VALORES Y CONTRAVALORES EN LA LITERATURA

06 marzo 2010

Por Nicolás Hidrogo Navarro:

La relación entre literatura y educación, profesor y escritor, texto literario y valores, con los autores que no se encuentran beneficiados en la selección oficial de autores leídos en la programación oficial, siempre ha sido tiranuela y contraproducente. Una manera de tirar el tablero del inconformismo y de la repulsa a la exclusión, es ser cada vez “más maldito” y generar una corriente de antivalores, disoluta o contracultural (llevar una vida perdularia de excesos, exhibicionismo alcohólico, vicios y escándalos callejeros, macular la imagen cuando más maldita mejor, remar contra la corriente, “hacer lo que se venga en gana”, prostituir los antivalores, apologetizar todo lo obsceno, chabano, procaz, lúbrico e ignominiar el espíritu y la naturaleza del escritor como sinónimo de rebeldía autodestructora, perdición y ahorcamiento mental y espiritual.
A) Aspecto pedagógico:
Literatura y educación Pedagógicamente, todos los que hemos tenido la oportunidad de pasar las cuatro etapas de la formación educativa, desde escuela hasta el postgrado, al leer y conceptuar la actividad lectora nos hemos formado con la idea que la literatura sirve para edificar el espíritu humano a través de los paradigmas axiológicos, ensanchar el universo verbal a través del torrente lingüístico y sintáctico de los escritores y regocijarnos con la estética de la palabra bellamente trabajada, para diferenciarla del lenguaje subestándar o coloquial que utilizamos diariamente.
Esto tiene su correlato mismo en la selección apropiada de los autores oficializados que se incorporan como lecturas ad doc porque cumplen ciertos requisitos:

a) Autores cuyo discurso literario lleve mensajes relevantes y edificantes para el niño, el joven o adulto y que construyan en su mente e imaginario inconsciente personal y colectivo, a través de la estética, una cosmovisión optimista del mundo a pesar de sus adversidades.

b) Obras cuyo contenido temático refleje la visión de la realidad y la fantasía recreada del universo y sociedad globalizada, para extraer lecciones educativas, moralejas, mensajes y enseñanza que hagan reflexionar, analizar e interpretar al estudiante sobre su realidad existencial en búsqueda de una lectura metacognitiva para transformar el mundo y recrearlo mejor.

c) La intencionalidad estética del autor permita construir modelos de comunicación metalingüística, influencia de estilo y generar empatías y emulaciones hacia los alumnos para animarlo no sólo al disfrute y valoración de la lectura y el autor, sino a la producción de sus propios textos literarios y científicos.

Este aparente direccionamiento impositivo de obras y autores literarios, puede resultar arbitrario, cuando mayoritariamente los autores que están en la programación en un 92% ya no están vivos y en el grueso de la caballería de escritores y poetas vivos sólo un 3% represente esta inmensa totalidad de los autores que se han denominado al margen de la oficialidad de lectores del sistema educativo. Que tiene importancia, esto claro. El peruano sólo lee mientras es estudiante y todo ello de manera condicionada por una nota o aprobación de una asignatura. Así que la utopía de dejar al alumnos al libre albedrío de dejémosle leer lo quiera y cuando pueda, funcionalmente no es una opción en una idiosincrasia remolona, díscola y del menor esfuerzo. En una sociedad como la nuestra funciona en el sistema educativo escolar “una dictadura de la lectura”, lo cual no suena muy bien democráticamente. De la misma manera que una familia tiene que ponerse firme con sus hijos para imponerle una educación bien aprovechada enviándolas a la escuela cada mañana, pues si fuera opcional nuestros chicos y chicas no asistirían voluntariamente a cargarse de responsabilidades y aprender con esfuerzo y dedicación.

