Eliseo León Pretell: LOS LLANQUES…, DE MI INFANCIA

28 febrero 2011

Cómo olvidar la prenda,
de mis primeras huellas,
sobre las tierras bellas,
de mi estancia natal.

Cómo olvidar mis pasos,
dejados en aquellas,
noches de luna, estrellas,
luciérnaga y trigal.

Llanques, viejos amigos,
hermanos, compañeros,
Cómplices pasajeros,
de mi modesta infancia.

Tiernos, consentidores,
nobles y aventureros,
detrás de los corderos,
el pasto y su fragancia.

Cubrieron con cariño,
mi endeble pie desnudo,
fueron arma y escudo,
contra el frío y la espina.

El polvo del camino,
y el pedregal no pudo,
con mi paso menudo,
trepando la colina.

Mi niñez con sus llanques,
habitan mi memoria,
coloreando mi historia,
bajo el cerro Tión.

A esa vida campestre,
y demás trayectoria,
van mis versos de gloria,
desde mi corazón.


Autor: Eliseo León Pretell
*Poeta peruano
Houston Texas, EE UU


Cortesia: Angel Gavidia Ruiz.

RONAL GAMBINI VEGA

27 febrero 2011

Joven Aeda nacido en el distrito de Arancay, departamento de Huánuco, el 21 de abril de 1986. Egresado de la facultad de Ingeniería Industrial en la Universidad Nacional José Faustino Sánchez Carrión de Huacho. Ronal es un joven valor de la pluma huachana, su poesía es la respuesta a su nostalgia, a su soledad; ha volcado su corazón al verso que brota suave, cálido, con ella colma el vacío interno que lleva a pesar de su juventud. Desde el año 2006 integra la Sociedad de Poetas y Narradores de la Región Lima.

MARTÍN VALLADARES LLUSHO

Nacido en Huacho, provincia de Huaura. Es egresado de la Universidad. Nacional José Faustino Sánchez Carrión” de Huacho en la Facultad de Educación, especialidad de Lengua, Comunicación e Idioma Inglés. Su poesía tiene diversos temas, le escribe al amor, a la vida, en su poesía las cosas inanimadas y los animales cobran vida, como por ejemplo “El blah de los cubiertos”, “El blah de los animales” etc. En febrero del año 2004 fue ganador de un concurso de FRASES ROMÁNTICAS, organizado por Internet en el hermano país de El Salvador con motivo del día del amor y la amistad con “Amor por siempre”. Desde el año 2008 integra la Sociedad de Poetas y Narradores de la Región Lima

CÉSAR COLÁN VALLADARES

Nació el 6 de enero de 1982 en el distrito de Chancay provincia de Huaral. Realizo sus estudios básicos en su tierra natal, siguió sus estudios profesionales en la especialidad de Lengua y Literatura e idioma ingles en la Universidad Nacional José Faustino Sánchez Carrión de Huacho. Actualmente labora como docente en la Institución Educativa Particular Corazón de Jesus de nuestra localidad. El poeta César Colán es uno de los maestros de ceremonias infaltable en las reuniones culturales de la Sociedad de Poetas. Desde el año 2008 integra la Sociedad de Poetas y Narradores de la Región Lima.

José Pablo Quevedo: Para relativizar el espacio que no se desea ver

24 febrero 2011

Lo que no se ve detrás de una playa,
en un balneario lejos del mundanal ruido
-sea ese espacio llamado Hurghada o Safaga,
no deja mayor imaginación a cualquier turista europeo.

El solamente necesita la arena y el sol alto,
la crema para encebollarse la piel,
tener la revista con las coronados por cualquier gala mundial,
la finanza de Wall-Stree a su favor,
el buffet esplendoroso sobre la mesa mas larga,
el buen vino y el caviar apetecido de Rusia,
Y sobre las aguas del río Nilo,
que el sol caiga como un globo rojo sobre el mundo.
La nave con velas engalanadas va hacia las nereidas
y las Galateas que musitan la música de los cielos.

Expandir la mirada sobre el horizonte perfecto de la vanidad
es la divisa para relativizar el espacio que no se desea ver.
Nada debe de ser imperfecto en el dios de la imaginación
para extasiar el tiempo detenido y acaso romántico.

