01 septiembre 2015

Poema de Vida para Nalo, un gran amigo

Despierta el día al canto de las aves
Una luz de vida llena tu alma de alegría
Sonriente de  felicidad levantas tu mirada al cielo
Das gracias a Dios por el nuevo día que te da
En ti no hay tristeza, levántate, Dios protege  tu caminar.

Nalo, hay muchos caminos por recorrer
Muchas ilusiones y retos por conocer
Solo un hombre generoso como tú vive la vida a plenitud

A donde vayas el sol te dará su calor
Y en noches de luna llena, ella iluminara tu camino
Andarás muy seguro de la mano de tu creador
 Y en profunda calma, la vida te sonreirá eternamente.


Julio Solórzano Murga.

Huacho 01 de Setiembre de 2015.

“Voces del río de estrellas” Libro de Cuentos de Luis E. Aguilera.

Por Amelia Arellano  
Al ingresar a este “Río de Estrellas” nos encontramos con el río del viejo Heráclito: “Nadie se baña en el río dos veces porque todo cambia en el río y en el que se baña…” De este modo los contenidos tendrán distinta resonancia cada vez que uno acceda a él. Y no podemos hablar del texto, sin referirnos al autor: para los que lo conocemos, presenta su obra de un modo involuntario, ameno, espontáneo y apasionante, tal como  es en su misma cotidianidad.
 La primera pregunta que puede plantearse el lector es: ¿Cuál es la nacionalidad, de Luis Aguilera?, el autor. Podríamos arriesgar que es de Buenos Aires, de Catamarca, del bello San Juan… La realidad es que este hombre en tan Argentino, como Chileno y desde este lugar fundamentalmente Latinoamericano. Tan particular como universal.
 También podríamos decir que es un narrador nato, pero también un poeta que escribe prosa… o más aún, un novelista que divide su obra en tres textos, pero lo seguro, lo evidente, es un narrador de ciudades, ya lo había demostrado en obras anteriores. No sólo describe a la perfección los olores, los sonidos, los matices, los colores que hacen a nuestra identidad sino que se asoma al alma de sus personajes, se introduce y nos introduce en ellos.
 Indaga, busca, recorre, los rincones de cada ciudad, como buscando la amante, amores, y lo narra con la pasión de la tierra, de la raíz y la rama, de la flor y el fruto.  Con el movimiento del río, tal como si fuera un río, de penetrante y aguda observación, digno de ubicarse entre los mejores autores costumbristas.
 En su estilo realista, hay episodios tan bien narrados que nos dejan meditando. Pero la reflexión no basta, se impone que el protagonista se ponga el traje del escritor y viceversa.
 El personaje se transforma, se hace otro, se adhiere al lector como una segunda piel. Y estremece… sacude… conmueve.
 Todo el texto es un caleidoscopio sorprendente que despierta sensaciones, según la óptica de la cual se le mire, y lo que realmente importa no es el final feliz en sí mismo, sino las múltiples experiencias de sus personajes y vicisitudes.
 Y el autor dice palabras y calla otras.
 ** “Yo podría decir…”
  “Cuando la tristeza quiere atraparlo”, “surge la inmortal Marianela…” “Yo podría decirte, yendo al ocaso, que te llevo prendida a mi costado, latido imprescindible…!”*
 Y en Tinogasta la sensualidad toma nombre de mujer: “Yo podría decir, que estoy mirando la ciudad sumergida que te guarda…”
 Y finalmente Monteros y María de los Ángeles: “Yo podría decir que caen al abismo de tu sueño ángeles grises y palabras lentas y rosas musicales y profundas…”
 “Yo podría decir…
Y sería verdad, como una estrella,”  **
 **“Poemas para decir muchas cosas”, de Vicente Barbieri.
 Amelia Arellano
 Vive en San Luis (República Argentina), escritora, ha publicado narrativa, ensayo y poesía.
Lic. en Psicología –Psicóloga Social–. Colabora como escritora en medios locales, nacionales e internacionales. También en  sitios web nacionales e internacionales. Sus producciones han sido traducidas al inglés, alemán, italiano y catalán. Ha ganado premios y distinciones nacionales y provinciales e internacionales, con jurados tales como Osvaldo Bayer, Horacio Salas, Tununa Mercado, Jorge Brega. Se identifica con los movimientos de género y los de reivindicación de las culturas populares. Cree que el rol del escritor debe ser dinámico y comprometido. Su tema de preocupación siempre ha sido el de la identidad.  Socia Fundadora y Presidente actual del “Movimiento Cultural Poetas del Exilio”.

