ENRIQUE FIDEL VERÁSTEGUI PELÁEZ

17 abril 2019


Desarrolla una extensa y fructífera carrera literaria de calidad. Nació el 24 de abril de 1950 en Lima. Estudió Economía en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Fue integrante del movimiento Hora Zero.
En 1976 obtuvo la prestigiosa beca Guggenheim de New York que le permitió viajar a Barcelona, Menorca y Paris, donde llevó cursos de Sociología de la literatura en la Ecole de Hautes Etudes en Sciences Sociales. Ha trabajado para revistas de la Amazonía y ha sido periodista en todos los diarios de Lima.
Fue seleccionado para representar a América Latina en el homenaje que los intelectuales del mundo entero le rindieron al poeta Allen Ginsberg en la Residencia de estudiantes y artistas americanos de París. En 1977, funda en París Hora Zero Internacional junto a José Carlos Rodríguez y André Laude.
Verástegui, fue llamado "el poeta prodigio" de Occidente por la revista francesa Les temps modernes (número 590, octubre 1996) y el "más imaginativo poeta peruano" por la revista estadounidense Inti (número 46, primavera 1997).
El año 1999, el Consejo Nacional Todas las sangres que preside Beatriz Moreno organizó el X Congreso Nacional y Latinoamericano denominado Enrique Verástegui en San Vicente de Cañete.
En el 2008 fue distinguido con el grado de Doctor Honoris Causa por la Universidad Latinoamericana de la Investigación.

Su trabajo comprenden libros de poesías, novelas, cuentos, filosofía, teatros, guiones de cine, ballet. Ha escrito ensayos sobre todos los poetas peruanos del siglo XX.
Algunas obras poéticas: En los extramuros del mundo (1950), Praxis, asalto y destrucción del infierno (1980), Ensayo sobre ingeniería, Angelus novus (Tomo I)(1989); Angelus Novus (2 tomos, 1989-1990), Cañete (Antología 1998). El libro de filosofía El análisis de la poesía (2007).

CAÑETE

(Al modo de Francois Villon)

En 1950 yo aún no vagaba en Cañete,
ni figuraba mi nombre en la casilla postal del correo:
mi poblado era más chico que ahora, más coloreado,
y más bullicioso: no había asfalto, ni luz,
ni agua, ni desagüe,
y su fresco cielo pintado mejor que un buen cielo de Seurat,
era envidiado mil kms a la redonda.

En mi pueblito no había día que no fuera ese día una fiesta:
y las canciones brotaban alegres como brotaba la flor de los cardos
en las murallas que cercaban Cañete.

No había viajero que no admirara su clima,
y la dulce uva borgoña mojando los labios
como el vino de miel escanciado de los viejos toneles,
y la alegría era el bordón de una guitarra de cedro.

Y los viajes a Lima se hacían por barco,
y demoraban toda la noche bajo esa estrella del Sur.

Ahora un viaje dura 2 horas -y se hace por auto
("Comité N° 1" o "N° 10" de transportes)
y todavía uno cree que 2 horas es mucho tiempo perdido.

En aquel tiempo time era time en Cañete:
y un manojo de flores era recogido como un saludo.

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