Pero en cualquier orilla del Nilo el tiempo estalla en iras.
La Plaza Tahrir en el Cairo hace temblar al mundo.
En Alejandría, Port Saud y Suez, levantan los hombres
sus puños como una ola.
En cualquier calle que une al puente de Kasr-al-Nil
hay bloques compactos de estudiantes.
Acaso el tiempo mide la tempestad que se avecina
contra políticos traidores y generales del lupanar
hechos en las probetas euroamericanas.

Aquí las palabras deconstruyen otros tiempos,
se quiere al tiempo con otra faz, el tiempo del pan
y de la seguridad y del derecho de vivir en paz.
Solamente que a nuestro turista, ni la radio, ni el botones
le hacen acuerdo de tan cercanos acontecimientos.


OH FARAÓN

Oh Ra! Oh Faraón imperecedero!
antes que tú, el sol que pasó también por los desiertos,
y el Nilo en su eterno andar hacia mil orillas,
acaso, el tiempo no vino descansando o corriendo en sus imágenes,
y pasó por miles de hombres y miles de puentes,
y la esfinge fue fructificada para su diario levantarse
y decirnos que la eternidad descansa en la piedra.

Oh Ra! Oh Faraón imperecedero!,
cuántas veces no oraste para decir, que eras como nosotros,
para compartir el mismo pan y la misma leche,
no prometiste sernos fiel y no cambiarte por moneda alguna,
ni dejarte corromper por el poder extranjero,
y acaso, no llevaste sobre tus hombres el único estandarte
blanco y negro y verde de tu pueblo.

Oh Ra! Oh Faraón imperecedero!
Tirano implacable de la muerte!,
no aprendiste a ser bondadoso sino la corrupta alga.
Tus ojos de metal son rayos que ahora arremeten con furia
contra tus propios siervos,
contra mercaderes, labriegos y estudiantes.

Oh Ra! Oh Faraón imperecedero!
Servidor espúreo y mordedura siniestra
en la cárcel de la muerte,
que mutilas las ideas y entregas a tu pueblo a la condena,
que le entregas solamente muletas para sus caminatas,
que le das ojos y quijadas postizas después de mil palizas.
Los labios que haz hecho reventar con golpes de tortura,
cuántas veces no te maldijeron y te escupieron en sus lamentos.

Oh Ra! Oh Faraón imperecedero!
La lava a los cielos caerá hacia tu reino,
se extenderá como hongo pirotécnico y te causará la muerte.
Nada quedará de tu canalla investidura, ni de tus medallas,
ni de las glorias que en miles de artificios construiste.
Todo será lamido por el polvo del tiempo
ante la luna que hace de tu ser un hueso blanco
para quemar esa costra espúrea del pasado.

