,
estar los tres y escuchar sus risas
tomarlos de las manos y confundirme en sus brazos,
decirles que los amo inmensamente.

Quisiera
Arrebatarle a la vida lo que me ha negado,
añadir a mis recuerdos estos momentos felices,
gritar de alegría el anuncio de un ignorado día,
pero estoy como el viento en las nubes
vana ilusión perdida en el espacio,
pues el mundo sigue girando, como Dios quiso.

Quisiera
Pedir a Dios ta sólo un milagro,
verlos al final de mi vida,
que los dos me reciban en sus brazos.

MARIELA ESPINOZA VIZQUERRA: POETA Y ESCRITORA HUACHANA

17 octubre 2018

MARIELA ESPINOZA VIZQUERRA

Nació el 24 de noviembre de 1976 en el distrito de Jesús María, Lima.
Hija de Dionisio Espinoza y María Justina Vizquerra, es la menor de cinco hermanos.
Sus primeros años los vivió en la provincia de Huaral, luego en Chancay y posteriormente se trasladaría a Huacho por motivos de estudios y laborales.
Su profesión docente en la especialidad de lengua y literatura y los grados académicos obtenidos a nivel de posgrado le han ´permitido trabajar en diferentes instituciones educativas en sus diversos niveles, ganándose el reconocimiento por su destacada labor.

Actualmente es catedrática de la universidad Nacional José Faustino Sánchez Carrión lo cual alterna con variadas actividades de investigación, académicas y culturales:

* Es correctora de estilo de la revista de investigación INFINITUM.
* Es coach de liderazgo y empoderamiento.
* Capacitadora en temas de comunicación y fomento del hábito lector.
* Promotora cultural, entre otros.
* Integrante activa de la Sociedad de poetas y narradores de la región Lima provincias.

Poesía para niños.


A MI PATRIA

Blanco y rojo en mi pecho
late un sentimiento
que como peruana me enorgullece
Es verdad, yo no miento

Como no amar esta tierra bendita
de fe, tradición y deliciosa sazón
que me abriga y me cobija
y me hincha el corazón.

Grandes héroes te han defendido
aguerridas mujeres se han alzado
tus tierras han protegido
y tu bandera han respetado.

En tus fructíferos mares de la costa
en tus tierras fértiles de la sierra
en el aromático verdor de la selva
flamea la bandera de mi tierra.

Frente al pendón bicolor me inclino
en mi pecho posa tu escarapela
desde lo profundo de mi corazón
canto el himno a todo pulmón.

Es el Perú milenario,
mi terruño grandioso
donde nací, crecí y voy a morir
sintiéndome el más orgulloso.

UN ÁNGEL LLAMADO MAMÁ


Hoy les quiero contar
que mi vida a un ángel fue a dar
desde que abrí mis ojos contemplé
su infinita belleza y dulzura celestial.

La suavidad de sus caricias
la ternura de sus besos
el calor de sus brazos
me cubrieron en infancia y pubertad.

En mis noches más oscuras
en mis miedos más profundos
con dulce melodía
los sabía disipar.

Me dio su hombro amigo
cada vez que me afligía
y siempre me decía
ya todo va pasar.

Como olvidar su consejo
con sabiduría de ser supremo
con ferviente tino
guió mi destino.

Bendito sea mi Dios
que a ti te eligió
para ser luz, mi guía
nunca podré decirte adiós.

Por eso en este día
como no extrañar tu compañía
fuiste tu madre mía
el ángel en mil travesías.

Tu luz terrenal se apagó
ahora cual fulgurante estrella
desde el cielo me iluminas
trataré de ser como ella.

Seguro antes o después de lo planeado
volveremos a estar juntas
nuevamente a tu lado
diré, madre mi ser más amado.


MI MAESTRA


Mi maestra en la escuela
nos enseña la lección
cuando caigo me consuela
y me llena el corazón.

Derriba con constancia
la terrible ignorancia
cimentando los valores
de estos nuevos actores.

Su mensaje y enseñanza
dejan huellas de confianza
a pesar de la distancia
le tendremos añoranza.

Por eso a ti maestra
en este día especial
te doy gracias por tu muestra
de amor, sapiencia y bondad.

MI LIBRITO ENCANTADO


Mi librito encantado
a un castillo me ha llevado
con reinas y princesas
que lucen muy traviesas.

Por el mundo voy andando
en caballos , galopando
monstruos furiosos combatiendo
montañas empinadas voy subiendo.

Los mares estoy navegando
en grandes barcos tripulando
en los ríos, nadando
al compás del agua saludando.

Mi librito encantado
me tiene fascinado
me regala aventuras
mil historias y cultura.

