25 noviembre 2014

Cuentos Huachanos

Por Jorge Aliaga Cacho

Al  leer el último libro de  Julio Solórzano Murga, “Cuentos Huachanos”, uno puede distinguir claramente cual es el leitmotiv en la obra de este escritor hermano que hoy nos convoca para la presentación de su libro.
Así como para Antonio Machado fue un aspecto importante en su poesía el registro de “la tarde”; así como. Para Juan Ramón Jiménez, el aspecto relevante en su creación poética fue el registro de “el mar”; para nuestro peruanísimo Julio Solórzano Murga su leitmotiv, su registro sustancial, es Huacho, la ciudad que lo viera nacer.

La obra “Cuentos Huachanos” que hoy nos toca presentar es de vital importancia para rescatar la memoria de un pueblo que se sabe digno de una herencia milenaria, y Julio Solórzano apela al recuerdo, a las memorias de la tradición oral para plasmar en un hermoso libro el modus vivendi de Huacho, un pueblo que ha visto la transición del paso de un sistema semi-feudal de indigna condición humana donde predominaba la miseria y explotación a otro que se presentaba con la modernidad, de aparente mejora en la condición humana pero que realmente era la continuación de un estado de cosas por el cual una minoría terrateniente hacía su metamorfosis y se transformaba en la nueva elite que sería la encargada de imponer la forma capitalista de explotación.  En Huaura, es cierto, se dio el primer grito de libertad, `pero también es cierto que este grito no llegó a plasmarse en una verdadera independencia económica y las familias peninsulares y los criollos, en el Perú, se convirtieron en la oligarquía que posee el control del poder económico hasta nuestros días.

Cuando José Enrique Rodo publica su ensayo “Ariel” en 1900 este se convierte en una preocupación por contemplar las diferencias entre todo lo que representaba la identidad nacional, en los  países hispanoamericanos, y lo que los diferenciaría de la cultura y sociedad europeas. Fue por  primera vez que se cuestionaban a las sociedades europeas y norteamericanas.

Después de la Primera Guerra Mundial, Europa quedó en la ruina, fuertemente golpeada su industria y los latinoamericanos recibieron elogios del viejo mundo en virtud de una posible resurgencia de Latinoamérica con un mejor modelo social. En ese camino también se inscribe Ricardo Guiraldes, autor de “Segundo Sombra” quien creciera en el mundo del los gauchos. Lugar que le era familiar. -  Este es el impulso literario que diera origen a lo que conocemos  como novela regionalista-

He sido crítico  del mal uso del termino regionalista, sobre todo cuando se trata de encasillar  de manera libre y, sin mayor juzgamiento, a una expresión literaria..  Algunos sectores izquierdistas se abrazan a la literatura regionalista para luego abandonar la lucha en  formatos que ellos consideran no pertenecer a la  arena del regionalismo. Por esta razón yo deseo ubicar a Julio Solórzano Murga en el terreno de los escritores descriptivos, y tal vez lo haga por mis sospechas de aquellos que usan el regionalismo para no confrontar al imperialismo en su propio tiempo y espacio histórico..  Julio es el observador, el que escucha y piensa para luego rendir una historia veraz basado en la realidad que ven sus ojos más que en la realidad muchas veces prescrita por una doctrina..

Julio Solórzano Murga, como lo fuera Alfredo Spelucin  (1897-1973) poeta que registrara con gran brillo el mar de su tierra, o como Alejandro Peralta, autor de “Ande” (1926) y “Kollao”  (1932), que nos entregara perdurables pinceladas del alma y la vida serranas. Así Julio Solórzano Murga ha rescatado para su pueblo imágenes de gran valor estético que registra con brillantez a su Huacho, a su gente y a su ambiente.  .  Las descripciones que Solórzano Murga da a los personajes de sus cuentos y su entorno caminan de la mano en un marco de proceso dialéctico de asimilación, integración cultural, reciprocidad o lucha de contrarios.  En Huacho siendo menos industrializado que la capital limeña este proceso de transición es evidentemente más lento, tímido y hasta confuso. El Amauta José Carlos Mariátegui escribe en sus “7 ensayos….”: “Todo lo que en esta civilización es íntimo, esencial, intransferible, energético, aparece ajeno a su ambiente vital.  Algunas imitaciones externas, algunos hábitos subsidiarios, pueden dar la impresión de que este hombre se mueve dentro de la civilización moderna. Mas, la verdad es otra”. A mi me parece que “Cuentos Huachanos” de Julio Solórzano Murga está recurriendo a esa verdad.que Mariátegui anuncia. Pues, Julio Solórzano, en su breve reseña histórica de Huacho afirma categóricamente que la campiña huachana fue “el polo de desarrollo de la ciudad”, la inversión extranjera sería posterior y la cual se iniciaría con un número de hoteles que sumado a la construcción del muelle de Huacho y el ferrocarril hacía Lima cambiarían gradualmente la fisonomía de la ciudad. En este sentido los cuentos de Julio Solórzano representan a diferentes tiempos y espacios que concurren a la transición de una sociedad semi-feudal a una confusa, desordenada y de  tímida formación capitalista. Así, Solórzano Murga empieza a contar sus cuentos con la historia de Dionisio El cigarrero que introduciría el ahorro y las finanzas en Huacho mezcladas con yunzas y fiestas populares, maestras y lavadoras de ropa, futbolistas de barrio, pregoneras, costumbristas y políticos; criollazos, comenísperos, matascholeros. Jugadores del run run, canicas y bolero. Sus cuentos de la campiña huachana son pintorescos y nos devuelven a la vida personajes de leyenda como Pedro Alcantara que al igual que Tatán en los Barrios Altos de Lima, de quien se dice que compartía el producto de sus hurtos con gente necesitada del barrio de Las Maravillas cercana al río Rimac o del ya más legendario Luis Pardo.