Teodoro "Lolo" Fernández Meyzán

19 febrero 2011

El gran “Lolo” Fernández, el máximo ídolo del club Universitario de deportes y del fútbol peruano; nació en la Hacienda Hualcará de Cañete. Sin lugar a dudas, Teodoro Fernández Meyzán, sintetiza todo lo que ha caracterizado a Universitario durante toda su historia; garra pundonor, lealtad, sacrificio, visión y servicio. Tras pasar toda su niñez en Cañete, “Lolo” es enviado a Lima a sus 16 años para continuar sus estudios.
Su padre, Don Tomás Fernández, quería que sus hijos tuvieran un mejor futuro y por eso, uno a uno fue enviado a la capital, donde ya se encontraba Arturo el hermano mayor de “Lolo” quien por esos años defendía la camiseta del Ciclista Lima Association, el equipo “tallarinero” decano de los equipos nacionales.
Debido a sus buenas actuaciones en su posición de zaguero, fue contratado por Universitario de Deportes. Eran los tiempos de Plácido Galindo. Eduardo Astengo, Tito Denegrí, y otros. Nadie imaginaba en ese momento la trascendencia que tendía ese “jale”. Toda una dinastía Fernández al servicio de la mejor institución deportiva del Perú. Seguirían a Arturo, Teodoro “Lolo”, Lolín, José, Jorge. Pero nadie llegaría a la cima como Teodoro el gran “Lolo”. En marzo de 1930, “Lolo” vistió la casaquilla “crema” por vez primera. Inicialmente entró a la reserva, pero sus faenas lo harían titular y de allí en adelante, jamás dejaría los colores cremas. “Lolo” se convertiría en el símbolo de la “U”, la que al mismo tiempo lo llevó a la fama del fútbol peruano. Como hecho anecdótico, cabe señalar que el primer contrato de “Lolo” Fernández con la “U” fue por la suma de 120 soles mensuales. Con ello, tenía para pagar sus estudios y poder cubrir sus gastos. Sin lugar a dudas el gran apoyo de sus hermanos Arturo y José fue muy importante para su desarrollo tanto personal como futbolístico. Para la gran mayoría siempre fue un excelente jugador, sin embargo, nunca faltaron aquellos que señalaban que solo sólo se trataba de un “cañonero” y que no tenía técnica. Pero con sus grandes actuaciones, sobre todo a nivel internacional les tapo la boca a sus detractores. Basta con recordar su primer partido internacional con la casaca crema que fue ante el Magallanes de Chile (29 de noviembre de 1931). Junto a Mario Pacheco, José Fernández, Jorge Góngora y Luis Souza-Ferreyra, conformaron una tremenda delantera. El cotejo, jugado el 29 de noviembre de 1931, terminó con un triunfo de Universitario con gol de cabeza del gran “Lolo” Fernández. En el sudamericano de Lima de 1935, “Lolo” Fernández vistió por primera vez la blanquirroja. Despues vendría el combinado del pacifico, la gira con Alianza Lima a Chile, el equipo al que “Lolo” reforzó junto a su hermano Arturo. En esa gira derrotaron al Magallanes, al Colo Colo, al audaz italiano y finalmente al Wanderers. Luego vendrían los juegos OLÍMPICOS DE 1936 En Berlín, donde las mejores actuaciones fueron ante selecciones consideradas como favoritas como Austria, o ante Finlandia. En los juegos bolivarianos de Bogotá en 1938, Perú dio una lección de fútbol, donde se pasearon con Colombia, Bolivia, Venezuela y Ecuador. A su vez, “Lolo” fue el goleador de la selección peruana.
En 1939, en Lima, se organiza el campeonato sudamericano de fútbol. Se debutó ante Ecuador al que derrotamos 5 – 2. a Chile se le venció por 3-0. A Paraguay se le derrotó por 3-0 y por el titulo vencimos 2-1 a Uruguay en duro encuentro. Este sudamericano fue muy importante para “Lolo”, no solo porque fue el goleador del seleccionado peruano ya que se derroto en el último partido a Uruguay que era ya campeón olímpico y mundial. La figura de “Lolo” ya era conocida a nivel internacional es por eso que Arturo Crenovic, en ese entonces presidente del Colo Colo de Chile le entregó un cheque en blanco diciéndole:”fíjese Teodoro, aquí le doy un cheque en blanco, usted póngale la cantidad que Colo Colo se lo paga. Nosotros queremos tenerlo en nuestro equipo”. Sin embargo, “Lolo” dijo ¡NO! Él solo quería jugar por el quipo de sus amores, Universitario de Deportes. Lo mismo sucedería con el Banfield de Argentina, quién también accedió a reforzar en un partido jugado en Lima, contra el Newell’s de Rosario, haciendo pareja con Campolo Alcalde y René Pontoni. Despues vendrían los 5 goles a Racing de Argentina (24 de diciembre de 1944) a quien la “U” derrotó 5-3, volteándole el partido. “Lolo” salió en hombros en otra tarde memorable. Para él este fue uno de los mejores partidos que había jugado en su vida y uno de los mejores que recuerda de la “U”. Su adiós se produjo el 30 de agosto de 1935, y nada menos que ante el archirrival Alianza Lima. Ese día “Lolo” marco tres goles en la victoria de Universitario por 4-2. Alianza era un gran equipo poderoso. Era la época de Cornelio Heredia, Guillermo Delgado, Heraclio Paredes. Pero la U no se quedaba rezagada. Ya brillaba en esa época, Alberto Terry, “la Saeta Rubia”, Dante Rovay, “La Lora” Gutierrez, “El Quemado” Osorio y Manuel Arce, entre otros. La entrega de su casaquilla número “92 se realiza dos semanas más tarde en un partido frente al Centro Iqueño. Allí “lolo” le entrega su chompa a Manuel Arce y abraza a todos los integrantes de Universitario de Deportes. Los aplausos y sus lágrimas quedarán grabados en las mentes de los aficionados que asistieron al estadio nacional. Sin lugar a dudas, se retiró como un grande.
Palmarés:
Goleador:
Fue 7 veces máximo goleador de los torneos de 1932, 1933, 1934, 1938, 1940, 1942 y 1945.
Títulos:
Obtuvo 5 títulos de Campeón con universitario de Deportes. Primero en 1934, para continuar en 1939, 1941, 1945 y 1946.
En julio de 1952, se inaugura el estadio “Lolo” Fernández en la calle Odriozola y juega en el partido inaugural contra la “U” de Chile, anotando un golazo.
Teodoro Fernández Meyzán dejó de existir el 17 de Setiembre de 1996 a la edad de 83 años.