CUENTOS CORTOS

El maestro Borges dice " Dos deberes tendría todo verso: comunicar un hecho preciso y tocarnos físicamente, como la cercanía del mar". Y yo digo, esta es también (casi) la definición de un cuento. Otro argentino, el gran Cortázar,  encontraba un parentesco de sangre entre el cuento y el poema, ese mágico hermano de la poesía- decía Cortázar refiriendose al cuento. Todo esto para, a propósito del excelente envío de Melacio Castro, poner en consideración de ustedes unos poemas míos que podrían ser también cuentos cortos, cortísimos, salvo mejor opinión. Y, claro,  para agradecer a Melacio esto que es toda una antología del cuento corto. Falta quizas solo el cuento aquel de la simpática familia de centauros de Kostas Axelos.

Van mis poemas- cuentos, entonces:

                         (1)
Has  vuelto después de tanto tiempo
¡Y por la puerta grande de este sueño!

                    (2)
En la quebrada lavaban la ropa del difunto.
Trotaba el agua lenta fatigada de huellas.

                     (3)

La rana y las luciérnagas:
¡Alguien se está comiendo a las estrellas!

Gracias y disculpadme, queridos compañeros, tanto atrevimento.

Angel Gavidia

Cuentos muy breves para leer en la tumbona - El género vive un gran auge con nuevas antologías y reediciones en el ámbito hispano

El País, 18 AGOSTO 2015  
Hermano mayor de la greguería, el aforismo y el grafiti, el cuento breve se impone ahora con fuerza, sobre todo en el ámbito hispano, con copiosas reediciones y antologías. Hay quien dice que es el género adecuado al lector con prisas de nuestro tiempo, y especialmente idóneo en el verano, para la levitación zumbona sobre la tumbona.
Previa advertencia de Ludwig Wittgenstein, “la guinda puede ser lo mejor de un pastel, pero un saco de guindas no es mejor que un pastel”, esa tendencia es, en realidad, una redundancia, pues hasta el más avezado de los lectores lo que finalmente retiene de sus libros predilectos son breviarios: píldoras esenciales, que luego él mismo ampliará, en ondas expansivas, con volver a arrojar la piedra de la evocación o la relectura.
Muchas veces basta un verso sugerente para obtener un cuento breve; para que se abran las compuertas a un ajetreo infinito, como cuando predijo el poeta Pedro García Cabrera: “La cocina es el sexo de la casa”. O para que recobre toda su vigencia narrativa una sentencia de hace siglos, como esta denuncia, ahora lamentablemente tan en boga, que hace William Blake: “Y la juventud fue llevada al matadero, junto con la belleza, por un trozo de pan”.
Un microrrelato autónomo puede ser un aldabonazo en el interior de una novela, como esta perla de la intertextualidad endiablada deEnrique Vila-Matas: “En su trágica desesperación, se arrancaba los pelos de su peluca”. Y viceversa: un cuento breve en sentido ortodoxo puede extenderse al infinito; es lo que le sucede al más famoso de ellos, El dinosaurio, de Augusto Monterroso: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía seguía allí”.
Tan célebre y glosada ha sido esta pieza que el propio escritor guatemalteco lo dio finalmente por uno de sus textos más largos, entre erratas recopiladas —dragón, cocodrilo, unicornio— y parodias realizadas por otros autores, como ésta de José María Merino: “Al despertar, Augusto Monterroso se había convertido en un dinosaurio. Te noto mala cara, le dijo Gregorio Samsa, que también estaba en la cocina”; o esta otra, del mexicano Jaime Muñoz Vargas: “Cuando plagió, el copyright todavía estaba allí”. Aunque, sin duda, entre las numerosas apostillas a este cuento, la palma se la lleva uno que habla de una señora que, preguntada sobre si conoce el relato del dinosaurio de Monterroso, dice que le encanta, que ya va por la mitad...
Cuantas más ondas cruzadas y expansivas en menor número de palabras, más eficaz será la píldora y certero el dardo. Según Eduardo Berti, autor de Los cuentos más breves del mundo, la palma se la lleva Hemingway con esta dosis de seis palabras: “For sale: baby shoes, never worn”: “Vendo zapatos de bebé, sin usar”, toda una elipsis para un relato sobre un aborto.