Las mujeres tienen su espacio en la literatura de JSM, y es un espacio muy importante. Las hay mujeres hermosas de la campiña, mujeres curanderas y brujas, rubias aparecidas a media noche, viudas o mujeres de armas tomar como “La huasa” descendiente inca convertida en terrateniente, que a finales del siglo XIX, nos da una lección de cómo administrar las tierras y ganarse el respeto de sus peones. JSM juega con el tiempo y nos hace volver a los años cincuenta para contarnos la historia de un brujo castrado.

Apreciación aparte se merece el cuento Ceviche de Pato que considero uno de los mejores logrados y representativos de la culinaria huachana. Se distingue también la deleitable ingenuidad pueblerina  en el cuento de “La Misteriosa jinete del Potro Negro” y el encanto de lo real maravilloso en “El perro pulgoso”.y,  en “las piedras que alumbraban como faros de carro”,  en el cuento titulado “El toro huanco”. El deporte aparece y reaparece a la manera de futbol en “El chino Pirincho” , “Gavilancito”, como en el poema crema “Queredenbú, negrito de la U”, y en la natación con el cuento “Competencia sin Fin”. 

El homenaje a la hermosa tierra de Ambar se hace presente nuevamente en el marco del futbol cuando la banda de músicos e Huanri toca el huayno Gavilancito y hace ganar a su equipo de futbol, o en la historia de Lorenzo el joven domador de caballos que terminó trabajando en un circo allá en México. O en el cuento Tayta Cura donde un futbolista se disfraza de cura para impresionar al equipo contrario y no permitirles hacer más goles en el supuesto equipo ambarino que se suponía recibía un refuerzo de Dios; o en el cuento Carmencita, de la pelea de gallos

El agradecimiento a la profesión médica, en la persona del Dr. Moquillaza, se hace presente en el cuento “Honorata” a quien se le extirpara un tumor de cuatro kilos de peso. La pasión política del autor se desborda en “La pasión por el poder, la derrota del dictador” donde JSM denuncia las patrañas mediáticas que se organizaron en el pentagonito y saca a relucir las matanzas cometidas en Los Barrios Altos, La Cantuta, del Santa, Huacho y el asesinato de Pedro Huilca Tecse, Secretario General de la CGTP.  JSM hace lo propio en su nota Maestro del Sindicalismo, tema dedicado a la memoria de mi padre Jorge Aliaga Merino, ex Director de la Escuela Nacional Sindical de la Central Mariateguista. º

He dejado para el final un corto comentario sobre su cuento La Oración del Justo. Porque me parece de vital importancia hacer una aclaración al respecto. El ser humano, a mi entender, no puede separar sus partes componentes, esto es lo material y espiritual. y JSM a través de toda su obra no deja que nos falte la palabra de Dios. Fidel Castro en la década del 70. en Santiago de Chile, en una reunión con sacerdotes y ministros, de más de treinta denominaciones religiosas, había pedido la unidad de los creyentes y marxistas para contribuir mejor a la revolución que beneficie al desarrollo humano y social. Muy pocos escritores que apuntan desde la izquierda han tenido la capacidad para ver la importancia de esta simbiosis que se hace  indispensable en nuestros días.  Por ello, por la calidad estética de este libro, por el compromiso social asumido por el autor, con gran júbilo recomiendo “Cuentos Huachanos” a los amantes de la buena literatura.

