LA SANGRE NO DOBLEGA AL PUEBLO

15 mayo 2015

Por Gustavo Espinoza M. (*)
 Ausente del país por razones de salud durante 24 días, no tuve oportunidad de comentar “in extenso” el grave conflicto suscitado en el Valle de Tambo y que ha dejado ya una dolorosa estela de violencia y muerte.
 El Paro de 72 horas ejecutado en gran parte de la región sur del Perú, y particularmente en Arequipa, constituye un elemento adicional que muestra la esencia de un conflicto que debe interesar a todos los peruanos porque entraña retos vitales para el futuro de la patria.
 Diversas opiniones se ha vertido en torno a la materia, pero no siempre los puntos de vista expuestos han estado ligados a la realidad, En mucho, los expositores se han dejado ganar por estereotipos  marcados, razón por la cual han sido clasificados unos como “extractivistas” y los otros como “antimineros”. Es bueno que veamos la cosa, de manera más objetiva, tomando en cuenta, sobre todo, la experiencia que fluye del acontecer ciudadano.
 Para los llamados “extractivistas”, en el destino del proyecto minero “Tía María” adjudicado por el gobierno de Alan García a la Southern Cooper, se juega el destino del país. Su concreción abrirá las puertas a la inversión extranjera, y ella nos hará ricos.
 Para los “antimineros”, la explotación de los recursos del subsuelo contamina las aguas, el medio ambiente y la bio diversidad. Hay que volver -parecen decir- al mundo agrario.
 La simpleza de ambos razonamientos, es evidente. La “inversión extrajera” no solamente que no9 nos ha vuelto ricos, sino que ni siquiera nos ha permitido subir por los escalones del desarrollo.
 Proyectos vigorosos como Toquepala o Cuajone, Marcona o Cerro de Pasco, y muchos más, no solamente que no han enriquecido al país, sino que, por el contrario, han depredado, hasta el extremo, el medio ambiente y han empobrecido –cuando no, envenenado- a la población. El 97% de niños, pacientes de enfermedades pulmonares derivadas del plomo, es una prueba categórica; como lo es también el estado de postración y miseria que agobia a las poblaciones ubicadas en la cercanía de los proyectos mineros.
 Pero eso no ocurre porque la explotación minera sea mala en sí, sino por la desmedida voracidad de las empresas imperialistas,  que buscan extraer la riqueza de nuestro suelo y enriquecerse con la mínima inversión y la máxima ganancia, y en el más breve plazo.
 Ellas hacen uso de recursos químicos que facilitan la extracción de mineral, pero que contaminan la naturaleza y envenenan la especie. Para extraer oro, por ejemplo, utilizan altas dosis de Mercurio, que genera ingentes daños a la agricultura y a la ganadería.  Eso, se ha demostrado.
 El valle de Moquegua -antes de la explotación de Toquepala- fue una hermosa zona,  útil para el cultivo y a la ganadería lechera. Con la mina, murió a comienzo de los años cincuenta. 

El Perú tiene ingentes recursos extractivos. En estudio hecho en los años 70 demostró que del total de la riqueza minera existente en nuestro subsuelo  se había extraído, desde la llegada de los españoles hasta ese instante, apenas un 12%- Teníamos entonces un 88% de minerales aún intocados.. Un Congreso de mineros de oro -hace algunos años- admitió que se necesitaría de unos 200 años, para extraer el total de ese mineral subyacente  en el Perú.
 Lo que ocurre es que la Clase Dominante, que no ha protegido al país, tampoco ha tomado en cuenta a la población peruana. Por eso ha entregado  los recursos mineros a consorcios extranjeros, que se han llevado afuera nuestras ingentes riquezas gozando también de las mayores facilidades para hacerlo pronto y con el menor costo. Nos han dejado huecos, además de hambre y de miseria.
 Ello explica largamente la oposición resuelta de la población peruana a nuevas inversiones. Y justifica plenamente la lucha de los pobladores de Cajamarca contra el Proyecto “Conga” -en manos de Yanacocha- y de “Tía María”. Y no se trata de objeciones planteadas por “pequeñas minorías”, sino por poblaciones enteras. Las poblaciones no sn “anti-mineras”. Simplemente quieren vivir en paz
 El valle de Tambo y las localidades de Cocachacra, La Curva, La Punta de Bombón, o el Arenal, fueron territorios edénicos. Me consta personalmente porque viví en ellos inolvidables días de infancia. Pero hoy son zonas de guerra. ¿La culpa de eso la tiene la población? ¿Los “grupos antimineros”? Por cierto que no. La tiene la voracidad de la empresa y la terca voluntad de la clase dominante que busca obsesivamente concederles esa riqueza.
 Ella se  vale de unos y otros gobiernos para ese propósito. Alan García concedió el yacimiento a la Southern -¿a cambio de qué?-  del mismo modo que selló el acuerdo con Yanacocha por el tema de Conga el día anterior al fin de su mandato, en el 2011; en tanto que Humala se muestra dispuesto a cualquier cosa para hacer realidad el sueño imperial Sangre y muerte se aúnan a tal empeño.
 Lo importante es saber, finalmente, que las cosas no habrán de ocurrir como quieren “los de arriba”- No solamente porque existen cláusulas legales que obligan a recabar la “licencia social”, es decir, la aquiescencia de la población; sino porque, además, es claro que no se puede hacer nada sin contar con el apoyo ciudadano.
 La experiencia mundial nos ha demostrado hasta la saciedad, que no basta defender una causa -incluso justa- para triunfar. Es necesario, además, tener fuerza para convertirla en victoria. El tema es que algunos creen que “tener fuerza” es hacer uso de las armas para doblegar al adversario. Y las cosas no son así. Cuando hablamos de fuerza, hay que aludir a la capacidad para ganar la conciencia y la confianza de los demás, para tener capacidad de persuasión, y convencer a otros de la justeza de nuestra causa.
 En términos actuales, eso implica ganar la batalla de las ideas en la confrontación social  y superar antagonismos con inteligencia y  valor. No es la sangre, la que doblega a un pueblo. Es la verdad, la integridad, la moral se combate, la que se impone por encima de los caprichos de unos y los intereses de otros..
 El Perú vivió muchos  años sin hacer uso de recursos extractivos . Nada de eso nos convirtió en salvajes ni en primitivos.. En cambio, la voracidad del Imperio convirtió a los gobernantes, en asesinos.  Y eso, es intolerable.

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