José Pablo Quevedo: POEMAS

28 enero 2012

Arte Regresivo
Poemas contra la guerra


El escenario del mundo

Bizarros guerreros,
antiguos y modernos,
métricas espadas,
el uranio de las balas.

Aquiles y Hera,
Perseo y Minerva,
Apolo y Ulises
se desalman en la guerra
por el vellocino de oro.

(Y en esta escena
el amor queda tuerto).

En la segunda batalla-
desde Villa Romana-
hay diez legiones de guerreros
que marchan a Germania
a Galia y a Egipto.

(Y Julio César, Bruto,

Marco Antonio y Cleopatra
quedan muertos).

Del molino a la máquina,
de la rueda al láser,
y de los cañones a los rambos,
hay los Reagan, los Bush y los Nixon.

¿Pero la copia del ayer,
lo hace también Obama desde Casa Blanca,
pues el capital no es negro ni blanco,
y todo por el vellocino del petróleo?

Obra plástica en hierro

(Gracias a Julian Assage y a Wikileaks)

Con el hierro en la mano
Caín mata a su hermano.

Con el carro de guerra
y con ojo de cíclope
se puede calcinar la rosa,
se puede convertirla la belleza en chatarra,
y el hierro puede más
en desalmar una obra de miles de años,
y miles de aldeas y cientos de naves.

Matar a los hombres como a pajaritos
sea con el garrote o la bala
-es la imaginación espúrea del yanqui-,
que en salto de metralla
y en el tiro de la muerte
regresa al hombre
a la etapa de las cavernas.

Contra una posible amenaza termonuclear

Perspectiva del plomo,
del árbol muerto
en la sed de los astros.

El viento seco sin huella.

El dolor, sin dolor, en su sombra.

¡Hiroshima!

El huevo encubado
en el agua de las máquinas
como un sol negro
ardió tu corazón.

Fue una nube radiactiva,
parida en un U.S.A.-laboratorio.

Lo recuerdo,
fué en 1945.

Los Ulises guerreros

Cuarenta estrellas tienen las banderas que los barcos portan,
pero esta vez ellas no brillan, ni hay sonidos de sirenas.

Los Ulises guerreros regresan en camas de zinc,
despedazados por la ira de una granada de cuerpo.

Como Aquiles, los marines, también tienen talones débiles,
ellos no saben que la arenas hablan el lenguaje de beduinos,
son incandesentes, hacen espejismos desde los cielos,
y tiene atrapes en los hoyos que esconden a la muerte.

Lo que se paga con la sangre dinamitada del USA-soldado,
el dólar lo ha comprado
en crudo de petróleo que hace brillar el Roll Royce imponente
para cualquier ministro o presidente.


El ojo de cíclope

La ciencia no debe de tener un ojo de cíclope
lo dijo Kant, certero y firme para hallar la paz eterna.

Pero los lobbystas y malabaristas de la guerra,
se sacaron el sudor de ese imperativo que les atormentaba
y arreciaron con sus aventuras contra el globo terráqueo.

Ellos lo fotografiaron con sus satélites, lo analizaron en sus colores,
vieron en sus profundidades las valiosas riquezas.
antes que sus bombas provocaran miles de lucesitas desde lo alto.

La ley de Todos contra Todos es el reino global-salvaje
del capital que no tiene color pero si miles de rostros.

En la retrospectivas de un televisor, percibimos a dos hienas
mostrando los colmillos con los coetes de la muerte:
Bush -Junior y Bush- Mister, pero también al predicador Obama
que intenta un nuevo bloqueo en el Golfo Pérsico.

Ornamento estético de la muerte

Las arenas de los desiertos arden bajo los pies invasores,
y un muchacho de Dallas, vestido a lo rambo, cae acribillado.

El credo: “por la patria murieron”, es el mito de la defensa,
la burla que esgrime cualquier ministro de guerra yankee.

Donde se embarrila el petróleo queda la sangre,
y más de un millón de cadáveres, nos reporta la guerra.

