ARTURO BOLÍVAR BARRETO Y SU "GOTITA"

27 junio 2014

   (Por Raúl Gálvez Cuéllar)


Al conocer a este gran escritor le pregunté:
-¿Tú eres Bolívar?
-Sí.
-Yo soy San Martín,  -le dije extendiéndole mi brazo para un franco apretón de manos, y entonces algunos poetas sonrieron.

Fue en este último jueves en la Feria Popular del Libro del jirón Amazonas en Lima, cuando inmediatamente intercambiamos nuestros libros debidamente autografiados.

ARTURO BOLÍVAR BARRETO es autor de "Gotita", buen libro del cual puedo decir fraseando a Marco Aurelio Denegri que "lo leí de un tirón" porque revela el drama de un grupo de "pirañitas" que escapados de sus infelices hogares (miseria, alcohol y maltratos), viven en un tubo ancho y grande que era desaguadero en desuso, y que por lo mismo había sido abandonado y semienterrado entre montículos de hormigón, rocas, escasas yerbas y basura en la ribera del río, de donde los niños subían como fantasmas hambrientos a la ciudad indolente donde habitan "los que visten mejor y tienen plata".

Gotita, Culebra, Mocón, el Gallina, Muymuy, el Cojo, el Tuerto y el Mosquito son los  terokaleros, a los que después se unieron el Fiero con su hermanita Princesa, de ocho y de tres años respectivamente, a quienes Gotita descubrió durmiendo en una gran canasta por las inmediaciones del mercado, porque habían huído del padrastro que les maltrataba obligándoles a llevarle el dinero diario para sus borracheras. Cabe anotar que la edad de los chiquillos promedia los diez años, y que hacia el fondo del tenebroso y maloliente tubo vivían "los viejos" de 17 a 20 años, en un espacio totalmente oscuro pero que para ellos era "el más confortable", e inviolable porque nadie aparte de estos "viejos" podía entrar, puesto que los menores ocupaban otro sitio en el mismo refugio, pero a escasos metros de la boca de luz del exterior.

El Gallina, un par de años mayor que su hermano Gotita de ocho, había sido constantemente arrojado de su casa por el padrastro, razón por la cual el Gotita lo había visto pocas veces. Entonces el Gallina se instaló en la cueva donde los muchachos recostados en sus concavidades llevaban a sus narices bolsas que aspiraban hondamente hasta quedar aturdidos. A la muerte de la madre, Gotita escapa y se reencuentra en la caverna con su hermano, su único protector de quien no piensa separarse más.

BOLÍVAR BARRETO  relata claramente las vicisitudes de estas fierecillas humanas, violentas ante la necesidad de comer las sobras en los restaurantes, las frutas podridas de algunas carretillas, y de demandar limosnas sino el hurto obligado ante la atroz insensibilidad.

Nuestro Autor despliega una prosa sin aspavientos, convencido de que así debe ser la Literatura, contra los lucimientos innecesarios que frecuentemente adornan -digamos mejor afean- otras narrativas. Y es que de modo directo nos lleva al naturalismo mágico y lo real maravilloso cuando Gotita conversa con los pelícanos y lobos de mar; y es aquí donde aparece la raza del docente para convertir su obra en sabias enseñanzaas.

Mis sinceras felicitaciones querido Colega Arturo Bolívar Barreto.

                                                                  Raúl Gálvez Cuéllar,
                                                              Lima, 19 de mayo de 2014


 
Arturo Bolívar Barreto

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