Jorge Aliaga Cacho

Lima, noviembre de 2014

Cuando el médico se transforma en paciente

Hace un año, el oftalmólogo Miguel Kottow (74), doctor en Medicina de la Universidad de Bonn, y director de la Unidad de Bioética de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Chile, cayó enfermo de un raro síndrome que le paralizó parte del cuerpo y lo obligó a mirar su profesión desde la vereda opuesta: la del paciente. Después de 15 días internado en una clínica y meses de recuperación, en los que aprendió de nuevo a caminar y a escribir, publicó hace dos meses el libro El pa(de)ciente, un descarnado testimonio de sus padecimientos como enfermo en manos del sistema privado de salud. Este es su relato.
Por Consuelo Terra / Fotografía: Carolina Vargas
Paula 1141. Sábado 15 de febrero de 2014.
A mediados de junio de 2012, el médico oftalmólogo Miguel Kottow, académico de la Universidad de Chile, autor de más de 30 publicaciones internacionales sobre bioética y de libros teóricos como Bioética relacional y Ética de protección: una propuesta de protección bioética, estaba encaramado sobre una silla para reparar la cortina de su pieza, cuando, de pronto, cayó al suelo. Fue una caída rara, repentinamente le falló la fuerza de las piernas, y se golpeó en las costillas y la cabeza. Con el ruido, su mujer y su nieto mayor llegaron corriendo. Para no preocuparlos, Kottow les dijo que no había pasado nada. Por el dolor, sabía que tenía un par de costillas fracturadas, y por su formación médica decidió que el único tratamiento posible era administrarse analgésicos y tener mucha paciencia. Tomó aspirinas y antiinflamatorios. De noche, el dolor no pasaba y agregó somníferos y calmantes. La mezcla de dolor, insomnio y pastillas –que él admite tomó a destajo–, lo hizo entrar en un estado de confusión que llegó a su punto cúlmine 48 horas después, cuando su señora lo encontró tirado en el pasillo, desorientado y sin fuerzas, a las 3 de la mañana. 
No supo más de sí mismo hasta la mañana siguiente, cuando despertó ya completamente lúcido en una cama de la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) de una clínica privada, con amarras en los brazos, pies y tórax. “Pedí que me soltaran, pero como la noche anterior había llegado tan confuso, no era confiable para nadie hasta que algún doctor decretara lo contrario”, dice hoy Kottow. Ese día, lo visitaron tres médicos: el traumatólogo, que confirmó una rotura de costillas; el urólogo, que diagnosticó una infección urinaria; y el siquiatra, que concluyó que el exceso de pastillas era atribuible al dolor y no a un intento suicida.
Lo liberaron de las manos y pies, pero, pese a sus protestas, decidieron mantener la incómoda amarra del tórax durante la noche. Sus esfuerzos por demostrar que ya no estaba confuso eran observados con miradas incrédulas de las enfermeras, y mencionar que era médico tampoco ayudaba.
Después de una mala noche, en la mañana pasaron de nuevo los tres doctores para darle el alta. A continuación llegó el doctor residente de turno en la UCI y cuando Kottow le dijo que según los otros médicos ya estaba en condiciones de irse, la respuesta fue cortante:
–Aquí el único que da el alta soy yo.
Kottow, como paciente y según consta en la Ley de Derechos y Deberes de los Pacientes, podía pedir el alta voluntaria, pero el residente ignoró este derecho y se tomó otras seis horas para mirar su ficha y finalmente, otorgarle el alta en la tarde. Recuperada su libertad, el oftalmólogo salió de la clínica en silla de ruedas, como es reglamentario en las clínicas. Su mujer manejaba.
Pero cuando llegó a su casa y su señora le dijo “bájate del auto”, Kottow se dio cuenta de que no podía pararse. Una extrema debilidad en sus piernas había quedado escondida al pasar dos días amarrado en su cama de la UCI y luego, por la silla de ruedas. Sus 70 kilos estaban convertidos en peso muerto. Con mucho esfuerzo, sus dos hijas lograron sacarlo del auto e instalarlo en un sofá del living. Sentía ganas de orinar cada 10 minutos, y dolores, por lo cual pensó que tenía una prostatitis. Durante los tres días siguientes su inmovilidad empeoró. Primero, no podía sostener un vaso, después no podía tragar bien, ni siquiera con una pajita.
Pidió una consulta neurológica, porque ya era claro que tenía algo mucho más complejo que una prostatitis. Dos fornidos alumnos suyos, estudiantes de doctorado en la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Chile, lo ayudaron a subir y bajar del auto hasta la consulta de una neuróloga, acompañado de su mujer y su hija Andrea. La doctora examinó los reflejos de pies y manos y demoró pocos minutos en hacer un diagnóstico que ya sospechaba: estaba afectado del síndrome de Guillain-Barré, una rara enfermedad autoinmune que provoca que el cuerpo genere anticuerpos contra sus propios tejidos, y que generalmente es precedida por una gripe, como le había ocurrido al doctor Kottow tres semanas antes.
El Guillain-Barré también puede atacar los nervios que mueven los ojos, así que, como oftalmólogo, Kottow sabía de esta poco frecuente enfermedad, que le ocurre a 1 de cada 100.000 personas. Pero nunca había visto un caso en su consulta. El síndrome actúa paralizando los nervios motores y avanza desde las extremidades hacia los órganos internos. A él ya le había paralizado las piernas, las manos y la vejiga. En los peores casos, puede llegar a comprometer los músculos de la respiración. Hay personas que pasan un año con traqueotomía y, otras, tres años paralizados. Algunos se mueren. Ante este temible diagnóstico, Kottow no reaccionó con mayor emoción. Anímicamente estaba ausente. “No sé si la apatía era parte de la enfermedad, o si la enfermedad me apabulló tanto, que caí en un apagamiento emocional completo. Mi cuerpo ya no era mi cuerpo, yo no manejaba nada, otros tenían que moverme y no podía lidiar con más”, reflexiona hoy Kottow.
Su futuro inmediato estaba claro: tenía que ser hospitalizado de inmediato.