Ganancias del dólar o del euro une también a Europa,
forma nuevos países satélites como Polonia o Rumanía,
se les convence del juego con las ideas del “daño colateral”.

Nada importa, si hay montañas de hombres destrozados,
si aves de carroña harán banquetes con los cuerpos.

A las bóvedas del oro entran republicanos y demócratas.

Ellos lo toman y como un dios lo besan.

Los perfiles de sus “ rambos” se acuñan en monedas,
después de muertos son héroes.

Pero los incendiarios y parias volverán por donde vinieron,
con la cola entre las piernas o en camas de zinc.

La hienitud de las hienas

¡Estais muertos y no lo sabeís! César Vallejo

El cielo es corto en la mira del piloto,
y sólo las lucesitas que hacen
el estallido de las bombas sobre Sliten y tripoles
les recuerda a Roma
hecha herida gigante por la mano de Nerón.

Pero todos duermen en París
o en Marsella o cualquier ciudad alimentada
por el televisor en la palabra de opereta Sarkozyana.

Ellos están muertos y no lo saben.

Cada piloto se persigna para ganar el juego
con el disparo mas desagarrador y penetrante.

Ellos saben para quién Dios estará en ese momento.

En cada portaviones hay uno y otro cura
que las armas bendicen,
en donde raya en la misma raya la misma lengua
de “la guerra ya perfecta”,
la ortografía definida con ese "telòn de fondo" de la muerte.

Hienitud de las hienas con las palabras imperiales
que vomitan estatuas sin brazos
ante las fuentes del Congreso Nacional de Francia.

Clamores de guerra nueva
(mi canto, tu canto)


en el disparo que suena la salida sospechosa
se desploma el aire, ya no hay lumbre, cae lo que cae
ni el insomnio de la madre ante la vela acongojada
podrá retener lo que cada noche la infamia llenaría
tanto barro tiene la historia bajo los pies del coloso
tanto miedo ha infundido que repiques son de muerte
su solos brazos atenazan diez aldeas y hay estupor de gente
y fuego en las montañas y estampidas y caos despavorido
de sus manotazos y de su máquina de guerra insaciable
tantos pueblos lo saben, cicatrices llenan sus historias
el ruido de la tormenta del norte rico siempre les llega
para apoderarse de lo que hoy vitales recursos llaman

Pero aquí, al sur de Iraq, y al norte de Afganistán
las voces que vienen de los desiertos, calientan el aire
son granos de arena que forman y forman las montañas
candentes son como los propios soplos de la vida del hombre
que los pies del coloso queman y su cuerpo lo desagarran.

Berlín, 2007

El coloso soñando con devorar nuevos mapas

Las sirenas solamente cantan triunfos al coloso del petróleo,
al coloso de la pose de la guerra en portaviones victorioso
ellas ensordecen las orejas de los hombres, los hacen guerreros
hoy en día -con trompetas-, la caza del Irán, ya nos anuncian
lo que se publica en Berlín, se sabe en París, y Londres muta,
y hasta Israel – hoy, monopolio de fariseos -muestra ya los dientes ,
se retrata la muerte en el daño colateral en lucesitas de los coetes
lo escribe el País, el New York Times, el Figaro, y la Gazeta
el pulso del coloso calienta el aire, calienta el gatillo de pistolas
todas ellas, en el dedo índice, ajustadas al disparador y a sus ojos
cien metros planos es la partida que barrerá un nuevo mapa
pies que son pezuñas, hipo furioso, Marte de Guerra es el coloso
saber que a Pinocho le crece la naríz cuando miente, es conocido
sobre todo, cuando se juega con baba espesa y con promesas
entre centellas y música de Holliwood, el coloso es vida y todo vigor
del circo romano que sigue siendo hechizo de bellas y de tontos.

Berlín, 2007

El último soldado caído, no se cuenta en una guerra

S.O.S.

Estoy herido en una zanja,
siento frío, de hielo son mis manos,
mis piernas están pulverizadas.
Sólo un mar de cadáveres
ante mí,
para que otro mar los limpie.
Pero lo que más siento
es que no se me contará
entre los 50 millones de muertos
cuando los historiadores
ya no tengan la prueba
de mi muerte.

