VALLEJO, PALLASCA Y YO

09 febrero 2009

Supe que, por no más de dos ciclos, siguió estudios en alguna universidad y que gracias a ello dominaba, al dedillo, las matemáticas. Por eso lo contrataron como profesor, de tercera, en uno de los colegios primarios del distrito. No duró mucho tiempo. Era –mejor dicho, eso es lo que la gente comentaba- un tanto irresponsable y, digamos, haragán; se acostaba tarde y no se levantaba temprano. Decían que los amigos y el trago lo habían malogrado y, claro, también su madre que lo engreía demasiado: al levantarse a eso de las diez de la mañana después de una mona ella lo atendía solícita y amorosamente con un desayuno como "de hacendado" que, entre otras cosas y como primera entrega, contenía un vaso con, por lo menos, tres huevos pasados, y un enjundioso caldo de gallina de corral. Le decían "Gato", no sé por qué: era de piel blanca pero sus ojos no eran claros que digamos (total, en los apodos lo que prima es la arbitrariedad). Era El Gato Guille, mi tío, hermano de mi madre por parte de mi abuela.Creo que no era de leer. Sin embargo en una feliz oportunidad, estando en Lima, le dio por comprar libros y, de un porrazo, adquirió toda una colección, fresquita aún, de Lozada y con ella la edición con facsímiles de la Obra poética completa hasta entonces de César Vallejo, que corrió a cargo de su viuda, la francesa Georgette, y del editor Francisco Moncloa. Todo el mundo se enteró, por supuesto, y algunos comentaban y aplaudían la nobleza de ese repentino y ejemplar interés en la cultura y, como no es de extrañar, otros creían adivinar –porque lo conocían- lo inútil de la onerosa adquisición, y no faltaba quien no pudiera disimular una descabellada envidia y también una maquiavélica codicia. Era el año 1968. Sabía de mis inclinaciones literarias y por eso, en un arranque de desprendimiento, motivado básicamente por su condición de tío bueno, me regaló algunos libros entre los que recuerdo "La serpiente de oro" de Ciro Alegría y "20 poemas de amor y una canción desesperada" de Neruda, y –oh, alegría- me prestó lo de Vallejo. Tener en mis manos ese libro me producía una sensación sumamente especial, agradabilísima, como la de quien (porque lo era en realidad) tiene una joya invalorable y, más aún, como si hubiese tenido la oportunidad de ingresar en un templo normalmente inaccesible, prohibido y soñado, al que todos quisieran llegar como una bendición. Era como estar en el Olimpo. Sentía, en realidad, placer. Pasar mi mirada por aquellas páginas en las que aparecían los manuscritos en facsímil, mecanografiados y con borrones y agregados a mano, acompañados en alguna parte de la página por un sello que decía "Propiedad César Vallejo", y ver las fotos –en que me parecía encontrar los rasgos de mi padre- de este poeta nacido allá, casi cerca de mi pueblo, a pocos kilómetros del cerro Parihuanca, hacía brotar en mí un sentimiento de desmedido orgullo. Y creía que yo era el único en el mundo que vivía esa experiencia. El libro estuvo conmigo varios meses. El gato Guille creo que se había olvidado de él. No le importaba en realidad. Mi abuela fue quien sí había puesto atención en ello, y un buen día, perdón, quiero decir un mal día por la noche, apareció en la casa, abrigada por su pañolón azul, llevando en la mano su inseparable linterna a pilas o foco, o reflector, que es como se le llamaba en mi tierra y era usado porque la luz eléctrica era débil o, como se acostumbraba decir con una palabra de origen culli, parecía muganshya. Después de conversar cosas familiares con mi madre, me lo pidió y –sintiendo que algo vital se desprendía de mi ser- tuve que entregarle el voluminoso libro. Pero, gracias a Dios y a esos tres o cuatro meses que en mi casa habitó aquel huésped, gordo pero no pesado, de papel bond, tinta negra y pasta gruesa y dura, Vallejo, mi casi paisano, se quedó conmigo. Vallejo no solo permaneció en mí como generador de una inefable sensación de placer y de orgullo. También como enseñanza, como influjo. Creo que comencé a escribir como él. Cuando estuve en tercero de secundaria -es decir, el año 1969- en mi colegio se organizó un concurso de poesía que lo gané con un poema en verso, "Color de barro", en el que era de advertirse la presencia del poema en prosa "Hallazgo de la vida", del vate santiaguino. Algunos desaciertos de aquel poema laureado pude corregirlos después con el uso del lapicero "Parker" que me dieron como premio. Vallejo, a quien había empezado a conocer unos cuatro o cinco años antes a través de unos irregulares versos escritos por mi padre, a los que él llamaba "monólogos", y porque se decía que el abuelo del santiaguino, el cura Rufo, estaba enterrado en la sacristía del Templo de San Juan Bautista de Pallasca, me dio también algo más que el estímulo que maduró mi vocación por la poesía: me hizo más sensible, de lo que ya era, respecto de lo que es y significa el ser humano y su destino sobre la Tierra. Tengo la sospecha de que esto ocurrió con todos los que lo leyeron o, digamos para evitar un optimismo exagerado, con muchos. Sin embargo, cuando ya en 1972 me encontraba en Lima y me hice amigo de Juan Ramírez Ruiz y de Hora Zero y esperaba lograr la amistad de otros poetas, pude darme cuenta de que más de uno decía que "no lo había leído". Aparentemente todos leían a Pound, a Elliot… Se referían al poeta de Santiago de Chuco casi despectivamente: "¿Vallejo? Humm, ni hablar". Se trataba de una forma de matarlo pero, claro, sin lograr darle muerte; es decir, una suerte de juvenil arrebato parricida, aquella actitud que sin darnos cuenta puede llevarnos a renegar de nuestro padre y terminar aceptando la paternidad espuria del respetable vecino por su condición de gringo. La madurez que otorgan los años, creo que logró el justo cambio de sentimientos, ideas y de perspectiva en los jóvenes poetas de entonces. Pero, sea como fuere, Vallejo –el ninguneado, escamoteado y tantas veces negado- siguió, a pesar de todo, creciendo ineluctablemente. Es –duela a quien le duela- uno de los más importantes creadores de la lengua española, uno de los picos más elevados. Y hoy y siempre lo leemos, lo celebramos y nos sentimos orgullosos de él. Y sabemos que las cosas e ideas que ayer pudieron ser desatinadas, infaustas -el "fray pasado"- solo merecen aquella vallejiana expresión -que es de Santiago de Chuco y de Pallasca, mi tierra- "Cangrejos, zote!". Pero, aunque parezca mentira, hay desatinos que finalmente son felices. Me explico. El libro con la poesía de Vallejo no sé a dónde diablos fue a parar después, pero de lo que estoy seguro es de que alguien más vivo que yo debió haber sacado ventaja material del olvido de mi tío. La compra que hizo probablemente fue desatinada en cuanto a lo indudablemente costosa que debió haber sido y al poco o nulo provecho que le significó. Sin embargo, al menos a este medio silvestre cristiano –o sea yo- espiritualmente le dio mucho, muchísimo. Y, con la gratitud que aprendí de mis padres, tengo que reconocer, humildemente, que la pobre escritura poética mía le debe mucho al autor de Los Heraldos Negros. Al leerlo aprendí que la poesía nos permite abrir las puertas de la utopía y entregarnos sin miramientos a la creación plena y cabal. Espero algún día poder, siquiera, intentarlo.