Cesar Calvo Soriano - Para Elsa poco antes de partir 2

07 febrero 2011

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Angel Gavidia Ruiz : DOS CARTAS...

Ayer envié a algunos compañeros dos cartas de Julio Ramón Ribeyro a su hermano Juan Antonio, una refiriéndose a Arguedas y la otra, a Vallejo. Hoy reenvío las cartas con algunas correcciones y añado un fragmento de la carta de Vallejo a Orrego. En la primera carta Ribeyro, reconociendo la calidad de Arguedas, dice una frase interesante: una cosa es escribir bien y otra, ser un buen escritor. Claro, digo yo, poner la vida, la sangre en el papel, escribir con el alma y con los huesos (en porciones iguales) como Rulfo, eso es ser un buen escritor. En la segunda carta el narrador limeño comete un error al citar a Vallejo en aquel verso: ¡Oh botella sin vino! ¡Oh vino que enviudó de esa botella!. Ribeyro omite una tilde: "enviudo", entonces la acción de vaciar la botella cae en el versificador. Y en cuanto al desconcierto que le produjo Trilce, Vallejo lo había predicho 34 años atrás, sino leamos la carta a Orrego.
Un abrazo queridos maestros.

Angel Gavidia Ruiz.

En una carta de Julio Ramón Ribeyro a su hermano Juan Antonio en donde le habla de Arguedas a propósito de la novela Crónica de San Gabriel en donde requería de datos a cerca de una cosecha de papas (Münich, 1 de junio de 1956)

Te agradezco tus detallados informes sobre la “cosecha de papas”. Hay solamente un dato que no me has enviado: duración del asunto. Es decir, cuánto tiempo transcurre entre la siembra y la cosecha, y en qué meses del año ocurre una y otra cosa. Esta larga detención en la redacción de mi novela me ha perjudicado. Quiero decir, que ha debilitado mi entusiasmo. Son muchas las razones. Acabo de leer, por ejemplo, Agua de José María Arguedas. Estoy admirado, abochornado. Arguedas no escribe mejor que yo, pero ¿cómo te diré? Escribir bien es una cosa y ser buen escritor, otra. Él ha vivido plenamente los problemas de la tierra, de las comunidades, de la provincia. Él ha tenido que aprender el castellano para escribir. En su pequeño valle andino se mueve como un pez en su pecera. A su lado, me siento un intruso, casi un usurpador. Es cierto que yo pinto la otra cara de la medalla. Él ve la sierra desde la “situación” del indígena, del oprimido. Yo lo veo, no diré desde la “situación” del opresor, pero si desde una indiferente complicidad. Además, para mí la sierra sólo es un pretexto, una decoración.

En otra carta de Julio Ramón Ribeyro a su hermano Juan Antonio en donde le habla de Vallejo (Münich, 30 de marzo de 1956)(…).