CELIA ARIZA MENDOZA : LA CASA BLANCA

06 diciembre 2017

LA CASA BLANCA

Mientras camino por la acera observo con interés un lugar familiar y le digo a mi acompañante en tono bajísimo como revelándole un secreto, aquí viví de niña. Han corrido muchos años desde que me marché con mi familia y mis diez años infantiles. El barrio que dejé llena de tristeza, con la novedad del nuevo hogar y la llegada de muevas aventuras, pronto pasó a engrosar la lista de mis olvidos.
He recorrido incontables veces estas veredas sin que despertaran alguna emoción especial en mí, que no sea apenas un vago recuerdo que se moría con cada paso que me alejaba. Sin embargo, en esta tarde sin sol, siento que es diferente; hay una fuerza irresistible en mi interior que frena mis pasos y me obliga a detenerme.
El lugar tiene aún la misma acera, el mismo cielo celeste y el mismo olor a mar, pero está totalmente diferente. Hay un sin número de casas apiñadas invadiendo aquella extensa pampa donde jugaban los niños, aquella que recogía nuestras risas y cuyo terral nos envolvía como caricias.
Pero, para sorpresa mía, no son estas tiernas evocaciones las que me tienen paralizada en esta acera de pasaje Olaya, sino otras que fluyen a borbotones de mi interior, otras que estremecen mi alma y me hacen recordar a la mujer que habitó y murió en la casita blanca. Sin quererlo a ella se dirigen todos mis pensamientos.
  Al fondo de la explanada, ahora detrás de esos techos incontables, se levantaba la casita blanca. Me parece ver sus paredes despintadas, su techo de esteras y su apariencia gris y sombría.
De allí salía la señora Santa cada tarde, cuando corrían las horas de nuestros juegos. A veces veíamos la fuente redonda en sus manos cubierto con un mantelito verde, adivinando su contenido, deteníamos nuestros juegos para aspirar el agradable olor de los dulces. Si teníamos suerte, la fuente regresaba media vacía de la venta. Entonces éramos nosotros los comensales que recibíamos de gratis los postres, y los saboreábamos de prisa llenos de felicidad. La señora Santa se sentaba luego con nosotros en el pampón, como otro niño más en busca de compañía, entonces por unos momentos, con ella hablábamos y nos reíamos de cualquier cosa. Sin importarnos qué edad tenía, era para nosotros nuestra amiga de risas momentáneas, y nuestra adorada dadora de dulces.
Cómo adivinar entonces, que un mes después custodiaríamos como cachorros guardianes y salvajes, sus últimos día de morada en esta tierra.

Por qué nos referíamos al hogar de nuestra generosa amiga, como la casita blanca si estaba lejos de serlo. No cuando la luna lanzaba sus rayos blanquecinos, entonces sus muros oscurecidos por el tiempo recuperaban su color original y brillaban sorprendiendo a pequeños y grandes. La que no cambiaba era la puerta marrón, que de vieja por momentos cedía y se estrellaba con fuerza hasta cerrarse de nuevo. 

Y hacía mucho viento en esos días, cuanto todo sonido de voz desapareció por completo de la casa, cuando quedó sólo el silencio, y cuando la furia de la puerta rota se hizo más violenta porque no había mano que la cerrara. Y había extrañeza en nosotros por la partida de la señora Santa. No había respuestas para nuestras preguntas, sólo evasivas y una realidad evidente, que se había marchado para siempre. 
Nuestros juegos no se detuvieron por ello, pero ya nada parecía lo mismo, había una ausencia que nos lastimaba porque no lo comprendíamos. Pasó dos y tres semanas, y cada vez la esperábamos menos, nuestros juegos dejaron de detenerse muy seguido para verla regresar de nuevo. La casita blanca fue dejando de ser el hogar de la señora Santa para convertirse sólo en una casa abandonada que nos intimidaba de día y nos hacía correr de noche. El viento más furioso que nunca tronaba sobre la vieja puerta. A veces creíamos escuchar ligeros lamentos en la casa, pero intimidados por los adultos, no nos acercábamos para mirar adentro. Ojalá lo hubiéramos hecho, ojalá hubiéramos entrado.

Éramos niños, pero creo que mostramos más grandeza de corazón que los adultos, el día que por casualidad nos enteramos que nuestra amiga nunca iba a regresar porque jamás se había marchado. Asustados, nuestros ojos miraron con desconcierto la casita blanca. Nuestra amiga estaba dentro de aquel lugar que de pronto dejó de parecernos fantasmal. Ella contagiaba nos decían, pero acaso nos importaba saber de qué contagiaba. La señora Santa se encontraba en la casita de nuestros tontos miedos, no nos importaba escuchar entonces una y mil veces, que ella contagiaba. 

Nos sentamos sobre unos adobes frente de su puerta, como cachorritos que cuidan la morada de su dueña, estuvimos allí muy quietos durante dos días, acariciando en secreto las golosinas que le habíamos comprado. En el primer descuido de los adultos, cansados de vigilarnos, entramos corriendo a la casita blanca. A ese lugar que los adultos temían entrar porque contagiaba, tuvieron que hacerlo para sacar a la fuerza a los diez chiquillos malcriados que se resistían a salir. Todos gritaban espantados, nosotros no dejábamos de llamar y mover a la señora Santa para despertarla. Ella recostada en su lecho, más niña que nunca, ya no pudo contestarnos. 