Bernardo Rafael Álvarez,

FREDDY GUSTAVO PAJUELO ATIS

Freddy Gustavo Pajuelo Atis:
Contador Publico y Licenciado en Educación. Estudio en las Universidades José Faustino Sánchez Carrión de Huacho y San Pedro de Chimbote, Poeta, Compositor, Declamador, Actor de Teatro, Docente de Arte, Promotor Cultural y Periodista. Casado con la dama Huachana Lic. Graciela Irribarren Bonifaz en cuya unión matrimonial nació Marión el amor de su Vida.
Miembro de la Casa de Poeta Peruano, perteneció a la Sociedad de Poetas de Huacho y a la Asociación Cultural “INSULA” Huacho. Autor de los Poemarios “ El Tambor”(1989), “ Sobre Cenizas Cabalga la Rosa” (1995), “ La Rama Inventada y el Grito de los Peces”(2004) Editorial San Marcos.
Autor del Himno a la Ciudad de Huacho Capital de la Región Lima Provincias y del Himno a la Universidad Nacional José Faustino Sánchez Carrión y a diversos centros educativos de la Provincia. En el centenario del natalicio del Poeta César Vallejo, escribió el poema representativo de la pluma viva del poeta “ César Vallejo Vive”. Ganador del Premio Nacional de Poesía “Horacio Zeballos” 2008

¡ César Vallejo Vive!

