Angel Gavidia Ruiz:VALLEJO, APAZA, UVK

29 diciembre 2011

Sospecho que Vallejo, cuando en Himno a los voluntarios de España habla de “esas famosas caídas de arquitecto con las que se honra el animal que me honra” está hablando de sus rasgos andinos, de su perfil de cordillera agreste y radical con el que, al parecer, vivió en paz y hasta orgulloso. Igual sucede cuando en otro poema dedicado al músico bohemio Alfonso de Silva, su amigo del alma fallecido en Lima pero que anduvo con él recorriendo tantas y tamañas pobrezas en París, le dice “Alfonso: estás mirándome, lo veo/ (…)/ Palpablemente/ tu inolvidable cholo te oye andar/ en París, te siente (...)/ tomar peso, brindar/ por la profundidad, por mi, por ti”. Esta “choledad” asoma en estos versos aportando emoción, paisanaje, sentimientos solidarios y fraternos. Es decir salud emocional. Pero cuando este cholismo nuestro se usa para agredir y/o discriminar, entonces me viene a la memoria aquella manifestación extraña llamada hemiasomatognosia que, por un accidente crerebro vascular de una localización determinada, el paciente termina desconociendo a su otra mitad. El discriminador, también, tiene una asomatognosia del alma. Todo esto, a propósito del atropello perpetrado en una sala de cine capitalino contra el artesano cuzqueño Ricardo Apaza. Dice Eduardo Adrianzén o creo entenderlo así que esto le pasó al joven artista por lo sofisticado y elegante de su atuendo, porque de haber estado puesto un Lancoste falso y de haber dicho “choche, o sea, ya vengo un toque” no hubiera sufrido tamaña humillación. Y acá me viene por asociación de ideas, no sé si clara para todos, esa canción del entrañable Cabral: pobrecito mi patrón/ cree que el pobre soy yo…,y, claro, me viene también el recuerdo de Hilaria Supa y de su elocuente intervención ante la cámara de Turismo del Cusco en donde también estaba la ministra Mercedes Araoz, cuando Machu Picchu fue declarada Maravilla Universal: no olviden, les dijo, en un castellano difícil pero entendible, que este monumento ha sido hecho por los abuelos de los abuelos de aquellos que ahora solo se “benefician” como cargadores de bultos en esta ciudad.
Este es nuestro difícil país y el trabajo mayor, la obra de veras trascendente no tiene que ver tanto con el cemento que exigen a la alcaldesa Villarán, tiene que ver con el tejido social.
Un abrazo Ángel Gavidia Ruiz.

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