Sólo sé que las nubes fueron más voraces


Solo sé que
las nubes fueron más voraces,
cuando orillabas tus recuerdos.

Y, si acaso, tus ojos quemaban
hasta los rascacielos de Manhattan,
era porque
en la impertinente hora,
Moisés arrojaba a las Tablas de la Ley
a los abismos,
y su aguerrida figura, dejaba otra vez,
el desierto.

Y sobre su cabeza dos cuernos
de luz irradiaban.

Pero tu solo labio y tu sola oreja apaciguaba
cada músculo y cada nervio del profeta.

Y cada becerro de oro, sino no era adorado,
era arrojado a las aguas del río Nilo.

Febrero del 2001

Israel hiede a carroña

Israel, vuestro Primer mandatario,
pena con su mandíbula de mentiras,
y su burla es al quinto mandamiento.

Su canibalismo imperialista puede más
y puede más el olor a sepulcro y a carroña,
y puede más el exterminio del hermano,
para darle a su dios el beso de Judas.
Israel, vuestros ministros, son fósiles sepulcrales,
repugnancia que la misma repugnancia odiaría,
y que las mismas hienas se arrepentirían
de haber sido paridas en la crueldad de la noche
de una sola luna.

Israel, vuestros sacerdotes,
son, ahora, homúnculos germinantes
de las probetas testaferras,
reptiles que a la hora de muerte
se inyectan de venenos
y expanden el dolor con bombas racimos.

Israel, tú misma lloraste en tu cautiverio,
y tu dios te dio la paz y el maná del cielo.

Pero el becerro de oro puede más,
y nuevamente te has traicionado,
adorándolo junto a otras proxonetas de lupanares.


El último fragmento no será la estrella

El último fragmento no será la estrella,
no será el dolor o risa invertida,
ni será el parir de huevos de reptiles.

Con fósiles, !ya basta, y sus eruptos apocalípticos!

Acaso no fue parida una bomba
en los laboratorios de USA,
y experimentada en miles de cuerpos.

Acaso no quemó la radiación de una cloaca química
e hizo volar la tierra a otras tierras.

Y no fue el televisor, acaso,
a conocer aquellas maniobras.

Los generales no disparan.

Hay suficiente carne de cañón,
para quien nos habla de la „Madre Patria“,
y escupe el universo con los dientes,
y aplasta las rosas con las botas,
y quiere hablarnos de Beethoven
o de Hölderlin, cuando asesinan,
y, aún más,
cuando se masturban
en la carroña de los cuerpos ,
ya sin vientres,
ya sin manos,
ya sin ojos.
Y los labios que confesaron
un absoluto no matar,
los vuelcan
escupiendo con la metralla.

Berlín, 1994


Eludiendo al plan de un genocidio nuclear

„ A través de las bombas atómicas
serán salvadas las vidas humanas“
dijo el profeta Hans Bethge.
Y Truman saltó sobre el hongo nuclear,
en el salto más alto hacia la luna,
mostró su cara más elocuente que Nerón
cuando mandó abrir las entrañas de su madre,
y despedazó los recientes poemas nacidos
en los miles de niños por nacer,
en Hiroshima, a las 8.16 horas,
un 6 de agosto de 1945.

Mi amada, a pesar de todo,
no pereció en aquel hongo nuclear,
porque eludió a cualquier plan genocida.

Por que se hallaba dentro de una botella,
contenida para los planes de otro genio.


José Pablo Quevedo, viaja a la República Democrática Alemana en 1973 y en 1976 gana una beca para estudiar Filosofía en la Universidad de Humboldt en el Berlín Oriental.

La caída del muro y su proceso de reunificación melló profundamente en el espíritu sensible, analítico y reflexivo de este legítimo continuador de José Carlos Mariátegui, amante de la naturaleza e incansable estudioso de la historia y que confronta su propia Filosofía del Mundo Andino con el futuro de los pueblos de América. (Raúl Gálvez Cuellar)

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