Dos días después la vimos cuando salió dentro de un ataúd pintado de blanco. La seguimos para evitar que se nos escapara de nuevo. Esa misma angustia que sentí entonces, la siento ahora, que al fin puedo moverme y marcharme de esta acera. 

Me voy con dolientes recuerdos, me acompaña la vergüenza de haberlos olvidado.




CELIA ARIZA MENDOZA: EL GANSITO SOÑADOR

EL GANSITO SOÑADOR

apo era un gansito de plumas blanquísimas como la nieve, su pico y sus patas eran de
color amarillo como todos los gansitos con quienes vivía en un amplio corral, todos
eran tan iguales que era imposible diferenciarlos; pero a pesar de todo, Papo era
diferente.
Era el único que se aislaba en un rincón con los ojos cerrados, en completo silencio, ajeno
a todo, mientras los demás no se cansaban de graznar y graznar todo el día. Esto por supuesto
alarmó a mamá gansa, quien pensó que quizás su crío era sordo, pero al llamarlo corría de
inmediato hacia ella. Luego supuso que no veía bien y tirando con su pico la bandeja de comida
lo cambiaba de lugar, mas el gansito al sentir hambre encontraba el alimento sin dificultad. Ante
esta situación los demás gansos no tardaron en dar su opinión.
-¡Se comporta así porque está débil! Sentenciaron las gansas más viejas del corral. Pero
su apariencia mejoraba cada día, era de fuerte y sano mucho más que los demás.
Cansados de preguntarse del motivo de su extraño comportamiento se acostumbraron de
ver a Papo siempre en su esquina, meditabundo, con los ojos cerrados, gesticulando de manera
extraña, y cada día emitiendo nuevos graznidos raros de todas tonalidades.
Sucedió un día que llegó al corral un visitante inesperado, era un ganso flaco y viejo, con
las plumas que parecían, se les escapaban desordenadamente del cuerpo. Entró volando al corral
y se detuvo orgulloso en el centro, sacudiendo sus deslucidas alas con tal fuerza que el viento
barrió por los aires las plumas secas esparcidas en el suelo.
En el corral no cayó bien esta visita, les pareció un despropósito que un ganso tuviera esa
libertad de llegar e irse cuando quisiera, así que decidieron no hacer amistad con aquel tipo
extraño y rebelde. Estuvo sólo un rato en el corral, lo suficiente como para observar todo el lugar
con un sólo movimiento de cabeza y decir con tono arrogante:
—Bah, ¡Todo sigue igual!
Luego viendo a Papo que indiferente a todo seguía sentadito en un rincón, exclamó:
—¡Oh! pero qué es lo que veo, ¡Un soñador!
Al oír esto, todos se le acercaron intrigados, empezando por la mamá gansa para preguntar
en coro:
—¿Un soñador?
—Sí, un soñador, repitió con seguridad.
—¿Y qué es un soñador? -Preguntaron todos
—Oh, es aquel que vive de fantasías, es el que imagina cosas grandiosas, ¡Sí, muy
grandiosas! Luego mirando a sus oyentes añadió con euforia: «Sin moverte de tu sitio, tu mente
remontará a lugares extraños, muy lejanos; serás lo que quieras ser porque la imaginación no
tiene límites ¡No las tiene! Rescatarás princesas, libertarás pueblos, pelearás con monstruos
malvados muchos más grandes que tú y siempre vencerás, ¡Sí!, ¡Siempre vencerás! ¡Siempre!»
terminó de decir con exaltado entusiasmo.
P
Luego de unos segundos de pausa, mirando a Papo añadió más sereno:
—Llegará el día en que se canse de soñar, ese día se irá. Entretanto, en vez de lamentarse
de él, pueden disfrutar de sus fantasías.
—¿Y tú cómo sabes todo eso? -preguntó fastidiada mamá gansa.
—Porque alguna vez… fui como él —dijo con cierta nostalgia— luego golpeando
nuevamente sus viejas y negrecidas alas con gran fuerza, levantó vuelo, perdiéndose de vista en
poco tiempo.
-Qué tipo tan extravagante –decían- Que disparate era aquello de imaginar cosas grandiosas
¿Fantasías, dijo? ¿Qué es eso? No les resultaba fácil entender nada. En ellos toda su imaginación
se limitaba a graznar cuando tenían hambre, graznar cuando tenían sed, graznar por diversión y
graznar otras tantas sólo por aburrimiento.
—¡Ese pato viejo está loco! –dijo mamá gansa- tratando de dar por finalizado el dilema.
Unos días después todo el corral se sobresaltó. Papo saltó de su esquina batiendo una de
sus alitas con movimientos continuados, mientras avanzaba y retrocedía a largos pasos con gran
agitación, saltando de vez en cuando como esquivando algo y bajando la cabeza otras veces con
sobresalto. Estos movimientos incomprensibles duraron largo rato notándosele sumamente
cansado, hasta que al fin emitiendo un graznido que se escuchó hasta los otros corrales, estiró su
alita y apuntando con fuerza hacia el suelo gritó ¡vencido!
