Microrrelato

09 enero 2019

El funcionario corrupto encaramado en su sillón se negaba a renunciar.  Pero rápidamente  fue perdiendo credibilidad, luego el respeto de sus subordinados, seguidamente la amistad de sus pares y, en los días siguientes, el respaldo de los políticos que  interesadamente  lo apoyaban. Y así fue perdiéndolo todo  a tal punto que cuando el pueblo enardecido irrumpió en su oficina ya no encontró nada, ni siquiera a él.


Dr. Ángel Gavidia.

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