En el currículo formativo de educación secundaria y superior, el menú literario no sobrepasa los 82 autores entre mundiales (41%), hispanoamericanos (26%) , peruanos (29%) y regionales (4%). Esto puede constituir una injusticia contra muchos buenos autores que cumplen los requisitos arriba señalados, por ello es importante que las propuestas de los autores nazcan no solo de la sociedad de escritores, sino también de lectores.

Tengo la profunda sospecha que en el Perú hay más libros que lectores. Que de haber una moratoria de diez años de no edición de más textos, estos todavía no se terminarían de leerse aún si se empieza a hacerlo desde esta noche y cada cinco horas de lectura promedio.

Se estila el cliché que la obra es el reflejo del autor y el autor es reflejo de su época. En parte es mitad verdad y mitad construcción ideal sobre el autor que lleva una vida de ficción en su voz poética y otra en su yo mundano. Esta incorrespondencia ha devenido en varios cuestionamientos de la vida misma nada ejemplar de los autores que se condicen y contraponen a su texto poético. En educación esto sí importa, porque a través de la literatura no sólo se debe aprender a leer y a escribir, valorar y juzgar una obra, sino fundamentalmente educar el espíritu y humanizar al hombre. Porque en educación hay una premisa fundamental: se educa con el ejemplo.

B) Aspecto creador:
Creador e incorrespondencia obra y vida La crisis social, educativa también ha afecta a la cultura literaria. El paradigma de los noveles escritores –y parte de escritores noventeros- no es parecerse a un portentoso escritor como Lope de Vega único espécimen en su género, un Voltaire polígrafo asombroso, un inconforme Malebranche en la refundición de su texto, un poderoso Honorato de Balzac en su febril fecundidad novelística, un virtuoso del verso en Garcilaso de la Vega el español, un erudito Juan Pico de la Mirandola, un afiebrado loco productor de novelas como Emilio Salgari, un Gustave Flaubert prodigioso, un apasionado de la intriga como Henry Miller, un William Faulkner potente en sus descripciones, un Walt Whitman universal y descollante en sus metáforas, un ingenioso sin igual del hipérbaton como Luis de Góngora y Argote, un Thomas Stein Eliot cerebral, etc. Prefieren idealizar y emular (en sus aspectos sórdidos, en los renglones torcidos y defectuosos muchos, no en el literario) a un degenerado total como Charles Bukowski, un antisocial J.D. Salinger, un pobre y triste Edgard Allan Poe, un experimentalista del fracaso comercial como Jean Arthur Rimbaud, un prostibulario como Charles Baudelaire, etc. Todos ellos con innegables dotes y genialidad literaria, pero de vida para pasar al olvido y a la elipsis en el campo educativo y formativo. Todos ellos son los héroes de varios de nuestros escritores actuales. No sólo quieren emularlos y parecerse, sino que quieren vivir y morir así: alcohólicos, sifilíticos, abandonados, suicidas, orates, atropellados toreando combis, etc. ¿Si este es el ideal y paradigma de nuestros noveles escritores, que podemos esperar de su producto, actitud ante la vida y sociedad, emulando a antihéroes, qué podemos esperar de sus mensajes subliminales y sus paradigmas argumentales? Sólo perdición, suicidio, homicidio, paranoia, bakkake literario, esquizofrenia, rebeldía atronadora, demencia apocalíptica, depresión y suicidio colectivo. Si no, haga Ud. Un recuento de las denominaciones de los círculos o grupos literarios de los últimos veinte años, más parecen nombre de pandillas delincuenciales, de yacuzas, de lumpen de presidio, de pirañitas de barrio malogrado. Si el sistema social, político me agrede, me discrimina, me ningunea, ¿yo debo para defenderme de todo esto agarrar una chaveta y chuzarme desde los pelos, pasando por la cara, la lengua, la epiglotis, el abdomen, el pene, las piernas y las pezuñas escribiéndome la palabra “malditazo”, debo cañonearme con veinte tiros de marihuana, una cisterna de alcohol para protegerme todos los días en señal de protesta? Ese tipo de literatura y seres descarriados en el sistema educativo no entra jamás.

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