Preparo un artículo sobre Vallejo, necesito algunos materiales, entre otros, el libro de Samaniego sobre Vallejo. Si lo consigues envíamelo. En realidad es una cosa muy breve la que quiero escribir, pero quiero que sea substanciosa. Lo que pretendo es iniciar el proceso de Vallejo (en el sentido judicial) pero con la discreción suficiente para decir las cosas nuevas con palabras comunes. Vallejo es casi intocable y cualquier objeción a su obra tiene el carácter de un atentado contra la dignidad nacional. Hay cosas que yo no le perdono a Vallejo. Por ejemplo: Trilce. ¿Por qué no (sic) callarlo? Trilce es una tomadura de pelo. En ese libro Vallejo escribe como un provinciano que quiere provocar a la capital. Lo mejor de Vallejo para mí – a pesar de que muchos prefieren España, aparta de mi este cáliz- es Poemas humanos. Me lo sé casi de memoria. ¿Tú no crees que Vallejo escribiera borracho? Yo alimento esta duda. El verso reiterativo y cierto surrealismo en las imágenes es típico del estado etílico. Esto, sin embargo, es indemostrable. Salvo por aquel poema: “¡Oh botella sin vino! ¡Oh vino que enviudo (sic) de esta botella!”. En la elegía a Alfonso de Silva hay también algunas alusiones. Ese poema comienza así: “Alfonso estás mirándome, lo veo, / desde el plano implacable donde moran”. En una parte dice: “Yo todavía/ compro du vin, du lait, comptant les sous”. ¿Por qué pone al vino delante de la leche?”. Al final del poema hay además una alusión a los brindis que hacía con De Silva. No hay que olvidar que De Silva fue un borracho, como todos los artistas frustrados. En el fondo, ¿Sabes cuál es el drama de Vallejo? Es el de la gente del Ande que se establece en París: su vida interior no está a la altura de su soledad. Esto produce una forma particular de angustia que no hay que confundirla con el spleen de Baudelaire, ni con el ennui de los románticos. Es la angustia de ser enfrentado a su propia vacuidad interior. Esto, como podrás observar, no podré nunca decirlo en un artículo.

MEDIO PAN Y UN LIBRO.

Locución de Federico García Lorca al Pueblo de Fuente de Vaqueros (Granada). Septiembre 1931.

"Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. ‘Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre’, piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión.

Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado y contento de inaugurar esta biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada.

No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro.
Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.

Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?

¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: ‘amor, amor’, y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: ‘¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!’. Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.

Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser: ‘Cultura’. Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz."
Cortesia de Angel Gavidia Ruiz.

PROFESOR Y MAESTRO

Antenor Orrego Espinoza

El profesor te enseña para que puedas repetir la lección de la cátedra; el maestro te enseña para que puedas construir tu vida. El primero te imparte generalidades abstractas, es decir, teoriza tu propio ser y te empotra, como una simple pieza estándar manufacturada en serie, dentro de un esquema rígido. El segundo desciende a la intimidad concreta de tu alma, aflora tu riqueza interior y se constituye en el compañero de tu pasión, de tu agonía interna y de tu drama personal.
El profesor te esclaviza a un oficio; el maestro te libera hacia la vida. Con el primero la habilidad de tus manos puede llegar hasta el escamoteo perfecto de la vedad; con el segundo, es preciso que asumas la responsabilidad de tu dolor y que desciendas hasta el hondón abismático de la vida, por sombrío, por tenebroso, por lacerante, por trágico que sea.
Lo que te da el profesor está siempre fuera de ti y te fija siempre un gesto; lo que te da el maestro está siempre dentro de ti y vigoriza tus alas para el impulso. El primero es como el agua infecunda y dispersa que no alcanza la raíz de la planta porque no se sume en las entrañas de la tierra, el segundo, es linfa creadora que bate el limo, que lo impregna, lo empapa y lo fecunda empujándolo hacia el estallido de su luz en floración maravillosa.
El profesor se dirige a la memoria, anaquel de tu alma, y sus palabras resbalan sobre el recuerdo, como por sobre una losa impermeable, sin lograr infiltración alguna. A lo sumo se dirige a tu vanidad y a tu buena economía.
El maestro se dirige a tu espíritu, pozo de creación y sabiduría, y sus palabras siempre urticantes se instalan en el futuro, abolición del pasado muerto. Sólo por él tu posibilidad será mañana realidad creativa y su verbo admonitivo es siempre parta ti una tensión dolorosa.
La palabra del profesor se esfuma, se deshace sin dejar huella sangrienta; la palabra del maestro desgarra tu entraña y se incorpora a tu ser para trascender, como un mandato, en cada uno de tus días.
Texto aparecido en Discriminaciones (1965)
Cortesia de Angel Gavidia.