Alan Ludwing Gabriel

23 noviembre 2018


No hay derecho. Y menos este  expresidente  tiene derecho alguno para poner al país en la mira del mundo por una inexistente persecución política, con los daños de imagen que esto ocasiona, ahora que, por segunda vez (la primera fue con el presidente Paniagua),   la justicia peruana trata  de aproximarse, precisamente,  a su esencia: ser justicia.
Algunas  empresas brasileras han expuesto a la vista pública cómo sobornaban, en nuestro país, a políticos y funcionarios con cantidades que luego recuperaban multiplicadas, y quien debía pagarlas era, como siempre,  el pueblo pobre del Perú, incluyendo,  claro, los habitantes del  Cerro San Cosme, el cerro que tose, como tan propiamente calificó un colega nuestro a ese emporio de tuberculosis multidrogo resistente. Y, desgraciadamente, hay sospechas muy serias que recaen en este expresidente. En el Perú no hay persecución  política, hay investigación a políticos, sí, y los políticos deben, ante la justicia, ser tan iguales como aquel pájaro frutero al que se investiga por haber arranchado una cartera; claro que en el pájaro frutero el monto sospechado es de cincuenta soles y en el político que nos ocupa  de "algunos" millones de dólares.
Por otra parte, hace mal Uruguay si considera que  su tradición de dar asilo a los perseguidos políticos lo obliga a ser cómplice de la impunidad. Eso no es contribuir a la mejor tradición del asilo político; es hacer, del asilo,  un túnel para la fuga, no de hombres que defienden sus ideas, si no de los que defienden , por decirlo eufemísticamente,  otras cosas. Uruguay puede  desprestigiar  esta institución tan latinoamericana y, en su tiempo, tan útil, la del asilo, si no distingue con severidad entre quien es un perseguido político y quien es un investigado por la justicia.
Cuando supe que García se había refugiado en la embajada uruguaya pensé que el partido aprista  iba a deslindar con esta actitud. Aún  espero, quizás ilusamente, que lo haga. Espero también que las universidades de mi país hagan sentir su voz. El Perú vive  un tiempo de erupción volcánica  cuyas lavas candentes son precisamente los descubrimientos  de hasta donde ha llegado la corrupción y a cuanto asciende. Pueden los involucrados con dichos actos sabotear el proceso  de investigación que nos lleve a la justicia. Y García ha demostrado que no  interesa el país, no interesa el gobierno, no interesa la tan cacareada democracia con tal de salvarse, si es que salvarse es  vivir ( solo físicamente, queda claro) con este nuevo estigma. Debemos por lo tanto  organizarnos en torno a la defensa de la legalidad y la justicia.



Angel Gavidia Ruiz 

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