LA SOMBRA DE ABIGAIL

11 julio 2016

Parece increíble que una experiencia paranormal tenga el poder de enloquecer a una persona. Yo tampoco lo hubiera creído cuando recién me instalé en el hotel La Casa de Algodón, antiguo establecimiento algodonero reciclado. Había llegado a la ciudad de Huacho, Perú, con el propósito de participar en el Segundo Encuentro Internacional de Poetas y Narradores.
Todo comenzó en la noche cuando apagué la luz de la habitación. Entonces tuve por primera vez, aquella extraña sensación de miedo. No miedo así, simplemente ante un ruido en la oscuridad o una sombra que desaparece. No; un miedo mucho más hondo, que no me pertenecía, y al que me entregaba con la certeza de no saber realmente si soñaba una pesadilla.
Recuerdo que estaba acostado y oí distintamente los pasos sobre el piso de madera del zaguán y, luego, dos golpes suaves en la puerta. Después, el ruido del picaporte deslizándose. Volví mis ojos interrogantes hacia la puerta. El miedo seguía creciendo, y empezaba a tener forma... En la oscuridad distinguí confusamente una figura de rostro joven. Se acercó a la ventana queriendo ver hacia fuera a través de la lechosa opacidad de los cristales empañados. Entonces, como quien abre una perspectiva de claridad y de ensueño, escribió con su índice un nombre en el vidrio, descubriendo a través de los trazos algo del claro rosicler del alba.
Lo cierto es que cuando desperté en la mañana, me di cuenta que estaba temblando. Escuché un instante y al convencerme de que una pesadilla era el causante de mi agitación, di media vuelta y miré hacia la ventana. Con gran confusión descubrí que no había soñado. El nombre de un fantasma o un ángel, que se llamaba Abigail, estaba escrito en el cristal. De pronto, un golpe de sol comenzó a entibiar la atmósfera, convirtiendo la ventana en un rutilante cuadro de oro. Se acrecentó la vibración del sol, corrieron unos hilillos de humedad por los cristales y el nombre fue forrándose...
Y así fue como, poco a poco, insidiosamente, Abigail se instaló en mi pensamiento, se apoderó de mi vida, se convirtió en una presencia ineludible. Muchas veces, durante los cuatro días que estuve en el hotel, al entrar en la habitación y ver la ventana, tuve la tentación de abrirla, de violar su secreto. Pero mi sentido del respeto -herencia de mi bisabuelo aborigen- y una oscura aprensión que ahora se que era miedo, me detenían...
___Juan Carlos Priotti    ARGENTINA___________

Ángel Poeta - Calderón, Analía Celeste - Argentina
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