El oftalmólogo y bioeticista Miguel Kottow, tras dos semanas hospitalizado y varios meses de convalecencia, hoy está recuperado de su enfermedad y de regreso en su consulta y trabajo académico. “El pa(de)ciente fue un libro doloroso de vivir y de escribir. No fue una catarsis —no creo mucho en las catarsis— sino que un acto de disidencia ante las perversiones del sistema de salud y nuestra presencia como víctimas de lo que la medicina hace y deja de hacer”, dice.
15 DÍAS EN LA CLÍNICA
El primer trámite al ingresar a la clínica era la firma de un consentimiento informado en que el paciente se comprometía a pagar todos los procedimientos programados, así como también los posibles costos no anticipados. Kottow, debilitado por su enfermedad, no podía firmar con sus manos paralizadas ni tampoco digerir todo el contenido del documento. “Era un consentimiento a ciegas, a todo evento, y mi mujer tuvo que firmarlo en mi lugar”, dice.
A continuación vino el ritual de convertir al enfermo en paciente: la postura del brazalete plástico, que según escribió después en el libro “no es el tatuaje numérico de los campos de concentración, pero lo evoca”; el reemplazo de su propia ropa por una bata anónima y la obligación a partir de ese momento de someterse a las reglas de la clínica.
La frialdad del personal con que trató desde ese momento solo aumentó la alienación que sentía. “Llegó un anestesista a hacerme una punción lumbar y mientras esperaba la jeringa, se sentó a mi espalda, aunque yo no podía girarme por mí mismo. Intenté de todos modos iniciar una conversación. Le hice un par de preguntas. No se dio por aludido, solo hizo el examen, se despidió y se fue. Él venía a trabajar con mi médula, le daba lo mismo que hubiera una persona colgada de esa médula”, dice.
“Cuando uno ingresa a la clínica, se transforma en el paciente de la clínica, lo ven médicos que no ha elegido, se toman decisiones en las cuales no participa. Al paciente le quitan toda autonomía y participación en lo que se hace sobre él y eso es un error. La clínica hoy es un lugar de desamparo”, dice el doctor Kottow.
Con los exámenes en mano llegaron dos neurólogos especializados en enfermedades periféricas. Los dos iniciaron un diálogo entre ellos en el que Kottow solo participaba como oyente:
–El diagnóstico es claro, es un caso de Guillain-Barré. Según los antecedentes recogidos, hubo un episodio gripal hace tres semanas. Luego vino el traumatismo por la caída que debe haber sido provocada por una falla motora– dijo el neurólogo 1.
Al escuchar, Kottow se sintió por primera vez exculpado de su caída como maestro de cortinas. La causa no había sido su torpeza, ni la enclenque silla, sino que el debut del deterioro motor.
Los dos neurólogos concluyeron que la mejor opción, aunque de resultado incierto, era un carísimo tratamiento con inmunoglobulinas humanas, que se administraría durante 5 días seguidos. Sugirieron internarlo en la UCI, ante lo que Kottow se opuso tajantemente: “Los cuidados intensivos son de por sí desagradables. Vienen a cada rato a medir la presión, prescriben medicamentos sin que uno sepa qué son y uno queda a merced del médico residente a pesar de que no es especialista. Uno se transforma en un paciente ‘UCI’, y le aplican los mismos cuidados sin importar qué enfermedad sufre. Y te cobran muchísimo más que la pieza más costosa de la clínica”.
Ante su insistencia, los doctores transaron y lo dejaron en una pieza común, con la condición que ante cualquier complicación lo enviarían “para arriba”, a la UCI. Fue una de las pocas batallas que Kottow, como paciente, logró ganar en los 15 días que estuvo interno.


