Cómo olvidar la prenda,
de mis primeras huellas,
sobre las tierras bellas,
de mi estancia natal.
Cómo olvidar mis pasos,
dejados en aquellas,
noches de luna, estrellas,
luciérnaga y trigal.
Llanques, viejos amigos,
hermanos, compañeros,
Cómplices pasajeros,
de mi modesta infancia.
Tiernos, consentidores,
nobles y aventureros,
detrás de los corderos,
el pasto y su fragancia.
Cubrieron con cariño,
mi endeble pie desnudo,
fueron arma y escudo,
contra el frío y la espina.
El polvo del camino,
y el pedregal no pudo,
con mi paso menudo,
trepando la colina.
Mi niñez con sus llanques,
habitan mi memoria,
coloreando mi historia,
bajo el cerro Tión.
A esa vida campestre,
y demás trayectoria,
van mis versos de gloria,
desde mi corazón.
Autor: Eliseo León Pretell
*Poeta peruano
Houston Texas, EE UU
Eliseo León Pretell: LOS LLANQUES…, DE MI INFANCIA
28 febrero 2011
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RONAL GAMBINI VEGA
27 febrero 2011
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MARTÍN VALLADARES LLUSHO
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CÉSAR COLÁN VALLADARES
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Etiquetas: Reseñas Biográficas
José Pablo Quevedo: Para relativizar el espacio que no se desea ver
24 febrero 2011
Lo que no se ve detrás de una playa,
en un balneario lejos del mundanal ruido
-sea ese espacio llamado Hurghada o Safaga,
no deja mayor imaginación a cualquier turista europeo.
El solamente necesita la arena y el sol alto,
la crema para encebollarse la piel,
tener la revista con las coronados por cualquier gala mundial,
la finanza de Wall-Stree a su favor,
el buffet esplendoroso sobre la mesa mas larga,
el buen vino y el caviar apetecido de Rusia,
Y sobre las aguas del río Nilo,
que el sol caiga como un globo rojo sobre el mundo.
La nave con velas engalanadas va hacia las nereidas
y las Galateas que musitan la música de los cielos.
Expandir la mirada sobre el horizonte perfecto de la vanidad
es la divisa para relativizar el espacio que no se desea ver.
Nada debe de ser imperfecto en el dios de la imaginación
para extasiar el tiempo detenido y acaso romántico.
Pero en cualquier orilla del Nilo el tiempo estalla en iras.
La Plaza Tahrir en el Cairo hace temblar al mundo.
En Alejandría, Port Saud y Suez, levantan los hombres
sus puños como una ola.
En cualquier calle que une al puente de Kasr-al-Nil
hay bloques compactos de estudiantes.
Acaso el tiempo mide la tempestad que se avecina
contra políticos traidores y generales del lupanar
hechos en las probetas euroamericanas.
Aquí las palabras deconstruyen otros tiempos,
se quiere al tiempo con otra faz, el tiempo del pan
y de la seguridad y del derecho de vivir en paz.
Solamente que a nuestro turista, ni la radio, ni el botones
le hacen acuerdo de tan cercanos acontecimientos.
OH FARAÓN
Oh Ra! Oh Faraón imperecedero!
antes que tú, el sol que pasó también por los desiertos,
y el Nilo en su eterno andar hacia mil orillas,
acaso, el tiempo no vino descansando o corriendo en sus imágenes,
y pasó por miles de hombres y miles de puentes,
y la esfinge fue fructificada para su diario levantarse
y decirnos que la eternidad descansa en la piedra.
Oh Ra! Oh Faraón imperecedero!,
cuántas veces no oraste para decir, que eras como nosotros,
para compartir el mismo pan y la misma leche,
no prometiste sernos fiel y no cambiarte por moneda alguna,
ni dejarte corromper por el poder extranjero,
y acaso, no llevaste sobre tus hombres el único estandarte
blanco y negro y verde de tu pueblo.
