SINESIO, LA INFLACIÓN QUITA AL POBRE EL PAN DE LA BOCA

19 agosto 2013

Escribe: Gerardo Alcántara Salazar
Doctor de la Universidad de Buenos Aires, Área Ciencias Sociales
 Con aires de  oráculo y brujo que todo lo sabe y todo lo puede, Sinesio López, articulista de La República, propone a “los académicos, a los políticos, a los actores sociales y empresariales”, un modelo económico basado en la demanda (más empleomás distribución del ingreso y un rol más activo del Estado)”, en sustitución del modelo que promueve “menos inflación”.
La inflación, como sostiene Sinesio, garantiza, más distribución del ingreso, pero de billetes devaluados, sin valor alguno. O para decirlo de otra manera, el dinero que venías ganando y te servía para algo, con la inflación, por más que te aumenten, diez, cien o mil veces, no te alcanza para comprar nada, como ya experimentamos en el primer gobierno de Alan García.  Pero esa es la milagrosa receta de Sinesio.
 Sinesio comete otro absurdo al decir que la inflación promueve mayor empleo. Todo lo contrario. Solamente aumenta empleo la economía que crece y mantiene estable la capacidad adquisitiva de la moneda. En el caso peruano, la moneda no experimenta pérdida de su capacidad adquisitiva más allá del 5%, totalmente lejos de la inflación de cuatro dígitos (7,200 %) al año, que se experimentó en el primer gobierno de Alan García.
 La inflación genera desempleo y no empleo. Si la inflación se multiplica por diez, el dinero reduce su valor real a la décima parte. La décima parte de mil soles es cien. La décima parte de cien es diez. Quien gana diez veces menos solamente puede comprar la décima parte de lo habitual. Como la inflación generaliza este efecto, la consecuencia inmediata no es el incremento del empleo sino todo lo contrario, puesto que si la demanda se contrae, el efecto consiguiente es la reducción de la producción y al reducirse la producción, las empresas no solicitan más trabajadores, sino todo lo contrario, los empiezan a despedir.
 Así es, Sinesio. La inflación reduce la capacidad adquisitiva, disminuye la demanda y al contraer la demanda obliga a reducir los volúmenes de producción, porque nadie está loco para producir aquello que no va a vender, provocando el despido de trabajadores. Los trabajadores expulsados no reciben pagas y si no reciben haberes no tienen con qué comprar. Así se gestan las crisis y recesiones. La inflación no aumenta el empleo, sino todo lo contrario.
 Plantear el aumento del empleo aumentando la inflación, solamente se le puede ocurrir a quien no entienda nada de economía o está pasando por un “estado especial de conciencia”. No habría que tomarlo en cuenta si no fuera porque lo difunde el Diario La República, que lee un vasto sector del pueblo peruano y un cierto grupo de profesionales que dicen ser de izquierda.
          Pero Sinesio tiene otra propuesta. Plantea “un rol más activo del Estado”, no lo dice cómo, pero es obvio que desea que el Estado asuma rol empresarial, sobre lo cual, Perú tiene un vasta experiencia. Quienes hace décadas administraron Electro Lima, y subían el precio del fluido eléctrico para aumentarse los sueldos, quedaron realmente ridículos frente a quienes administraron la totalidad de empresas que había estatizado Velasco y cobraban sueldos de burócratas dorados, mientras las empresas se convertían en chatarra y dejaban deudas por miles de millones anuales, muy superiores al monto total de las esmirriadas exportaciones. Para evitar que las empresas desaparezcan y los burócratas dorados pierdan privilegios, anualmente, en el presupuesto general de la República se incluían montos que afectaban el dinero de todos los peruanos.
          Impulsar “un rol más activo del Estado” en el Perú ha terminado en la privatización del dinero del pueblo. Al revés de lo que parece, el “rol más activo del Estado” no socializa lo privado, sino todo lo contrario, privatiza lo público. Es la manera más astuta de volverse rico sin arriesgar nada.
Sinesio, es increíble que te hayas olvidado que en el Perú lo que con más intensidad se ha experimentado es eso del “rol más activo del Estado”, cuando se fomentó el empleo en las empresas del Estado, multiplicando por diez el empleo, porque donde era necesario 50 trabajadores ponían 500 y si no había en qué ocuparlos inventó el PAIT para fomentar el empleo improductivo. Pero deberías recodar también las consecuencias. Esa política benefició a los militantes del partido de gobierno y arruinó a los demás peruanos.
          Un rol muy “activo del Estado”, Sinesio, fue la entrega de dólares MUC a los empresarios. El estado despilfarró el dinero de todos los peruanos entregando a los empresarios millones y millones de dólares, de propiedad de toda la nación, a la mitad o tercera parte de su valor real. La consecuencia fue eso que tanto te gusta Sinesio, la inflación y con la inflación llegó la miseria absoluta, que desapareció a la clase media, y en el país solamente quedaron unos cuantos ricos y millones de pobres. Así se fomentó la fuga de talentos, se agigantó la diáspora peruana empobreciendo el patrimonio cultural en el Perú.
Otra consecuencia de la “regulación del mercado”,  se produjo también durante la segunda mitad de 1980, cuando el gobierno publicó una detalladísima lista de productos que no debían ingresar al país, auspiciando la “sustitución de importaciones”, propiciando así el imaginario “desarrollo industrial independiente y autosostenido”, condenando al pueblo a comprar a precio de mercado cautivo, productos de pésima calidad. Fue la edad de oro de los contrabandistas, porque lo que estaba prohibido ellos lo proveían, pero ya sabes a qué precio, burlando el pago de impuestos al estado.
Sinesio, calculas mal en política, adoras el modelo utilizado por Alan García, cuando Alan García ya cambió de criterio. Si tú hubieses sido líder aprista en la segunda mitad de la década de 1980, cuando el conjunto de medidas destinadas a promover el “rol más activo del Estado”, desencadenó la apocalíptica inflación, te habría gustado ejercer la  “regulación del mercado”, y hoy serías archimillonario. Porque recordarás, el presidente anunciaba para el día siguiente, el precio de los productos que emanaban de las empresas del estado, que eran casi todas. Como burócrata mayor habrías enviado los productos a tus socios, los mayoristas, al precio oficial, contabilizando a favor del estado solamente esos montos oficiales, pero destinados no al mercado normal sino al mercado negro, al doble o triple del precio anunciado por el presidente. Te habrías quedado con la diferencia, con la mitad o las dos terceras partes de lo que dejabas al estado. Habría sido tu gloriosa experiencia, jugar con las empresas del estado y ganar mucho dinero, fomentando el mercado negro, a nombre del “rol másactivo del Estado” y de la “regulación del mercado”.
Debió ser ahí cuando Alan García comprobó que “la plata llega sola”. Mala suerte para ti, Sinesio, porque ni fuiste parte del aparato privilegiado del APRA en la década de 1980, ni Humala te ha dado poder. Pero claro, esa añeja propuesta, es para ti algo así como himno, al extremo de que te sientes gurú o guía y lanzas en el diario La República, del ocho de agosto, nada menos que una directiva,  La agenda posneoliberal. Postura muy modesta y desinteresada, ¿no Sinesio?
Lima, agosto de 2013.

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