El libro que el doctor Miguel Kottow escribió a partir de su propia experiencia como paciente en una clínica privada, fue publicado en diciembre por la editorial Ocho Libros.  
SOMNÍFEROS, POR FAVOR
Instalado en una pieza mediana, acompañado de sus dos hijas y de su mujer, Kottow, en su embotamiento, no supo lo angustiadas que estaban hasta meses después, cuando le mostró el primer borrador de El pa(de)ciente a su hija Andrea. Ella se enrabió, porque en el texto su familia aparecía como un mero decorado. “Tú no sabes lo que significó para mí ver derrumbarse a mi papá”, le reclamó.
Al día siguiente fue a visitarlo un amigo cercano, también médico y colaborador académico. Le entregó una grabadora.
–Graba todas las vivencias y sensaciones ahora, mientras transcurren– lo alentó. –Esta enfermedad te proporciona material invaluable para cotejar tu experiencia con las teorizaciones sobre salud y enfermedad que estudias desde hace años.
Kottow hizo caso. Con muchos esfuerzos y jadeos, lograba encender el aparato, bautizado como su “confesor”, que registró sus infidencias durante los 15 días hospitalizado. Lo grabado fue esencial para recordar después los detalles.
Esa misma mañana comenzó con el tratamiento de inmunoglobulinas humanas, que consistía en la inyección intravenosa de un líquido espeso a lo largo de 6 horas, durante las cuales tenía que beber –con una pajita– 3 litros de agua.
Advertidos de los varios millones que costaría el tratamiento, la familia de Kottow solicitó acogerse al seguro catastrófico de la isapre. La institución respondió que la cobertura se aprobaría solo si el paciente se trasladaba a la sala común del hospital con que tenía convenio. “Yo ya estaba en pleno tratamiento y, además, el stock de las inmunoglobulinas era escaso en otras partes. Por lo tanto, mi mujer tuvo que firmar el ‘desistimiento voluntario’ del plan catastrófico. Y fue catastrófico, de hecho, 12 millones solo en ese medicamento”, cuenta el oftalmólogo.
A pesar del millonario costo, al cuarto día del tratamiento llegó la hora de almuerzo sin que se hubiera iniciado la inyección de inmunoglobulinas. Cuando Kottow preguntó, la enfermera dijo que se habían agotado. “Fue difícil entender, y sigue siéndolo, que un tratamiento que por ningún momento debía interrumpirse, no hubiese sido planificado con certeza de cumplimiento”, dice Kottow. Después de horas angustiosas, recién a las 5 de la tarde se obtuvo el medicamento y la infusión se prolongó hasta pasada la medianoche.
Las noches pasaban lento, porque no lograba dormir. Le daban un somnífero a las 8 de la noche pero este solo tenía un efecto de dos horas. “¿De qué sirve tan temprano? Déjemelo ahí y yo lo tomo después”, pedía Kottow. Pero las enfermeras miraban con molestia a este médico-paciente y le decían que por protocolo debían entregarle el medicamento a esa hora y ser ingerido de inmediato. Más encima, su ligero dormir era interrumpido a las tres de la mañana cuando la paramédico de turno encendía la luz de la pieza, para el control de temperatura, pulso y presión arterial que se repetía cada 6 horas.
Kottow aprendió pronto a fijarse en los detalles de la información registrada en esos controles periódicos, porque en una única ocasión le encontraron la presión más alta de lo normal y le indicaron, sin que él lo supiera, un régimen de comidas sin sal y fármacos hipotensores. Estas medidas se mantuvieron varios días hasta que él preguntó por qué estaba tan desabrido todo.
–Su ficha dice que usted es hipertenso.
–Jamás he sido hipertenso. Al contrario, tengo presiones muy bajas.
De ahí en adelante, cuando venían a controlarle la presión, Kottow pedía mirar lo que registraba el aparato, intromisión que era recibida con un mohín de disgusto de parte de la paramédico de turno. Las preguntas no eran bien recibidas. Si una enfermera le pinchaba una vena para tomar una muestra de sangre y él preguntaba el motivo del examen, la respuesta era, escuetamente, “el doctor lo pidió”. Luego los análisis se incorporarían a su cuenta sin que él se llegara a enterar de los resultados. “Estas situaciones me hacían sentir totalmente carente de autonomía e información”, afirma.
Las pocas excepciones, en que sí se sintió acogido como paciente, fueron a contrapelo del sistema clínico. Después de muchos ruegos, uno de sus dos neurólogos tratantes accedió a ayudarlo con su insomnio. A escondidas, le entregó un frasco de potentes somníferos que podía tomarse a la hora que quisiera.
–No debería hacer esto, porque te lo estoy dando de contrabando sin registrarlo en la ficha– le dijo el neurólogo, que a sabiendas del estricto protocolo de enfermería decidió saltarse las normas para ayudarlo. Kottow agradeció ese gesto como una “perla de ética médica”, según dejó escrito en su libro.
FALSA EMERGENCIA
Una vez terminado el tratamiento con inmunoglobulinas humanas, al séptimo día de ingresar a la clínica, Miguel Kottow empezó a notar la inutilidad médica de seguir hospitalizado. Los médicos le decían que el tratamiento había resultado y la enfermedad empezaba a retroceder. “No veía razones para seguir internado. Estaba recibiendo muchos medicamentos y sesiones de kinesiología, pero todo eso podía hacerse en mi casa con un menor desgaste financiero y sicológico. Porque yo ya no solo estaba apático, estaba empezando a deprimirme”, dice Kottow. Con el neurólogo que le dio los somníferos, se coludieron para programar su salida el sábado siguiente.
Pero el jueves, el día 13 de 15, irrumpió la enfermera a su pieza temprano, con una palabra:
–¡Sepsis!
Al ver la cara de desconcierto de Kottow y de su mujer, la enfermera dijo que en su orina, que examinaba rutinariamente el laboratorio, se descubrió que estaba invadido por una septicemia y tenían que aplicar el protocolo para la sepsis. Kottow lloró, porque la tan ansiada salida de la clínica se había ido al diablo, quizás para siempre. No solo estaba convertido en un foco contagioso que debía ser aislado del resto del pabellón, sino que estaba en riesgo de muerte. Se instaló un letrero afuera que anunciaba aislamiento por sepsis. Llegaron rumas de paquetes estériles con delantales de papel, gorros y mascarillas que toda persona que entrase a la pieza debía vestir. Toda esta actividad manejada, según Kottow, muy militarmente, ocurría sin que nadie le ofreciera información ni mucho menos una contención emocional. El urólogo encargado de tratar la septicemia ordenó por teléfono cambiar los antibióticos, pero nunca lo visitó.
En la noche, después de 12 horas en este angustioso estado de emergencia, una enfermera le dijo que el infectólogo, después de mirar la ficha, había concluido que no tenía una sepsis. Solo había ocurrido una contaminación de la muestra. Toda la involuntaria compra de antibióticos, delantales y mascarillas para la sepsis se agregó a la abultada cuenta del paciente, encargado de asumir los costos financieros y emocionales de este error. Por parte de la clínica no hubo ninguna explicación ni disculpas por el insólito episodio.
Pero por lo menos había recuperado el camino al alta, se consolaba Kottow.
LA CONVALECENCIA
El decimosexto día del ingreso a la clínica lo dieron de alta. Seguiría otro mes con antibióticos, antiácidos, somníferos, neuroestimulantes, antiprostáticos y kinesiología, pero en casa, con servicios de enfermería-hogar. Volver fue un alivio. Pero recuperar la movilidad fue un proceso lento y frustrante. “Me decían ‘¡vas muy bien!’ y yo pensaba ¿cómo que bien? Aún no puedo sentarme, no puedo pararme, me tiran una pelota para que la agarre y pasa de largo”, cuenta.
A poco más de un mes del alta ya podía caminar con bastón, comer con cuchara, pero no con cuchillo y tenedor. Comenzó a transcribir muy lento las grabaciones que había hecho en la clínica. Al escuchar de nuevo su voz débil y llena de quejidos terminaba angustiado e insomne, por lo que decidió cumplir esa tarea solo en las mañanas. Demoró tres meses en pasar lo grabado a texto y luego, cuatro meses en el proceso de escritura. En diciembre El pa(de)ciente fue publicado por la editorial Ocho Libros.
Con muchos esfuerzos, Miguel Kottow lograba encender una grabadora a la que llamó su “confesor”, que registró sus infidencias durante los 15 días que estuvo interno. Lo grabado fue esencial para recordar después los detalles y escribir el libro El Pa(de)ciente, donde hace una fuerte crítica al sistema de salud.