Al rato cuando abrió los ojos, descubrió que todos los gansos se habían reunido alrededor
de él y le miraban desconcertados, preocupados de su desenfreno. Sin embargo, mamá gansa con
mucha ternura y curiosidad le preguntó. ¿Papo que has soñado? cuéntanos.
Con ojitos que brillaban de emoción, empezó su narración:
“Yo era capitán de un barco grande, mi tripulación era numerosa, navegábamos en altamar
(el mar es como aquel lago que se ve desde aquí pero sin fin, explicó) tenía en la cabeza un
sombrero amplio adornado con plumas. En la cintura llevaba sujeta una espada larga con
empuñadura de oro, digno de un capitán. De pronto apoyados por la oscuridad nos atacaron los
piratas haciendo colisionar su barco con el nuestro, querían por supuesto robarnos nuestro oro”.
Se detuvo, quedó pensativo.
—¡Continua Papo! -gritaron todos impacientes.
Reaccionando prosiguió el relato: “De inmediato iniciamos la defensa de nuestro barco,
luchamos con mucho valor. Con tristeza vi caer algunos de mis amigos más
valientes, pero muchos más eran los enemigos que caían vencidos por
nuestro coraje. Yo sabía que si vencía al capitán de ellos los demás se
rendirían, entonces fui a buscarlo. Al verme me enfrentó con fiereza, pude
esquivar varios golpes suyos bajando rápido la cabeza. La lucha fue cruenta,
sabia defenderse muy bien, pero en un descuido suyo, me lancé sobre él
hiriéndole gravemente con mi espada. Al verlo caído estiré la espada, se lo
puse en el pecho y le obligué a rendirse. Los demás al ver a su capitán
vencido, huyeron tirándose al mar desordenadamente. Así nos libramos de
esos piratas enemigos”.
Hubo un gran mutismo. Todos estaban fascinados, era una historia
increíble, jamás habían escuchado algo igual en su vida. Nunca en sus mentes ociosas habían
cruzado tantas imágenes que se movían, hablaban, luchaban, y ahora de pronto se imaginaban a
un barco que flotaba, un pirata que luchaba, un lago inmenso sin fin llamado mar. Los gansos de
aquel corral estuvieron en silencio durante mucho tiempo, algo rarísimo en ellos.
A partir de ese día cuando veían a Papo, gesticulando raro, moviéndose y saltando en el
aire, lo rodeaban con gran interés, deseando que salga bien librado de la aventura y esperando
que terminara su fantasía para luego pedir con ansiedad:
—Cuéntanos tus fantasías, vamos, cuéntanos.
Papo complacido les narraba una y mil aventuras que disfrutaban con alegría y a veces
con tristeza. Un día quedaron enternecidos cuando se imaginó que era un duende bueno con
pantaloncillos y botines de color verde, que visitaba las casas de los niños más pobres para
dejarles regalos. Pero también a veces terminaban eufóricos, como en la ocasión en que imaginó
era un buzo y se sumergía en el mar profundo buscando tesoros ocultos, llegando a encontrar un
cofre lleno de oro, que repartía entre todos sus compañeros del corral, quienes gritaron
entusiasmados:
—Bravo, Papo, así se hace, que te acuerdes de tus amigos. ¡Somos
ricos! ¡Somos ricos!
Y es que muchas veces envueltos por la magia de la fantasía, todos,
incluyendo los gansos más viejos, por unos instantes terminaban creyéndolo
parte de su realidad.
La fama del pequeño gansito soñador llegó hasta otros corrales,
quienes también corrían ansiosos a escuchar sus fantasías.
Pasó el tiempo hasta que un día Papo se vio grande y fuerte, se había
convertido en un hermoso ganso, entonces mirando a su mamá gansa y a los demás dijo:
—Me voy.
Todos sorprendidos lo miraron en silencio, no comprendiendo.
— Me cansé de soñar. Me voy.
— ¿Adónde vas?, preguntó alguien.
—A cualquier sitio. Ahora quiero vivir mis aventuras -respondió mirando el horizonte.
Lo miraron con tristeza, todos, incluyendo la vieja mamá gansa. Ellos lo sabían desde
aquel día en se los dijo el viejo ganso. Sabían que ocurriría en cualquier momento. Que
levantaría vuelo y se marcharía a vivir en libertad, igual que el extraño.
Papo continúo mirando el horizonte, las luces del sol eran intensas y brillantes en esa
hermosa mañana, había un mundo misterioso, inmenso, fuera de las rejas del corral que le atraía
de sobremanera. Entonces sin pensarlo más, desplegó sus magnificas alas blanquísimas, y
batiéndolos en el aire con fuerza increíble, alzó vuelo saliendo del corral, para remontar a tierras
extrañas y lejanas.
Papo iba feliz, con esa felicidad que sólo da la libertad. Giró su cabeza para dar una
última mirada de despedida a su viejo corral y a su vieja mamá gansa. Luego mirando la lejanía
siguió batiendo sus alas resplandecientes, en busca de sus propias aventuras que de seguro serían
muchas, ya que se había cansado de imaginarlas.