Acaso carezco de la palabra adecuada
Para rendir mi homenaje,
En el centenario de su natalicio,
Al poeta César Vallejo.
Pero me aventuro con mucho regocijo
A afirmar que nuestro amado poeta
¡ Vive!

¿Cómo va a dejar de existir
aquel se salió
del costado ensangrentado
de todo una raza?
Aquel hijo predilecto
De un hogar numeroso llamado pueblo.
Aquel que trasnochó
Destilando la medicina celeste
Para los dolores de nuestra Patria.
Y que nunca se vendió, ni se alquiló,
A cambio de un seguro de vida.
Si su presencia gravita y circula
En los dedos del hombre
Que afina herramientas
Para acabar con el hambre.
En la luz que cae verticalmente al agua
Haciéndola más pura.
En la llaga abierta
Como roja amapola en la espalda,
En la frente, en la rodilla,
En las manos de los que siembran el fuego
Para que florezca la libertad.

César, pasa siempre por nuestro lado.
Viene de perfil y nos roza.
Se disculpa, por su débil estructura
De humano condenado.
Camina sin saco,
Llevando nuestras miserias
En toda su estatura.
Él acabado de llegar de París.
Acabado de salir de una prisión de Trujillo.
Acabado de hospitalizarse
Para no acabarse nunca, él

Trilce, El tungsteno, Paco Yunque
Y otros frutos amargos y dulces
Contra el tiempo.
Cosechando todo los bordes del abismo.
Donde se precipita y no muere
El resplandor de la Tierra.
Donde corre la vena fresca de la Luna,
Para inmortalizarese
En el océano limpio de otra vida.

A pesar de los heraldos trágicos y
De los cuadrúpedos Atilas,
Que tanto hicieron para ocultar y silenciar
La vocación rebelde de César Abraham.
A pesar de lo que hacen hoy
Para quitarle poco a poco
El filo de su lengua.
Torciendo su figura
Para depositarlo dócil sobre un billete,
Que luego incinerarán,
Para impedir su probable resurrección,
Porque saben
Que su poesía tiene cuerpo y ánima
Tiene fuego sonoro. Verdad de piedra dura.
En un rosario de martillos y coronas
Que brillan de tanto sangrar.
Y en sus versos menudos
Como saetas de trigo,
Se fecunda en el territorio
Del martirio y de la gloria,
Para los hombres de esencia superior.
Así es que, se equivocan
Quienes han fabricado un Vallejo,
Para sentarlo a comer
Con esas solemnes vacas, que se hacen llamar
“ Padres de la Patria”.
No entenderán que César,
Orgánicamente de carne y hueso,
Continua su elevada labor,
A través de los brazos de los oprimidos
Del planeta,
A través de los humildes rotosos,
A través de los audaces,
Que se juegan por entero y en primera fila
Por el bienestar de los demás.
A través de los que apuestan por el nuevo mundo,
Para que se libere el explotado y el explotador.

Por todo eso y más, mucho más,
César Vallejo ¡ Vive!
Los pueblos son testigos:
habla español en España,
habla francés en Francia,
y quechua en Santiago, el de Chuco.
Vive y se agiganta a la distancia de cien años.
Él nos sonríe con su mano juvenil
Sosteniéndose el mentón,
Mientras nos dice:
“ HAY HERMANOS, MUCHISIMO QUE HACER”
Por supuesto,
También, que deshacer.

Francisco Alva Hidalgo.