“Fue un libro doloroso de vivir y de escribir. La motivación fue indagar en cómo la medicina institucional tal como se administra ahora, permite que se exacerben la angustia y desprotección que siente el paciente”, dice Miguel Kottow, que hoy ya está de vuelta en su consulta oftalmológica, en su trabajo docente y escribiendo otro libro sobre bioética latinoamericana.
¿Cuál problema que usted vivió como paciente considera más preocupante?
La relación médico-paciente, que es la esencia de la bioética, ya no existe. Cuando empecé a hacer medicina era muy importante el relato del paciente, “cuénteme lo que siente”. Ahora ya no se conversa, tampoco no se ausculta mucho. Se trata al cuerpo como una máquina a la que hay que estudiar, pero olvidando a la persona que encarna ese cuerpo y cómo la enfermedad trastoca su existencia. Todo esto produce una alienación muy grande en el enfermo. Por otra parte es la institución –llámese isapre, o clínica– la que ahora decide lo que se hace o no. Cuando uno ingresa a la clínica, se transforma en el paciente de la clínica, lo ven médicos que no ha elegido, se toman decisiones en las cuales uno no participa. Al paciente le quitan toda autonomía y participación en lo que se hace sobre él y eso es un error. La clínica hoy es un lugar de desamparo, y un desamparo caro.
¿Qué culpa tienen los médicos de estas falencias?
Los médicos también pasamos a ser victimarios de esta maquinaria, porque la capacidad de resistencia al sistema es muy baja. Yo mismo tuve una experiencia muy mala trabajando en dos clínicas. Los incentivos eran perversos, en el sentido de que si tenías muchos pacientes por hora y, por lo tanto, movías mucha plata, te daban un buen horario. Mientras más radiografías e intervenciones pedían, le bajaban el porcentaje de arriendo de la consulta. Había internistas que encargaban tantos exámenes innecesarios, que les salía gratis. Así funciona y eso es cada día más intenso, por lo que me cuentan los colegas que trabajan en clínicas.
¿Y las críticas que usted hace en el libro han tenido algún eco?
Es difícil generar una conciencia en ese sentido. A nosotros nos costó muchos años lograr que la Universidad de Chile tuviera Bioética como ramo obligatorio en primer y segundo año de Medicina. Pero los chicos después llegan a sexto año y cuando me los encuentro en el pasillo dicen “oiga, usted enseñó puras cosas que no veo que se realicen”. Está demostrado que la sensibilidad ética de los estudiantes es alta cuando ingresan, y va cayendo a medida que avanzan en la carrera. Pero igual hay que diseminar esto esperando que algo quede. Mi aporte, además de mi trabajo de años como bioeticista, fue escribir este libro. Lo que pretende, es decirle a la gente que no eres el único que lo ha pasado mal, que no fue una excepción lo que te pasó. Entonces, tal vez se genere una mayor crítica y disposición al reclamo, que en Chile es muy bajo.

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24 noviembre 2014

¿Por que me duele mi país?

Cuando no te duela que tengas que salir de un trabajo por ser una pieza incómoda para los planes de corrupción de tus superiores…
Cuando no te duela que para ascender tienes que esperar a que tu jefe un homeópata inepto sea candidato a diputado….
Cuando no te duela tener que negociar asuntos sindicales con el líder en un burdel de mala muerte.
Cuando no te duela ver jovencitas como se denigran para obtener un trabajo.
Cuando no te duela que de niño el cura se molestó porque al confesarte no le platicaste como te masturbabas.
Cuando no te duela ver al presidente municipal con una mano levantar la imagen del santo patrono y con la otra agarrarle las nalgas a tu esposa.
Cuando no te duela que se gaste mas en fuegos pirotécnicos que en alimentos y cobijas para los desprotegidos.
Cuando no te duela no poder tener precios competitivos de tus productos por la carga fiscal.
Cuando no te duela el elegir entre pagarles las prestaciones de ley o el sueldo a tus empleados.
Cuando no te duela querer ser proveedor del gobierno y que el servidor público te pida una mayor participación económica que tus utilidades.
Cuando no te duela ver como satanizan el humo del tabaco, pero tienes que soportar el humo de la mariguana que emana de la casa de tus vecinos.
Cuando no te duela ver a jóvenes queriendo ser emprendedores que les niegan licencias para restaurantes y permiten la venta de bebidas alcohólicas en la tienda de la esquina.
Cuando no te duela que frente a la casa de tus hijos vendan drogas con toda impunidad
Cuando no te duela que impunemente maten a tu amigo por que quiso enderezar su vida y se negó a continuar con la venta de droga.
Cuando no te duela que para darles una mejor calidad de vida a tu familia tienes que traicionar tus principios éticos.
Cuando no te duela que en este país ser servidor público es sinónimo de corrupción, y que desde el barrendero hasta el presidente estiren la mano para hacer su trabajo.
Cuando no te duela que en este país es mas importante ser influyente a ser honesto.
Ese día, cuando todo esto no te duela…. Dime que estoy equivocado por ser un detractor del sistema.

