Gustavo Benites Jara: VIDA DE DANTE

09 abril 2011

Boccaccio escribió una obrilla, cómo él mismo gustaba llamarla, sobre Dante. Es una biografía y su título: “Vida de Dante”. El célebre autor del “Decamerón” tenía ocho años cuando falleció el poeta. La biografía tiene, pues, el valor de lo cercano, es decir, de la pureza que siempre poseen los datos y opiniones en torno al biografiado; aunque también están algo alterados por el calor que suscita la cercana desaparición del gran hombre.
La biografía se desenvuelve con ligereza narrativa, pero es muy objetivista. No logra presentarnos un “Dante vivo”, como lo haría siglos más tarde Giovanni Papini. La actitud de Boccaccio es la de un espectador, no exento de cierta emoción, por supuesto. Su Dante es demasiado esquemático, cronológico y lineal. Si bien es cierto que Boccaccio abrió nuevas rutas para la biografía, sin embargo no llena actualmente nuestras aspiraciones. Hay valores innegables en la biografía comentada: el autor no incurre en las aburridas citas ni en la pretenciosa erudición que gustan mostrar tantos biógrafos mediocres. Por ratos cobra un aire de profundidad humana admirable, y asume el papel de fiel hijo de Florencia, de admirador fiel del poeta y de fiel amante de la poesía, que da un encanto especial a la obra.
Entresacando datos de uno y otro capítulo, las sugerencias para expandirnos nos abruman. La vida de Dante – sólo ella- nos enseña mucho…Cuando el poeta fue desterrado de Florencia alguien encontró en su casa los siete primeros cantos de la “Commedia”. Admirado, averiguó dónde podría hallarse Dante, y una vez conseguida la dirección, por intermedio de un marqués envió los manuscritos. Éste los enseñó al poeta, quien reconociendo sus versos, y a instancias de tal señor, volvió al empeño de continuar lo que había empezado. Desde que salió de Florencia, hasta que tuvo nuevamente los primeros cantos, Dante había abandonado definitivamente la idea de concluir la obra. Sin embargo, la continúa y la termina a lo largo de más de 20 años. He aquí el genio, el genio que jamás se atrofia y que jamás aborta sus concepciones a instancias del terrible tiempo o de la tirana sociedad. (Hoy, a la primera dificultad, todo se abandona).
El florentino dominaba la sabiduría de su época: Moral, Historia, Filosofía, Teología, Poética, Retórica. Disputaba con cualquiera acerca de cualquier cuestión. En realidad, fue un verdadero humanista. Jamás tuvo la peregrina idea de orientarse miopemente en solo un aspecto de los conocimientos. No absolutizó la literatura, elevándola a la categoría de diosa, sino que intuyó que debería abrirse a todas las creaciones del humano espíritu.
Un aspecto siempre nuevo, poderoso y atrayente es su amor por Beatriz. La pasión y la pureza de su amor muestran a Dante como un verdadero hombre. ¿No valdría acercarnos hoy a la sombra de este gigante para humanizar más nuestro amor hacia la mujer?
¿Y qué decir de su participación en política? Esa actitud nos demuestra que la política no es de ninguna manera madrastra para la poesía. Todo es asunto de genio. Solamente los mediocres insinceros, ellos, afirman que la política es indigna del poeta. Porque el artista genial supera lo inmediato y localista, aunque debe partir de allí. “La obra maestra nace ya eterna”, diría Víctor Hugo.
Cuántas cosas más podría enseñarnos la vida de Dante: el grande amor que sentía por su patria, la fidelidad consigo mismo, su valentía al enfrentarse al Papa. Todo esto es narrado hábilmente por Boccaccio, quien al final de su trabajo dice con sabia humildad: “Bien sé que mejor y más discretamente hubiese podido ser expuesto por muchos otros; pero quién hace lo que sabe, más no le es exigido. El haber escrito yo tal como he sabido, no excluye que otro pueda decirlo, si cree que puede escribir mejor que lo que yo he hecho”.

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