Celia Ariza Mendoza: LA GALLINITA DE GRANA

05 diciembre 2017

LA GALLINITA DE GRANA

Cuando llegó a la casa de su dueña era sólo una bolita de plumas amarillas que no cesaba de piar y piar incansable. A medida que crecía, su mundo también crecía con ella. Primero sólo fue una caja de cartón revestido de abrigador algodón, luego una esquina de la cocina en el lugar más tibio de la casa, después la cocina completa, y finalmente la casa entera, amplia como humilde.

En ese trascurrir de tiempo, su cuerpo se vistió de un brilloso plumaje multicolor y su cabecita se adornó de una tímida cresta roja, pequeñísimo detalle que le ganó el sobrenombre de «gallinita de grana», que recibió con evidente presunción.

Desde el principio detestó tomar posición del extenso corral porque odiaba su silencio, prefería desplazarse por los ambientes de la casa, porque era ahí donde le encantaba escarbar y esparcir el suelo de la humilde vivienda, sus robustas patas en busca de piedrecillas diminutas, o de algún gusanillo que saboreaba con escandaloso ruido. Sí, ésta era su tarea de siempre, o casi siempre.
Porque su diversión preferida era otra que le causaba estremecimiento y sin embargo no dejaba de hacer. Segura de la cercanía de su dueña entraba al dormitorio de los niños para interrumpir sus juegos, batía como abanico sus alas y gritaba ¡Cocorocooo! ¡Cocorocooo! con fuerza, a la espera de que los pequeños la persiguieran alejándola del lugar; entonces con las alas abiertas y plumas erizadas por el susto, corría despavorida en busca de su dueña, que se interponía entre ella y los niños.
¡Basta niños!, dejen tranquila a la pobre gallina —decía la mujer—. Los niños soltando risotadas inocentes regresaban a su cuarto a seguir jugando.
No pasaba mucho tiempo para que la gallina volviera a lo mismo, y era tanta su insistencia que siempre conseguía que los pequeños la persiguieran; protegida luego detrás de su dueña, disfrutaba con la mirada picara la reprimenda que recibían los niños. Cómo le agradaba fastidiar a los pequeños, y a ellos, perseguir a la gallina, que con el tiempo se iba poniendo cada vez más redonda y belicosa.
En los últimos días la gallina había iniciado una nueva afición, en las noches claras cuando todos dormían, batía sus alas en silencio y salía por la ventana abierta, volando a casa de los vecinos y aún más lejos, picoteando y trayendo en su pico, cualquier objeto entre suave y brillante que le parecía útil. Dedicándose con ellos al trabajo laborioso de armar su nido en un rincón del corral, que había dejado de odiar ya que ahora necesitaba un lugar tranquilo y solitario.
Sucedió que uno de esos días, su dueña tuvo que tomar una difícil decisión, su situación económica había ido de mal en peor y sus recursos se habían terminado. Entonces cogió a su gallina y la puso sobre la mesa, la miraba largamente, indecisa. Intrigada la gallina preguntó:
¿Querida ama que va hacer?
Te voy a quitar la vida gallinita —respondió apesadumbrada.
Ud. que me ha cuidado de pequeñita, me ha alimentado y me ha protegido ¿Me va a matar?
Es que mis niños no tienen que comer —se justificó avergonzada.
Si es por ellos, no se apene querida ama, puede utilizar mi carne para alimentar a los niños. Y sin decir más, recostó su flácida cabecita sobre la mano temblorosa de su dueña.
La mujer tomó el cuchillo y lo acercó al cuello tibio de la gallina, de pronto algo incomprensible la hizo detenerse; de sus ojos comenzaron a caer lágrimas que no lograba detener. ¡Es sólo una gallina!, ¡las gallinas se crían para comerlas! Se repetía insistente. Sin embargo, las lágrimas seguían resbalando sin control por sus mejillas. Luego de un buen rato de lucha se dijo: ¡No puedo hacer esto! y tiró la hoja de acero muy lejos de sí.
Se sentó en su vieja silla, con la cabeza gacha, con la angustia de no saber qué daría de comer a los niños.
¿Querida ama por qué está llorando?, —preguntó de nuevo la gallina—. Es bien conocido que ellas no se caracterizan por su inteligencia.
No tengo dinero para comprar alimentos —respondió la mujer—, sólo tengo este miserable centavo que no sirve para nada, y tiró la moneda que cayó cerca de las patas de la gallina.
¿Eso tiene valor para Ud. ama?
Es moneda gallinita, se compran víveres…, cosas —dijo la mujer.
Yo tengo muchas de éstas y aún más grandes —exclamó la gallina. Y abriendo sus alas como perseguida por los niños, salió corriendo con torpeza hacia el corral en busca de su nido.
La mujer acercándose observó el lugar. Había una cantidad de pajas secas entretejidas con mucho esmero, adornadas con hojas secas, pelusas, papelitos y diversas fibras de colores, todas muy bien entrelazadas en una laboriosa tarea, formando una corona blanda en un rincón del corral.
¡Levante el nido! querida ama, ¡levántelo!
Obedeció la mujer con incredulidad, levantó el nido que se alzó con facilidad. Ante sus ojos, tapizando el polvoriento suelo, aparecieron discos amarillentos y blanquecinos de diferentes tamaños con inscripciones antiguas y símbolos extraños. La mujer tomó uno de ellos y quitó el polvo que le cubría, su color dorado relució con fuerza, se asustó al comprobar que estaba observando un pequeño tesoro.
Gallinita de grana, ¿de dónde has traído esto? —preguntó la mujer con asombro.
Quiso responder de prisa, pero se dio cuenta de que no lo recordaba, dobló la cabecita hacia un lado para concentrarse mejor, no dio resultado; la torció hacia el otro lado, y nada; sus ojos parecían salírseles de las órbitas tratando de recordar, pero era en vano, su débil memoria no le respondía.
No importa gallinita —dijo la mujer comprendiendo el esfuerzo, dando descanso al cuello tensionado de su pobre ave.
Recogió las múltiples monedas y fue a venderlas, como lo esperaba, recibió buena cantidad de dinero por ellas, pequeña fortuna que logró invertir en un negocio, y se cuidó de administrar con sabiduría.
La gallina continuó con su vida monótona de siempre, de molestar y ser correteada. Hasta que un día, luego de estar buen tiempo sentada muy quieta sobre su nido, vio aparecer muchas cabecitas amarillitas que piaban sin cesar. «¡Los niños ya pueden jugar tranquilo, nunca más volveré a molestarlos!», pensó la gallina. Y abriendo las alas abrigó con inmensa ternura a sus críos.
Los niños no pensaban igual. Luego de ver las cabecitas en el nido, corrieron a su dormitorio con los ojos inmensamente abiertos por el asombro. Esos polluelos latosos crecerían pronto y entonces… ¡Oh, qué trabajo tendremos! Dijeron, y lanzando risotadas inocentes continuaron su juego de siempre.
Celia Ariza Mendoza



