HOMENAJE A LUIS PARDO, EN EL 139º ANIVERSARIO DE SU NACIMIENTO EN CHIQUIÁN

19 agosto 2013

HIMNO A LUIS PARDO
Armando Alvarado Balarezo (Nalo)
. 
Florece en la tierra una bella historia,
y se eleva al cielo un grito inmortal,
trinan las guitarras melodías de gloria
desde Chiquián hasta Pancal.
.
Hermano solidario del desvalido,
héroe anónimo de la justicia social
en tu memoria el pecho se agranda
cantando un huayno en el pajonal.
.
Desde el Huayhuash hasta el Tucu Chira,
sembraste en tu ruta laureles solidarios
llevando abrigo a los parajes solitarios
bajo los ojos del que todo lo mira.
.
Luis Pardo, bandera de libertad,
fuiste grande en el corazón del Ande
y más grande frente a las balas asesinas,

que te despojaron de todo, menos del Sol.

LUIS PARDO: 
.Aquel 5 de enero
Por Armando Alvarado Balarezo (Nalo)

Como el cóndor alzaste vuelo
batiendo tus sangrantes alas;
abajo los cuervos quedaron:
¡revoloteando en el suelo!.

Tu Chiquián se ahogó en llanto,
no cantaron los pájaros
ni doblaron las campanas,
¡de dolor!!!!, por el hijo amado.

Fuiste indómito en el amor,
buen amante y compañero,
que hasta a la Muerte hiciste delirar,
sobre el lecho de un río embravecido.

Pero no sufras más, Bandolero,
que tu Andarita no está solita,
ella florece con el viento,
con el Sol y la lluvia.

Hoy, un siglo después,
sigues cabalgando bajo la Luna
cuando el pueblo duerme;
ahí, donde retumba el trueno.

Ya un día no muy lejano
¡estaremos frente a frente!,
tú me extenderás la mano,
yo te daré un abrazo de hermano.

Chiquián, 5 ENE 2009

EL CANTO DE LUIS PARDO
 .Por Luis Pardo Novoa
.
Ven acá mi compañera;
ven tú, mi dulce Andarita,
tú sola, sola, solita,
que me traes la quimera
de aquella mi edad primera,
que en el campo deslizada,
junto a mi madre amada
y de mi padre querido,
era semejante al nido
que hace el ave en la enramada.

Ven, consuela al solitario
que por jalcas y oconales,
sin hallar fin a sus males,
va arrastrando su calvario.

Fue el destino temerario
al empujarme inclemente,
como por rauda pendiente,
desde lo alto del peñón
se desgaja algún pedrón
que rueda y cae inconsciente.

A mi padre lo mataron,
mi madre murió de pena;
ella, tan buena, ¡tan buena!
¡Ellos que tanto me amaron!
Con ambos me arrebataron
lo más que en el mundo quise.

Pero aún la suerte me dice:
“Ama, adora a una mujer”,
que hube también de perder…
pues nací para infelice.

De entonces, ¿qué hube de hacer?
Odiar a los que me odiaron;
matar a los que mataron
lo que era el ser de mi ser;
en torno mío no ver
sino la maldad humana;
esa maldad cruel, insana,
que con el débil se estrella,
que al desvalido atropella
y de su crimen se ufana.

Por eso yo quiero al niño;
por eso yo amo al anciano;
y al pobre indio, que es mi hermano,
le doy todo mi cariño.

No tengo el alma de armiño
cuando sé que se le explota;
toda mi cólera brota
para su opresor, me indigna
como la araña maligna
que sé aplastar con mi bota.

Yo aborrezco la injusticia;
yo quiero al que es desgraciado,
al que vive abandonado
sólo por torpe malicia;
yo maldigo la estulticia
de tanta gente menguada,
porque al fin de la jornada,
puesto que la vida es corta,
la vida a mí qué me importa
porque ¿qué es la vida? ¡Nada!.

De mi provincia las peñas
y el viento de mis quebradas,
me delatan las pisadas
del que me busca en las breñas;
hasta las ramas son señas
que de la suerte merezco;
ni me asusta ni padezco
si alguien me mira altanero;
yo soy como el aguacero,
que al soplo del viento crezco.

Brama, brama, tempestad;
ruge, trueno, en el espacio,
¡Bendito sea el palacio
de la augusta Libertad!
Cielo, con tu inmensidad
vas mis pasos amparando.

El rayo me va alumbrando
si viene la noche oscura,
en medio de su negrura
para seguir caminando…

Llega la noche. En el cielo
salta la luna serena;
dentro del pecho mi pena
parece hallar un consuelo;
sobre el campo, blanco velo
se extiende, y como visión,
detrás de cada peñón
parece ver a mi amada,
que viene como escapada
a buscar mi corazón.

Cae la noche, en el cielo
surge la argentada luna,
triste como mi fortuna,
sola cual mi desconsuelo.

A su luz beso el pañuelo
que me dio a la despedida,
que en su llanto humedecida
besó ella con pasión loca
y que guarda de su boca
la huella siempre querida.

Y me persiguen, ¡traidores!
siempre fueron sin entrañas,
les espanta mis hazañas
que no son sino rencores.

¿Dónde están mis defensores?
Para mí, nadie es clemente;
nadie piensa, nadie siente.

¿Quieren matarme?, ¡en buena hora!
Que me maten si es la hora,
¡pero mátenme de frente!.

LUIS PARDO
.(Vals)
Letra: 
Abelardo Gamarra
Música:
Justo Arredondo
 ***
.Ven acá mi compañera,
ven acá dulce Andarita,
tú sola, sola, solita,
que me traes a la quimera.

De aquella mi edad primera,
en los campos desdichados,
junto a mi madre amada,
y de mi padre querido,
era semejante al nido,
que hace el ave en la enramada.

Por eso es que quiero al niño
amo y respeto al anciano,
al indio que es mi hermano,
le doy todo mi cariño.

Yo tengo el alma de armiño
cuando veo que se explota,
toda mi cólera brota,
y de tristeza me indigno;
cual una araña maligna,
que hoy aplasto con mi bota.

Surge la pálida Luna,
sobre la noche serena,
allá en los campos de avena,
se mece como visión.

Detrás de cada peñón
parece ver a mi amada,
que viene como escapada,
en busca de su corazón.

Si me persiguen traidores,
siempre fueron sin entrañas
se espantan de mis hazañas
que no son si no rencores.

Dónde están mis defensores,
ya para mí no hay clemencia,
si han de matarme en buena hora,
pero mátenme de frente.

Yo soy señores Luis Pardo,

el famoso bandolero.

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