Oh Ra! Oh Faraón imperecedero!
Tirano implacable de la muerte!,
no aprendiste a ser bondadoso sino la corrupta alga.
Tus ojos de metal son rayos que ahora arremeten con furia
contra tus propios siervos,
contra mercaderes, labriegos y estudiantes.
Oh Ra! Oh Faraón imperecedero!
Servidor espúreo y mordedura siniestra
en la cárcel de la muerte,
que mutilas las ideas y entregas a tu pueblo a la condena,
que le entregas solamente muletas para sus caminatas,
que le das ojos y quijadas postizas después de mil palizas.
Los labios que haz hecho reventar con golpes de tortura,
cuántas veces no te maldijeron y te escupieron en sus lamentos.
Oh Ra! Oh Faraón imperecedero!
La lava a los cielos caerá hacia tu reino,
se extenderá como hongo pirotécnico y te causará la muerte.
Nada quedará de tu canalla investidura, ni de tus medallas,
ni de las glorias que en miles de artificios construiste.
Todo será lamido por el polvo del tiempo
ante la luna que hace de tu ser un hueso blanco
para quemar esa costra espúrea del pasado.
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Teodoro "Lolo" Fernández Meyzán
19 febrero 2011
Su padre, Don Tomás Fernández, quería que sus hijos tuvieran un mejor futuro y por eso, uno a uno fue enviado a la capital, donde ya se encontraba Arturo el hermano mayor de “Lolo” quien por esos años defendía la camiseta del Ciclista Lima Association, el equipo “tallarinero” decano de los equipos nacionales.
Debido a sus buenas actuaciones en su posición de zaguero, fue contratado por Universitario de Deportes. Eran los tiempos de Plácido Galindo. Eduardo Astengo, Tito Denegrí, y otros. Nadie imaginaba en ese momento la trascendencia que tendía ese “jale”. Toda una dinastía Fernández al servicio de la mejor institución deportiva del Perú. Seguirían a Arturo, Teodoro “Lolo”, Lolín, José, Jorge. Pero nadie llegaría a la cima como Teodoro el gran “Lolo”. En marzo de 1930, “Lolo” vistió la casaquilla “crema” por vez primera. Inicialmente entró a la reserva, pero sus faenas lo harían titular y de allí en adelante, jamás dejaría los colores cremas. “Lolo” se convertiría en el símbolo de la “U”, la que al mismo tiempo lo llevó a la fama del fútbol peruano. Como hecho anecdótico, cabe señalar que el primer contrato de “Lolo” Fernández con la “U” fue por la suma de 120 soles mensuales. Con ello, tenía para pagar sus estudios y poder cubrir sus gastos. Sin lugar a dudas el gran apoyo de sus hermanos Arturo y José fue muy importante para su desarrollo tanto personal como futbolístico. Para la gran mayoría siempre fue un excelente jugador, sin embargo, nunca faltaron aquellos que señalaban que solo sólo se trataba de un “cañonero” y que no tenía técnica. Pero con sus grandes actuaciones, sobre todo a nivel internacional les tapo la boca a sus detractores. Basta con recordar su primer partido internacional con la casaca crema que fue ante el Magallanes de Chile (29 de noviembre de 1931). Junto a Mario Pacheco, José Fernández, Jorge Góngora y Luis Souza-Ferreyra, conformaron una tremenda delantera. El cotejo, jugado el 29 de noviembre de 1931, terminó con un triunfo de Universitario con gol de cabeza del gran “Lolo” Fernández. En el sudamericano de Lima de 1935, “Lolo” Fernández vistió por primera vez la blanquirroja. Despues vendría el combinado del pacifico, la gira con Alianza Lima a Chile, el equipo al que “Lolo” reforzó junto a su hermano Arturo. En esa gira derrotaron al Magallanes, al Colo Colo, al audaz italiano y finalmente al Wanderers. Luego vendrían los juegos OLÍMPICOS DE 1936 En Berlín, donde las mejores actuaciones fueron ante selecciones consideradas como favoritas como Austria, o ante Finlandia. En los juegos bolivarianos de Bogotá en 1938, Perú dio una lección de fútbol, donde se pasearon con Colombia, Bolivia, Venezuela y Ecuador. A su vez, “Lolo” fue el goleador de la selección peruana.