POESÍA: JULIO SOLORZANO MURGA

28 noviembre 2017

POESÍA

Escrito por el día Internacional de la Poesía, 15 de Marzo de 1,999.

Azul


Al Crepúsculo del día
Cuando las tibias llamas del sol
Pareciera perderse entre las frías aguas
Del profundo mar
Y confundirse con la tinta azul del océano

Mi espíritu cual gaviota migratoria
Aleteara infatigablemente
Buscando tu corazón para anidar.

















Celeste

Son la pluma, el papel y el tintero
Mis compañeros que más quiero
Pues con ellos mis versos creo
Agradando al mundo entero
Mar azul, celeste cielo
Ser poeta fue mi gran sueño.
¡Oh! Majestuoso cóndor
Rey de las alturas
Tú que vuelas sobre el nimbo de los andes
Y escribes sobre el celeste cielo
Las grandezas y bondades de tu vida
Dile al altísimo Señor de Señores
Lo pequeño que es el mundo desde tus dominios
Dile que si no existiera Poeta alguno sobre ella
La vida sería extremadamente fría
Porque el Poeta es pasión que enciende el alma
Es fuego que arde en  las entrañas
Es locura excelsa sobre todo ser vivo
Es iluso creador de sueños
Es el principio y el fin en toda fantasía

Es simplemente Poesía…Poesía



JORGE ZAPATA CHUMBES: POEMAS

27 noviembre 2017










SE ME PARTE EL CORAZÓN

Se me parte el corazón...
Se me tuerce el alma...
De saber que ya no existe ...
En tu vida, el que te ama...

El silencio no fué cómplice...
Sólo fué de nosotros el destino...
Por tener un amor incomprendido...
Y que aún por nosotros lo ha sido...

Ay!  Ay!  Ay Dios!!! Tanto dolor!!...
Doblan mi quieta actitud...
Por ese amor fresco de juventud...
Puro de corazón, y rebosante de pasión...

Ya no habrán pasión, locura ni vértigo...
Que vivíamos día a día...
Y esos 30 que se fueron...
Son ya recuerdo y lejanía...

Un gran amor el mundo ha dado...
Amor que aún no deja de latir....
En dos corazones anonadados...
Cuál será su porvenir???.....

Oh Dios!! erramos en el tiempo?...
En el lugar y en el momento?....
Tal vez sí, y por otras incongruencias,
Por afanes e impaciencias....

Sólo deseo ahora y mirando al cielo...
Que tu vida sea la mejor de todas aquellas...
Que ponen el corazón...
lleno de locura y pasión....
Alegría, tenacidad y pundonor...
Por aquel hombre que merece medallas...
Por llevar grabado tu amor...
Con sangre y dedicación....!!!