                                                           Conrado III



Zaida Cristina Reynoso Camacho 
Poeta Mexicana

Noche de literatura cajatambina

Con singular éxito la Sociedad de Poetas y Narradores  de la Provincia de Cajatambo,el pasado viernes 21 de noviembre en el auditorio Flor de María Drago Percivale de la Casa de la Cultura de Huacho, llevó a cabo el  desarrollo la Noche de Literatura Cajatambina, dedicado al escritor Bladimiro Reyes Barboza, como un homenaje póstumo a tan reconocido escritor huachano-cajatambino.
La noche cultural se dio inicio con la presentación de la mesa de honor conformado por los destacados poetas y escritores cajatambinos Narciso Robles Atachagua, Ulises Requejo Armas, Víctor Arias Rivera, Cesar Reyes Villanueva, así mismo se contó con la presencia de la viuda del extinto escritor cajatambino la señora Mercedes Sipán  y la del Lic. Oscar Castillo Banda Presidente de la Sociedad de Poetas y Narradores de la Región Lima.
La parte musical de la noche estuvo a cargo del destacado músico cajatambino  Cesar Reyes Cuellar quien deleito a los presentes con los elegantes acordes de su guitarra cajatambina.

Lizardo Reyes Sipán hijo del recordado escritor Bladimiro Reyes Barboza, agradeció a los integrantes de la Sociedad de Poetas por el homenaje póstumo realizado a su señor padre.

















 





18 noviembre 2014

El deber de todo escritor

Por Jorge Aliaga Cacho

Si aceptamos como definición general que la literatura es un Arte que usa como instrumento la palabra. Nos toca entonces definir si los escritores y los valores estéticos, los textos de sus obras literarias, pueden influenciar el devenir histórico, político y social de los pueblos. La historia muestra evidencia que ello no solamente es posible sino que ha sido determinante en el desarrollo social de la humanidad.

En el marco de las transformaciones ocurridas, en el Perú, por ejemplo, durante la explotación del guano, cuando una burguesía fiscal, unida a los terratenientes, golpeó al militarismo con el partido civilista, plutocrático. En ese marco histórico, al termino de la Guerra del Pacífico, Manuel Gonzáles Prada dirigía un movimiento renovador en un llamado “Círculo Literario” y, luego, en el Partido Nacional (1891). Gonzáles Prada predicaba una política de revancha contra Chile, de unión nacional contra el centralismo limeño, contra la oligarquía política e intelectual, contra la hegemonía literaria española, contra la Academia y, sobre todo, contra el clero.” Como lo afirma Mariátegui en sus “7 ensayos de interpretación de la realidad peruana”, citando a Gonzáles Prada: ´toda actitud literaria, consciente o inconscientemente refleja un sentimiento y un interés políticos. La literatura no es independiente de las demás categorías de la historia´- Gonzáles Prada finalmente nos dejaría su grito en el Teatro Politeama, en 1888, “los viejos a la tumba los jóvenes al poder”. Se refería a esos viejos que tenían responsabilidad por lo acontecido en el pasado.
En materia literaria Gonzáles Prada fue crítico severo de los arcaísmos y tradicionalismos. Luego vendría la generación de sus discípulos que continuarían y enfocarían su obra: José Carlos Mariátegui, César Vallejo, Victor Raúl Haya de la Torre, Luís Alberto Sánchez, entre otros que se destacaron además de la literatura en la vida política del país.

En Europa Gonzáles Prada conocería a Renan, también a  Pi Margall. En 1898 regresaría como siempre, combativo y con una evolución hacía un cierto tipo de socialismo que Luís Alberto Sánchez lo tipificaría como sentimental a pesar de que Gonzáles Prada tenía respeto por la ciencia. En mi opinión el escritor representa su tiempo, no puede desligarse del compromiso social de su pueblo. Ejemplo digno es José Martí que se entregara tanto a su obra estética como a la acción política. A Martí a la edad de 16 años lo encarcelan seis años por considerarlo sospechoso de poseer ideas revolucionarias. Luego lo deportan a Madrid. Allí publica su obra “La república española ante la revolución de Cuba”. En su ensayo “Nuestra América” defiende magistralmente nuestros valores autóctonos y confronta las ideas que Sarmiento proponía en Argentina:´el mejoramiento de la raza por medio de la eliminación del indio´. Si no hubiese sido por las ideas y escritos de Martí, hoy no tendríamos población nativa en nuestro país, como ocurre en Argentina o Uruguay, en este último eliminaron a los Charrúas.

