Melanie Taylor Herrera :Los microrrelatos pueden ser adictivos

29 marzo 2011

Podemos considerar al microrrelato como el género literario del sigloXXI. En esta era posmoderna y de paso podemos decir que laposmodernidad “sustituye a la cultura por la multicultura, a launiversalidad y el monosentido por la pluralidad y elmultisentido” (Ledo, 2004), el microrrelato deviene en guiño ocarcajada e incluso puntapié a la modernidad y a todo lo que leantecede. El microrrelato es un escrito sumamente breve e increíblementecontundente que causa sorpresa en un lector que ya lo ha visto todo enel cine, el internet y la televisión. El microrrelato cabe en uncorreo electrónico, en la entrada de un blog, como mensaje de texto enun celular e incluso en twitter. Es tan corta su extensión que sulectura en la pantalla de la computadora no produce el cansanciovisual de textos más largos. Somos una sociedad primordialmente visual, ampliamente conectada,consumista y de economía global, pero aún así el mercado del libro oel negocio de vender libros no resulta fácil. Al parecer el trabajo,las obligaciones sociales y familiares impiden que el ciudadanopromedio dedique muchas horas a la lectura. He aquí una de lasbondades del microrrelato, requiere a lo sumo 3 o 4 minutos. Aunque nonos engañemos, la ficción brevísima aparenta ser fugaz y digo aparentaporque su digestión toma tiempo, es un platillo que una vez degustadose rememora largamente. Sus múltiples significados son como las notasde un perfume, hay que tener buen olfato para detectarlos. A losminitextos hay que leerlos de a poco, uno o dos a lo sumo, identificarqué juego nos propone el escritor, qué mensajes ocultos ha dejado enuna trama de apariencia inocente. Por algo Ana María Shua, prolija y conocida escritora argentina demicrorrelatos, los compara con una caja de bombones y recomienda queasí como una no se come una caja de bombones de un tirón, tampoco debeleerse muchas minificciones de seguido. Y Shua sabe de qué habla puesha publicado recientemente un libro llamado Cazadores de letras dondereúne su producción de microrrelatos sumando la nada despreciablecantidad de ¡900 páginas! Lauro Zavala es un catedrático mexicano quien ha dedicado largas horasal estudio de un fenómeno tan breve. Él denomina a los cuentos dehasta 200 palabras, ultracortos. Pues sí, el microrrelato recibevarios nombres: minitextos, hiperbreves, brevísimos, ficción mínima.Inclusive hay quienes proponen el nanorrelato, contar algo si acasocon diez palabras. El microrrelato tiene gran auge en España y Argentina, países donde secelebran numerosos concursos de textos brevísimos y se encuentranblogs y páginas webs dedicadas al género. Los concursos demicrorrelatos son particularmente atractivos porque sólo requierenenviar un texto de aproximadamente diez líneas o menos por correoelectrónico. Los hay de tema libre y otros proponen temas específicos,palabras o géneros, porque el microrrelato puede ser lírico, poético,de terror, de ciencia ficción, fantástico,hilarante e incluso,chocante. Los sitios de Internet, Stardust y Letralia, anuncian lasbases de muchos de estos concursos los cuales tienen con frecuenciapremios en efectivo para el ganador. El microrrelato además de explorar las formas narrativas, es decir lepermite al escritor experimentar con maneras originales de contar lahistoria, también toma prestado de otros géneros, de la tradiciónliteraria y filosófica. Requiere de un lector avispado con culturageneral. El texto brevísimo es lúdico, adoptando con frecuencia untono juguetón, sarcástico, irónico, rítmico e hiperbólico. Me gustaría ilustrar lo que he explicado hasta ahora con unmicrorrelato de mi autoría. Y, ¿por qué no?, le tomará poco tiempoleerlo, mi estimado lector. Control remotoCansado de cambiar canales, empezó a observar su vida. Miró a sumujer; notó finas líneas alrededor de sus ojos y presintió que tambiénél tenía arrugas que hacían su debut. Escuchó a sus hijos sin entenderde qué hablaban, asumió que era una lengua extranjera o al menos undialecto hecho con neologismos. Se prometió comprar un diccionario.Buscó al perro y éste ya no estaba. Ahora había un gato que secomplacía en enterrar sus uñas afiladas en su sofá. Encendió la teleotra vez. Sólo me resta invitarles a leer un microrrelato al día. Puedeencontrar verdaderas joyas en sitios como: minificciones.com.ar , pompasdepapel.com , minitextos.org . También recomiendo leer a Augusto Monterroso, escritor guatemalteco,reconocido como uno de los grandes maestros del género. Ah, y si sevuelve adicto a los brevísimos... ¡recuerde que se lo advertí!

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