REFLEXIONES DE AMOR

Nadie puede dejar de amar,
nacemos amando a una madre
-los que tienen esa dicha-
Crecemos aprendiendo a amar
con la familia, y a los amigos.
Y porsupuesto, a uno mismo.

Muchas amistades se forjan
en un amor desinteresado,
amor sin nada a cambio.
Es un amor lento, despacio 
q se transforma en un vendaval
cuando se trata de defenderlo.

Amor fino, amor culto,
amor pensado e impensado a la vez,
amor de relajo y de locuras,
amor de esfuerzos y altos valores
amor que echa abajo los temores
amor al fin y al cabo.

No amor de novela ni de cabaret,
no de cuento de hadas ni de internet.
Es el amor puro al cien por ciento,
amor transparente hasta ver tu alma,
amor sano y demente también,
amor no sensible al resentimiento.

Pero hay otro amor,
amor descompasado y a la vez...

 descompensado con el mundo.
Amor desconectado y a la vez...
intenso, idolatrado y peligroso,
por que aunque no sea correspondido
hay libertad para escapar...
y licencia para adolorar.

No puedes evitar enamorarte, 
no puedes evitar el paso
de ser independiente a ser dependiente..
No puedes evitar el paso...
desde el estar seguro e inexpugnable
a  estar inestable y vulnerable.

Pero...en que momento el amar
se transforma en algo dependiente?
En que momento la vida
pasa a depender de la palabra Amor?
En que momento de la vida
se hipoteca la felicidad 

aspirando a ser correspondido??
Cuando fué que se acepta y se cambia
tener dicha por tener libertad??!!!
Porqué la felicidad no está 

en ésta ecuación como variable independiente??!!!

Entonces, como al inicio
Nadie puede dejar de amar.
O amas a alguien o amas algo,
No puedes evitar enamorarte...

Sin embargo...la manera más transparente,
verdadera, desinteresada e intensa
de amar con intrepidez y con demencia
y sobre todo en Libertad
y con  Independencia.....
ES LA AMISTAD!!!!

LA NOCHE FRÍA

Es de noche en mi corazón...
El frío marino roza mi piel...
Y me invita a olvidarme de ella...
Recordando mi alma de estrella...
Por verte lejana, mi panal de miel...

Porqué fue así nuestra historia?...
Los dos amándonos en cada amanecer...
Acaso ese era nuestro destino?...
Escrito en papiro por Lucifer?...
Y nosotros queriendo hacer nuestro camino!!...

Porqué tuvimos que terminar así?...
Queriéndonos con éxtasis desde el corazón?...
Contándonos entre los extraños ilusos...
Que dejan todo sin razón...
Pensando que éramos del amor intrusos?...

La vida es una de sorpresas...
Tal vez nos vuelva a encontrar...
Tal vez cuando ya no haya belleza...
Y seas de experiencia presa...
Y no haya fulgor al caminar...

Es allí donde el amor se sabrà....
Allí cuando brote todo el amar...
Allí donde por verte feliz...
Sería capaz de subir al altar...
Y alejarme de ti, ya no verás!!!...


EL ESCENARIO DE MI CORAZÓN

El fin llega sin retraso...
son las últimas luces latientes,
el ocaso se aproxima cabalgando
sobre el horizonte de nuestra historia doliente.

Sólo quedan en el escenario
los actores que ya están saliendo,
ya no habrá esperas ni alargues tensos,
el guión ya no estará sufriendo.

El almíbar finalmente amargo
tendrá que beberse caliente,
a ver si el ardor, al sentirse en la garganta,
logra adormecer la mente.

El despertar del día siguiente
Será frío y solitario, pero útil al fin...
Porque preferible es vivir 
desazones en libertad,
que estar encarcelado
en dulzuras por vanidad

JUAN PANANA CONTRERAS: POEMAS

NI EN UN GRANO DE POLVO


Nosotros somos seres desgraciados,

Cuando la vida más hermosa,

No encontramos,
Cuando la felicidad o la dicha,
Se nos hace difícil,
Hasta imposible,
De poder alcanzar o lograrlo,
Cuando se padece y se sufre,
Con nuestro dolor acumulado,
Sin que uno pueda vivir,
La vida que una vez soñamos,
Y cada quien vive,
Y disfruta la vida,
Hasta con llanto humano,
Y sufre el pobre,
El rico,
El poderoso,
Que no puede comprar,
Con su riqueza o todo el oro,
Ni su vida, cuando la muerte,
Lo despedaza,
Hasta el color de sus manos,
Y tierra abajo,
Es un cadáver diseminado,
Cuando se muere,
Hasta con un grito desesperado,
En este mundo,
En donde uno viene,
Con su destino marcado,
O señalado,
Por más que no se tenga nada,
O se tenga todo,
Se llora y se sufre,
Hasta cuando Nos llenamos
De odio,
Y con una palabra.
Fieramente el amor matamos,
Sin que vuelva a renacer,
Ni en un grano de polvo,
O en una capa de lodo.

EN UN LIBRO ESTA EL SABER.