Francisco Alva Hidalgo:
Nacido en la bella ciudad de Wuari, Ancash. "La Perla de los Konchukos" Destacado profesional de larga trayectoria, periodista, investigador y distinguido docente de nuestra Universidad huachana José Faustino Sánchez Carrión.
En su trayectoria como educador en la universidad de Cerro de Pasco, fundó la Facultad de Aplicación, integró el Consejo de Administración CORPASCO, y gracias a su iniciativa concluyó la carretera entre Yanawanka y la cima de Huchuchakwa-Oyón. En la Universidad huachana desplegó intensa actividad en la tarea de su consolidación institucional autónoma. Desempeñó el cargo de la jefatura del Departamento Académico de Ciencias Sociales y Humanidades y fue Decano de Educación en dos periodos. Desempeñó también la Secretaría General del Primer Sindicato de los Docentes de la Universidad Huachana.
Como periodista fue corresponsal del periódico La Prensa de Lima en las ciudades de Wuari, Huariaca y Cerro de Pasco. Creador y conductor de los programas radiales de índole literario y Cultural HARAWI y CLAUSTRO UNIVERSITARIO, en Cerro de Pasco, luego en Huacho.
Consecuente con su especialidad literaria y de periodista, con cuatro décadas en la docencia universitaria, ahora se dedica con sinergia a difundir sus experiencias literarias, educacionales, culturales de diferentes temáticas, en Huacho, su morada predilecta.
Cuenta con varios trabajos de investigación en espera de publicarlos. En el 2008 publicó y presentó con gran éxito su libro Vigencia de la música Vernacular Ronda musical Warina.
El Dr. Francisco Alva Hidalgo es conocido como El Maestro de Poetas.
Fuente: Sociedad de Poetas


Gonzáles Prada

Colegio querido,
colegio bendito,
que todos los días
me brindas saber:
olvidarte nunca
y tus recuerdos
serán mi vida
ternura y verdad.

Por las mañanas
me acerco alegre
y cruzo contento
tu alrededor:
porque aspiro,
suave y dulce
las enseñanzas
que tú me das.

Llegan las tardes
aún más hermosas:
pasan las horas,
el día se va.
Retorno alegre
a mis querencias
llevándote íntegro
en todo mi ser.
(Wari 1953)
(Poesía tomado de su libro Vigencia de la Música Vernacular)

El Auto de Al Capone

31 enero 2009

Hace muchos años cuando aun era un niño, y escuchaba a mi padre contar las historias de Al Capone, me preguntaba como seria aquel carro en que emprendía su veloz partida al momento de la huida, mi padre hablaba con tal naturalidad que me hacia presagiar que en cualquier momento llegaría a ver a ese auto negro, de dos puertas, Ford de los años 20.
Recuerdo cuando jugaba en mi barrio de Cocharcas, hoy Mariscal Castilla, había un señor llamado Juanito, tenia un Ford negro pero moderno para los años 70, al que los muchachos del barrio le llamábamos Al Capone, guardaba el auto en la cochera del gringo “Cuy moro” Don Alberto Livora.
Tenía don Juanito unos amigos también taxistas a los que llamábamos Los Intocables,
Johnny Torrio. Llamábamos a don Gustavo, el más veterano de todos, Frankie Yale, era don Pedro, el más renegón del grupo, O’Banion, decíamos al loco Cesar, el más sobrado de todos, siempre paraba con el cigarro en la boca, y a los señores Carlos y José quienes eran los más tranquilos y calladitos de todos, los llamábamos Aiello y Bugs. Total eran todos unos personajes famosos del hampa en Chicago, Jim Colosimo, era el más temido de todo, pues así llamábamos al gringo matón de la esquina del barrio Santa Rosa, al temible Loco Pepe, le gustaba meter cuchillo a las pelotas de jebe que caían al techo de su casa.
Esta semana pasada al estar en la Provincia de Huarochirí, en Santa Eulalia, vi estacionado frente a un grifo, a un auto legendario de los años 20-40, dos puertas, color negro, Ford, y mis recuerdos al toque envolvieron en papel de fina nostalgia a la voz de mi padre contándome la vieja historia de los años 20, la vida de Alphonse Capone.
No dude mucho y dije al poeta Raúl Gálvez, quien iba al volante de se auto Lada, con mi voz un poco emocionado detente hermano, quiero tomarme unas fotos en el auto de Al Capone, cosa que accedió inmediato y Celia como si fuera una reportera grafica, imprimió varias fotos de la replica del auto de Los Intocables.
Cuando me atreví a entrar dentro del auto, mi viejo corazón de niño latía acelerado como si mi padre estuviera ahí, enseñándome al viejo Ford, con manizuela al arranque y dos faroles como ojos del tiempo alumbrando mis juveniles recuerdos.