En 1939, en Lima, se organiza el campeonato sudamericano de fútbol. Se debutó ante Ecuador al que derrotamos 5 – 2. a Chile se le venció por 3-0. A Paraguay se le derrotó por 3-0 y por el titulo vencimos 2-1 a Uruguay en duro encuentro. Este sudamericano fue muy importante para “Lolo”, no solo porque fue el goleador del seleccionado peruano ya que se derroto en el último partido a Uruguay que era ya campeón olímpico y mundial. La figura de “Lolo” ya era conocida a nivel internacional es por eso que Arturo Crenovic, en ese entonces presidente del Colo Colo de Chile le entregó un cheque en blanco diciéndole:”fíjese Teodoro, aquí le doy un cheque en blanco, usted póngale la cantidad que Colo Colo se lo paga. Nosotros queremos tenerlo en nuestro equipo”. Sin embargo, “Lolo” dijo ¡NO! Él solo quería jugar por el quipo de sus amores, Universitario de Deportes. Lo mismo sucedería con el Banfield de Argentina, quién también accedió a reforzar en un partido jugado en Lima, contra el Newell’s de Rosario, haciendo pareja con Campolo Alcalde y René Pontoni. Despues vendrían los 5 goles a Racing de Argentina (24 de diciembre de 1944) a quien la “U” derrotó 5-3, volteándole el partido. “Lolo” salió en hombros en otra tarde memorable. Para él este fue uno de los mejores partidos que había jugado en su vida y uno de los mejores que recuerda de la “U”. Su adiós se produjo el 30 de agosto de 1935, y nada menos que ante el archirrival Alianza Lima. Ese día “Lolo” marco tres goles en la victoria de Universitario por 4-2. Alianza era un gran equipo poderoso. Era la época de Cornelio Heredia, Guillermo Delgado, Heraclio Paredes. Pero la U no se quedaba rezagada. Ya brillaba en esa época, Alberto Terry, “la Saeta Rubia”, Dante Rovay, “La Lora” Gutierrez, “El Quemado” Osorio y Manuel Arce, entre otros. La entrega de su casaquilla número “92 se realiza dos semanas más tarde en un partido frente al Centro Iqueño. Allí “lolo” le entrega su chompa a Manuel Arce y abraza a todos los integrantes de Universitario de Deportes. Los aplausos y sus lágrimas quedarán grabados en las mentes de los aficionados que asistieron al estadio nacional. Sin lugar a dudas, se retiró como un grande.
Palmarés:
Goleador:
Fue 7 veces máximo goleador de los torneos de 1932, 1933, 1934, 1938, 1940, 1942 y 1945.
Títulos:
Obtuvo 5 títulos de Campeón con universitario de Deportes. Primero en 1934, para continuar en 1939, 1941, 1945 y 1946.
En julio de 1952, se inaugura el estadio “Lolo” Fernández en la calle Odriozola y juega en el partido inaugural contra la “U” de Chile, anotando un golazo.
Teodoro Fernández Meyzán dejó de existir el 17 de Setiembre de 1996 a la edad de 83 años.
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Cesar Calvo Soriano - Para Elsa poco antes de partir 2
07 febrero 2011
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César Calvo Soriano - Para un Gorrión herido - poema canción
06 febrero 2011
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Cesar Calvo Soriano - Para Elsa poco antes de partir 1
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César Calvo Soriano - La Despedida - Poema Canción
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Angel Gavidia Ruiz : DOS CARTAS...
Un abrazo queridos maestros.
