"La geometría del profesor": María Fernanda Quintero Álzate

12 febrero 2012

El profe partió con sus recuerdos.
El profe, como lo solían llamar sus alum¬nos, se distinguía por un bigotico hecho en ángulos de noventa grados a cada lazo de su bozo. ¡Todo en él parecía medible! A dife¬rencia de otros enclenques maestros, tenía unos enormes brazos musculosos, que des¬de joven había adquirido en el deporte. Es¬tos le daban un aspecto fornido. Según decía su esposa, su prominencia torácica estaba marcada por sus luchas en el cuadrilátero. Gozaba de haber practicado, de jovenzuelo, la lucha libre.

Su padre, estricto y despreocupado, decía:

-¡Esto es diversión de sinvergüenzas, que se camufla como deporte!

En su casa permanecían obras de arte, li¬bros, revistas y periódicos hasta en los ba¬ños. Cada miembro de la familia que en¬traba a cagar al baño se ponía a leer. ¡No alcanzaba a desocuparse la cisterna, cuando ya debía terminar la lectura! Algunos dura¬ban sentados por horas, hasta que otro to¬cara la puerta. La casa del profesor era bien particular… o ¡singular! Recuerdo.

En el baño colgaba una reproduccioncita exacta del cuadro de Cézanne, pintor de Aix-en-Provence. Pintura de nutridos colo¬res que, con matices encendidos, resaltaba ciertas flores diminutas muy al estilo medi¬terráneo. Ese signo del arte le daba un as¬pecto tranquilito al baño, la ducha y el sani¬tario. Hoy día, el famoso original reposa en el museo de Vincent Vangoth, en Holanda.

-¿Original?

-Sí. Sin ningún decoro, la propiedad de la pintura estaba extraviada y no era pre¬cisamente en el baño de la casa del profe. Ridículamente, las obras de arte no descan¬saban donde debían. ¡Siempre en el mundo artístico están el robo, el plagio y el enredo bien institucionalizados!

¡Nunca están las cosas en su lugar!

El profesor, aborrecido por tantas almas en el pueblo, se sentaba todos los días al 3 mediodía a leer el periódico.

¡Sólo lo amaban los libros y un par de gatos! Nadie lo estimaba más que aquellos anima¬les. Lo querían como él se lo merecía. Él, un alma buena, limpia e impecable, servía a la ciencia desde su casa.

¡Trabajaba de día y noche como burro de carga! ¡Leía testarudamente!

Para sus habituales lecturas, compraba las tres prensas que circulaban en su ciudad. No le importaba que todas dijeran las mis¬mas mentiras con diferentes verbos: a él le gustaba leerlas. Tenía sus preferencias, pero no las dejaba conocer...

Una mañana, sin más, el profesor, que tanto insistía sobre la ecuación de segundo grado, dijo que la fórmula se la habían robado al poeta Omar…

-¿Cómo? ¿Cuál poeta?

-Omar Khayyam.

-¡Ah! El poeta persa.

-Sí. Omar Khayyam, el matemático, filó¬sofo, astrónomo, conocedor de la lengua Farsi y gran reformador del calendario mu¬sulmán.

-¿Escritor del poema el Quatrenio? 4 -Sí, ¡el adorado por los musulmanes!

Hábilmente, decía nuestro profesor que los europeos se “tumbaban” lo que fuera. Los árabes, con su cultura magnífica, habían quedado en la línea suspendida de la his¬toria y con ello nuestro mal aprendizaje del universo. Los occidentales se adjudica¬ban inventos, conocimientos y saberes de la historia que a veces no les correspondían o que plagiaban. Justamente eso le había pasa¬do al poeta Omar Khayyam. Los europeos, deslenguados, desvirtuarían lo que fuera de los árabes con tal de no sentirse sacados en el tiempo.

A su casa llegaban habladores, profesores, amigos y estudiantes de todas partes para que les explicara sobre las mediciones, las variables y hasta la lógica que muchos inep¬tos no sabían. Decía de ellos:

-¡No saben, ni sumar!
Una mañana se levantó en un pueblo, era el nuevo profesor de la escuela. Caminan¬do por la calle principal, con su maletica de libros, vio que se le acercaba un muchacho mulato, quien le preguntó: 5 -¿Eso qué es?

-¿Qué?

-Lo que lleva debajo del brazo.

-Una escuadra.

Siguió recorriendo la calle principal, pero al llegar a una esquina la policía lo detuvo. Lle¬vado a la caseta, sentado, con su maletica al lado, el oficial, lo interrogó:

-¿Qué hace usted?

-¡Soy matemático!

-¿Y en este pueblo?

-Vengo a enseñar geometría.

-Mis libros y mis instrumentos geométricos,
¿por qué?

-Dicen que usted lleva un arma…

Mostró su maleta de cuero, llena de libros con temas de: astronomía, matemáticas, lite¬ratura, historia, antropología y algunas revis¬tas de Play boy. ¡Su escuadra de geometría la sacó de debajo de su axila! Le explicó que era una escuadra de medición y no un arma. ¡No dispara!, dijo.

El oficial lo miró... y agregó:

-Perdone usted profesor, nos equivocamos. 6 ¡Confundimos una escuadra con un arma! Usted sabe que nosotros los policías no sabemos de matemáticas. ¡Conocemos de otras cosas…!

Silencioso, el profesor lo miró fijamente y suspiró…

Recogió los libros, no sin antes cerrar su maletincito y dejar las chicas de play boy en la superficie de la maleta. Su escuadra la colocó en su sitio anterior y se despidió con un:

¡Hasta luego!

Esa mañana, no se contuvo un día más de ver el mundo al revés y decidió irse. Ago¬tado, se cansó hasta de su mujer y de sus hijos.

¡Desapareció!

Hablaban algunos de que se había ido para otras tierras, pero seguía dándole importan¬cia al álgebra de Baldor. Explicaba que si la gente no entendía mínimamente a Baldor…

¿Qué podrían aprender?

¡Nunca supo que sus hijos serían matemá¬ticos! Todos ellos respondieron a las varia¬bles matemáticas y al cálculo que, gustosa¬7 mente, habían aprendido con él.

¡Las matemáticas las pondrían al servicio de sus existencias!

El profe partió con sus recuerdos. Se fue con su ábaco, la escuadra geométrica y su maleta llena de libros. Nunca regresó.ESTUDIOSLicenciada en Ciencias SocialesMaestría en Geografía ColombiaEstudios Latinoamericanos Paris III Francia. DEA Cursos en filosofía política. Paris 8. Francia DEA

EXPERIENCIA

Docente Universitaria Investigadora social: memoria - territorio y cultura en comunidades indígenas y campesinas.Articulista en temas de Derechos humanos y análisis político.SEUDONIMO: Sara Leukos ver: páginas web Kaos en la red, Rebelión, Aporrea , La hiena, el periódico socialista en Uruguay.

PUBLICACION -Fotografía portada: Cartilla Indígena 1998.-Fotografía Universidad de los Andes 2006 1996 - Derechos Humanos en Colombia: VI Jornada de memoria. Rosario Argentina.2011-Conferencia Universidad Nacional de Antioquia –Colombia -El trabalenguas que ya no traba: en memoria a María Esther Cayapu (Crónica editada 2008) -Sombras y Relatos (libro editada 2011.)- Próximo trabajo: cuentos de narración corta( en proceso)

1 comentario:

Anónimo dijo...

interesante

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