En los Estados Unidos, Mark Twain, (Samuel Clemens), 1835-1910, significó la reivindicación de lo humano. Luís Alberto Sánchez, sin embargo, propone que  Twain era un moralista incapaz de admitir la concupiscencia, que en la  moral católica representa ´el deseo de los bienes terrenos, el apetito desordenado de los placeres deshonestos” como lo plantea Max Weber en “La ética protestante y el espíritu del capitalismo”.´

Otro registro de interés social se puede apreciar en “The adventures of Huckleberry Finn” donde Twain muestra la característica emprendedora, entusiasta y positiva del norteamericano. Lo saludable en Norteamérica. Obras de Twain como “Un yanqui en la corte del Rey Arturo”, que es una bufonada, y otras, ejercieron gran influencia en las mentes y el sentir de los habitantes estadounidenses. Geroge Orwell y Graham Greene, en el Reino Unido, son autores que denuncian las injusticias sociales, el primero desde posiciones socialistas y el segundo desde su fe católica. Orwell en su novela “1984”, publicada en 1949 anticipa ´un futuro controlado por un poder dictatorial que a través de los medios de comunicación manipula las conciencias´. Jean Paul Sartre, en Francia, fue crítico de la sociedad y el sistema imperantes. Fue un pensador influyente en los ambientes progresistas. También fue una bandera de la revuelta de mayo. Junto a Sartre, que rechazó el Premio Nobel en 1964, destacan en Francia : Albert Camus, Simone de Beauvoir y, el escritor más joven del grupo existencialista, Boris Vian. En Alemania le ocupó una gran labor política a Bertold Brecht que en 1933 había huido de las garras de Hitler al que llamó ´pintor de brocha gorda´. Brecht atacó a los nazis con reformulaciones de obras antiguas. En Rusia, Maiakowski tuvo una significativa actividad política en apoyo a la Revolución Rusa y, con ese objetivo, dirigió un gran número de revistas para impulsar la propuesta soviética. De igual forma, en Rusia, Serguéi Esenin, participó con optimismo en la primera parte de la revolución bolchevique pero por provenir del mundo del agro criticó luego el exceso de industrialización en el país que afectaba al campo. En China, a la muerte de Mao, en 1976, los autores purgados durante la Revolución Cultural fueron rehabilitados. De esta forma se superaba la crisis ocasionada por lo que se considera un error de Mao. Sin embargo esta inicial apertura devino en los sucesos de la Plaza de Tiananmen en 1989. El año 2000, Gao Xingjian se convierte en el primer escritor chino en recibir el Premio Nobel en Literatura.


En México se destaca la figura de José Vasconcelos, gran influencia en el pensamiento latinoamericano. Su obra “La raza cósmica” elimina  la propuesta fascista de “la raza superior”, proponiendo el advenimiento de una raza nueva conformada por la suma de lo mejor de todas las razas. En Sur América, García Márquez con su fantasioso Macondo ha denunciado y golpeado a las bananeras que existían en realidad cuando leíamos “Cien años de soledad”. Nicanor Parra y Neruda en Chile; Ernesto Cardenal en Nicaragua; José María Arguedas y César Vallejo en Perú; han amado a sus pueblos y, precisamente por ello, han luchado por un cambio social. Y este aporte al mensaje de liberación de nuestros pueblos viene desde distintas perspectivas. Leoncio Bueno, en el Perú, por ejemplo, con su incorrupta posición anárquica cumple una función liberadora. El padre Gutiérrez, con su Teología de la Liberación, hace lo propio.


La literatura oral de nuestras comunidades nativas, sus canciones, dramas, lenguajes y culturas, forman parte del material literario que alimenta el discurso del escritor. Al decir escritor no me refiero al mal llamado escritor que el sistema capitalista promueve. No me refiero a esos falsos escritores que son formateados en los espacios de la gran media vende patria que nos alienta a leer la mugre impresa de sus agentes. Gente que se presta al juego del sistema, por un puñado de soles, permitiendo que la clase dominante implemente su hegemonía en el campo de la cultura.¿Qué propuestas en lo social o cultural, pueden hacer Monica Cabrejos, Beto Ortiz, Jaime Baily o su filósofo Tongo?. Esta clase de individuos no son escritores, pero el sistema nos los vende como tales, y al igual que la televisión basura o periódicos basura, cumplen la función de servir al sistema capitalista como cortina de humo para confundir al pueblo y no le permitan reconocer a sus verdaderos escritores. Por ello es importante que, de manera urgente, todas las organizaciones de escritores en el Perú, sin discriminación alguna, se organicen para la promulgación de una ley del escritor que defienda la condición del escritor real, dotarle de beneficios en seguridad social y promoción de su actividad literaria. Defenderlos de las mafias editoriales. El deber de todo escritor, más aun si este se considera revolucionario, es luchar por la unidad de todos los escritores peruanos  Contrarrestar los ataques que el imperialismo realiza en el terreno de la cultura que se manifiesta en la imposición de valores culturales que nada tienen que ver con los nuestros. Neutralizar los mensajes que embrutecen al pueblo y lo conminan a la ignorancia. Pero también como lo diría García Márquez: “el deber de todo escritor es escribir bien”.



Jorge Aliaga Cacho (2014, Berlín, foto Maxilin)

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