Santa Eulalia 24 de Enero de 2009

Julio Solórzano Murga


Chosica, Sol, Paz y Alegría

30 enero 2009

A mi paso por Chosica rumbo a Santa Eulalia, quede impresionado por el clima cálido y la alegría de su gente. Lugar obligado a descansar después de un largo viaje desde Huacho. El poeta Chaco Gil nos recomendó visitar la casa de los Gatos, así fue, que en compañía de Raúl Gálvez, Luz Gutiérrez y Celia Ariza, nos dirigimos hacia la plaza central de Chosica y entramos a la famosa finca de los Gatos, el poeta Gálvez pregunto por los gatos que hacían famosa dicha casa y el mozo de la pollería que hoy funciona en dicho lugar, nos mostro el tejado de la pollería y efectivamente ahí estaban los gatos varios de ellos parados como si nos miraran, pero en realidad son unos gatos de yeso que graficaban como era en el siglo pasado esa casa llenos de gatos en su interior. Según los testimonios de sus habitantes estos gatos están ahí desde el siglo pasado, siendo el lugar preferido por el poeta José Fianzon. Luego de pernoctar por unas horas en el lugar, recorrimos su plaza, su feria dominical, conocimos al Cristo Redentor, que se ilumina de noche, reflejándose hacia el cerro que lo colinda, divisándose a varias cuadras de distancia,


Historia:

En los terrenos de la ex Hacienda Moyopampa, hoy emerge pujante y acogedora "Villa del Sol". La Nueva Chosica que un 13 de octubre de 1864, es gestada por una "Sociedad Urbanizadora que compra seis potreros con una extensión de 353,534m2 de propiedad del fundo de Moyopampa, dando así el nacimiento de un pueblo que mas tarde llegaría hacer un moderno y turístico distrito.
El Dr. Emilio Agustín del Solar y Mendiburu luego de superar una dolencia que lo postró un buen tiempo en Chosica Vieja, constituyó una urbanizadora, la misma que presidida por don Eduardo Dawkins, ejecutó la operación de compra - venta, por escritura N° 304, ejecutada en la notaría de Octavio de Oyague.
el 13 de octubre del año1864 se reunieron los miembros de la Urbanizadora Nueva Chosica, contando con la presencia del Dr. Emilio del Solar, se coloco la primera piedra de la futura población Chosicana en la propiedad del mencionado doctor.
Según consta la minuta N° 268, el vendedor fue don Enrique Espinoza, dueño del fundo Moyopampa, quien recibió 16,000.00 soles por la venta de sus predios.
El Sr. John James Impett, Superintendente del Ferrocarril Central, se encarga de levantar los planos de la futura ciudad, Los lotes mínimos eran de 1000 metros cuadrados (1000m2) y su costo de diez centavo el metro cuadrado. Así mismo logro unir Chosica Vieja con la Nueva gracias a la donación del puente colgante que cruza el rio Rímac.
Su primera avenida fue la Arequipa, debido a la numerosa población de arequipeños en la zona. Siendo sus primeros pobladores: Francisco García Calderón, Mariano Nicolás Valcárcel, Víctor Sánchez Benavides, el canónigo Valencia y otros.
Luego de dos años de fundado la nueva ciudad, el Congreso de la República mediante Decreto ley, eleva a capital del distrito de Lurigancho a Nueva Chosica, consiguiendo así su reconocimiento político por ley promulgada el 9 de noviembre de 1896 rubricada por el Presidente don Nicolás de Piérola.
El Decreto en mención, en su artículo único dice:
"El Congreso de la República Peruana ha dado la ley siguiente:
Art. Único.- Extiéndase el distrito de Lurigancho, de la provincia de Lima, por la margen derecha del río Rímac, hasta los límites de la hacienda de Moyopampa, con la provincia de Huarochirí, trasladándose la capital del distrito a la población que se levanta en Moyopampa, con el nombre de Nueva Chosica"