Quisiera tener más conocimiento,

y saber,

cuando en cada libro,
pueda leer y comprender,
lo que ahora no se,
y no ser,
como el ciego aquel,
que nada ve,
porque un hombre,
que no lee,
ni con avidez,
se queda en la ignorancia,
y en la estupidez,
porque del mundo no se puede defender,
cuando le arrebata,
hasta sus derechos que solo le pertenecen a él,
¿o es que se puede ser libre,
cuando nos callan la boca,
sin que nada se pueda decir,
como si no se tuviera palabras,
que hasta el aire pudiera remecer,?
si eso sucede y pasa,
muchas veces es,
porque no tenemos el conocimiento,
que nos dé,
las armas necesarias,
para que nos podamos defender,
y eso se adquiere,
cuando nos preparamos para el futuro,
cada vez,
porque no hay mejor conocimiento,
que en la vida uno pueda obtener,
mediante el estudio,
y cuando uno cada libro lee,
porque te abre el entendimiento,
y todo lo puedas saber,
¿O es que el que escribe un libro,
o la más grande obra,
no lo hizo alguna una vez,
no se nutrió del conocimiento,
hasta de una hoja de papel.?
del que escribía con sensatez,
y madurez,
y su sabiduría no tuvo limites,
porque fue un maestro del conocimiento,
y de la palabra,
cuando todos llegaban con admiración,
a él,
y lo pudieran conocer,
y un consejo les dé
Porque sabio es
El que llega a ser
Hasta en una palabra
Para que el mundo no sea,
Como es,
Por eso lee cada vez
para que llegues a saber
lo que ahora yo no se
ya que ciego es
el que en la vida
nada llega a aprender.
  

LO QUE EL AMOR ENGENDRA


Quítame esta pena

Este dolor,

Que, como un puñal,
Me punza el corazón,
Y las venas
Quítame todo,
Lo que no me deja vivir,
Y ser feliz en la tierra
Pero no me quites tu amor,
Cuando mi vida más lo quiere,
Y más lo anhela,
Porque me estarías matando la vida,
Para que nunca mas lo tenga,
Y no pueda decirte,
Ni en una palabra
O en una mirada
Todo lo que el amor engendra.
Quítame mis noches negras,
Hasta el cielo gris
Que mi vida parpadea
Y que no me deja vivir,
Ni contemplando la más hermosa estrella,
Y hasta el agua que se oscurece desde la tierra
Y pueda beberla,
Como si bebiera tu ser
Para que de sed no muera
Quítame cada espina
Que no lo puedo arrancar
por más que lo quiera
así sangre mi corazón
y la vida me duela
pero no me quites la ilusión
ni los sueños
de que un día estés conmigo
suspirando de amor
hasta cuando completamente
a mi te me entregas.
Quítame todo lo que me hiera
Hasta cuando tú me dejas solo
En la tierra
Pero no me quites ese deseo
De que cada día
Mas te amé y te quiera
Porque no quiero que me quites el corazón
Y me lo arranques como una fiera
Hasta con un puñal
Con tu mano traicionera
Porque eso para mí seria
La muerte
Porque la vida no lo sentiría
Ni por mi sangre y venas.


EN UN LIBRO ESTAS CONMIGO

A la memoria de mi hermano Poeta: Oscar Castillo Banda.


Amigo, no solo estas,

En mis recuerdos,
En mi memoria vivo,
Si no en un libro,
Que lo llevo conmigo,
Por donde camino,
Desde el momento,
Que de este mundo,
De esta vida,
Te has  ido,
Porque en él,
Esta escrito,
Tu sabiduría de hombre,
Y de niño,
Que se desborda como un rio,
Como un mar enfurecido,
Como fuego que nos quema,
Hasta los oídos,
Porque en tu palabra,
Estas vivo,
Como en el corazón en todos sus latidos,
Sin que mueras en el tiempo,
Cubierto de polvo y de olvido,
Por eso amigo,
Estás conmigo,
Me acompañas,
Por la vida y por el mundo,
Sin que te deje tirado en el camino,
Porque en cada hoja,
De aquel libro,
Que tú lo escribiste,
Con amor y cariño,
Te escucho y te miro,
Y hablamos de lo mismo,
De tantas cosas que pasa en el mundo,
De la libertad del hombre,
Y del amor en todos los sentidos,
Pero te digo, amigo mío,
Que muchas veces lloro,
Sufro,
Y me siento triste,
Y con mis ojos al cielo,
Busco una respuesta,
A Dios o al destino,
¡Porque de este mundo,
Te has ido,
Has partido!,
Si todavía,
Deberías de estar con nosotros,
Con todos tus poetas amigos,
Con el mundo mismo,
Como poeta y como maestro,
Que dejaba,
Huellas en el camino,
Porque hombres como tú,
Pocos en la vida,
En el mundo han nacido,
Y existido,
Con ese amor a la tierra,
Y al mundo mismo,
Por la libertad del hombre,
Que todavía lo tienen cautivo,
Y oprimido.