En una carta de Julio Ramón Ribeyro a su hermano Juan Antonio en donde le habla de Arguedas a propósito de la novela Crónica de San Gabriel en donde requería de datos a cerca de una cosecha de papas (Münich, 1 de junio de 1956)
Te agradezco tus detallados informes sobre la “cosecha de papas”. Hay solamente un dato que no me has enviado: duración del asunto. Es decir, cuánto tiempo transcurre entre la siembra y la cosecha, y en qué meses del año ocurre una y otra cosa. Esta larga detención en la redacción de mi novela me ha perjudicado. Quiero decir, que ha debilitado mi entusiasmo. Son muchas las razones. Acabo de leer, por ejemplo, Agua de José María Arguedas. Estoy admirado, abochornado. Arguedas no escribe mejor que yo, pero ¿cómo te diré? Escribir bien es una cosa y ser buen escritor, otra. Él ha vivido plenamente los problemas de la tierra, de las comunidades, de la provincia. Él ha tenido que aprender el castellano para escribir. En su pequeño valle andino se mueve como un pez en su pecera. A su lado, me siento un intruso, casi un usurpador. Es cierto que yo pinto la otra cara de la medalla. Él ve la sierra desde la “situación” del indígena, del oprimido. Yo lo veo, no diré desde la “situación” del opresor, pero si desde una indiferente complicidad. Además, para mí la sierra sólo es un pretexto, una decoración.
En otra carta de Julio Ramón Ribeyro a su hermano Juan Antonio en donde le habla de Vallejo (Münich, 30 de marzo de 1956)(…).
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MEDIO PAN Y UN LIBRO.
"Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. ‘Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre’, piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión.
Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado y contento de inaugurar esta biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada.
No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro.
Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.
Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?
¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: ‘amor, amor’, y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: ‘¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!’. Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.
Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser: ‘Cultura’. Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz."
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PROFESOR Y MAESTRO
El profesor te enseña para que puedas repetir la lección de la cátedra; el maestro te enseña para que puedas construir tu vida. El primero te imparte generalidades abstractas, es decir, teoriza tu propio ser y te empotra, como una simple pieza estándar manufacturada en serie, dentro de un esquema rígido. El segundo desciende a la intimidad concreta de tu alma, aflora tu riqueza interior y se constituye en el compañero de tu pasión, de tu agonía interna y de tu drama personal.
El profesor te esclaviza a un oficio; el maestro te libera hacia la vida. Con el primero la habilidad de tus manos puede llegar hasta el escamoteo perfecto de la vedad; con el segundo, es preciso que asumas la responsabilidad de tu dolor y que desciendas hasta el hondón abismático de la vida, por sombrío, por tenebroso, por lacerante, por trágico que sea.
Lo que te da el profesor está siempre fuera de ti y te fija siempre un gesto; lo que te da el maestro está siempre dentro de ti y vigoriza tus alas para el impulso. El primero es como el agua infecunda y dispersa que no alcanza la raíz de la planta porque no se sume en las entrañas de la tierra, el segundo, es linfa creadora que bate el limo, que lo impregna, lo empapa y lo fecunda empujándolo hacia el estallido de su luz en floración maravillosa.
El profesor se dirige a la memoria, anaquel de tu alma, y sus palabras resbalan sobre el recuerdo, como por sobre una losa impermeable, sin lograr infiltración alguna. A lo sumo se dirige a tu vanidad y a tu buena economía.
El maestro se dirige a tu espíritu, pozo de creación y sabiduría, y sus palabras siempre urticantes se instalan en el futuro, abolición del pasado muerto. Sólo por él tu posibilidad será mañana realidad creativa y su verbo admonitivo es siempre parta ti una tensión dolorosa.
La palabra del profesor se esfuma, se deshace sin dejar huella sangrienta; la palabra del maestro desgarra tu entraña y se incorpora a tu ser para trascender, como un mandato, en cada uno de tus días.
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