Cuento fantástico

Un clásico del género es el cuento fantástico de Fredric Brown: “El último hombre sobre la tierra estaba sentado a solas en una habitación. De repente, alguien llama a la puerta”.
El gusto por la paradoja es una constante del género breve. Así el venezolano Gabriel Jiménez Emán, autor de Los 1.001 cuentos de 1 línea, neutraliza de entrada su propósito: “Quiso escribir los 1.001 cuentos de 1 línea, pero sólo le salió uno”; y, en otro momento, apunta con finura: “Aquel hombre era invisible, pero nadie se percató de ello”.

Algunos microrrelatos

José María Merino, parodiando el éxito del cuento de Monterroso: “Al despertar, Augusto Monterroso se había convertido en un dinosaurio. Te noto mala cara, le dijo Gregorio Samsa, que también estaba en la cocina”.
Juan José Arreola, sobre el amor: “Estabas a ras de tierra y no te vi. Tuve que cavar hasta el fondo de mí para encontrarte”.
Beatriz Martínez, más sobre el amor: “Mi corazón te espera, es lo único que queda de mí, estoy dentro de otra. Búscame”
Ana María Shua, algo más subido de tono: “Mientras Aladino duerme, su mujer frota dulcemente su lámpara maravillosa. En esas condiciones, ¿qué genio podría resistirse?”
Tan cáustico y sutil con las relaciones amorosas, expresa el mexicano Juan José Arreola: “Estabas a ras de tierra y no te vi. Tuve que cavar hasta el fondo de mí para encontrarte”; o también: “Soy un Adán que sueña con el paraíso, pero siempre me despierto con las costillas intactas”. Y su compatriota Luis Felipe Lomelí completa así el triste cuento El emigrante: “¿Se olvida usted de algo? —¡Ojalá!”.
Una mirada singular, en ocasiones lacerante, sobre el amor ofrecen muchas autoras que cultivan el microrrelato. Así, en la antología de Clara Obligado Por favor, sea breve, aparece este hermoso y desengañado Trasplante, de Beatriz Martínez: “Mi corazón te espera, es lo único que queda de mí, estoy dentro de otra. Búscame”. Y la mexicana Mónica Lavín ofrece esta cáustica mirada reivindicativa: “Le escribió tantos versos, cuentos, canciones y hasta novelas que una noche, al buscar con ardor su cuerpo tibio, no encontró más que una hoja de papel entre las sábanas”. Y con ironía sabedora de ciertos poderes femeninos, la argentina Ana María Shua expresa: “Mientras Aladino duerme, su mujer frota dulcemente su lámpara maravillosa. En esas condiciones, ¿qué genio podría resistirse?”.
También los poetas, decíamos, insertan en sus versos punzantes microfilmes, desde el más trágico Robert Lowell —“¿Y si las luces que vemos al final del túnel son los faros del tren que se nos viene encima?”—, hasta el más emotivo Francisco Brines, quien en La última costaotea: “Mi madre me miraba muy fija desde el barco / en el viaje aquel de todos a la niebla (...)”.
En ocasiones ocurre, en fin, desmintiendo a Gracián, que lo bueno, si breve, dos veces breve.
Antonio Puente (Las Palmas de Gran Canaria, 1961) es escritor, periodista y crítico literario.

Metacuentos

Abundan los microrrelatos que versan sobre la propia literatura. Así, el argentino Marco Denevi, cuyo Parque de diversiones (1970) es uno de los clásicos del género, escribe sin desperdicio: “Lo sé —decía el escritor honrado—. He escrito la mitad de lo que quería escribir y publicado el doble de lo que debí publicar”.
Y su compatriota David Lagmanovich, autor de La hormiga escritora (2004), traza este retrato insuperable del juego de equívocos y espejos en que se basa la cosmovisión de Borges: “Era ciego y caminaba por la calle Florida con un bastón blanco, apoyado en el brazo de una robusta criada, pero no era Borges”.
Edmundo Valadés coloca de este modo a Homero en las grandes urbes de nuestros días: “Esas sirenas enloquecidas que aúllan recorriendo la ciudad en busca de Ulises”. Y de nuevo Denevi hace razonar a Catalina de Rusia con esta lógica aplastante: “Si no hubiese sido por mi cuerpo habría sido casta”.
Ángel García Galiano anuncia audaz: “El conde me ha invitado a su castillo. Naturalmente yo llevaré la bebida”. Por su parte, el colombiano Jairo Aníbal Niño relata: “Y los ratones hicieron una alianza y la serpiente de cascabel le puso el cascabel al gato”.
Y, con su proverbial recuperación de la sintaxis infantil, escribe César Vallejo: “Mi madre me ajusta el cuello del abrigo, no porque empieza a nevar, sino para que empiece a nevar”.

30 agosto 2015

Lo regresivo natural constructivo /Imágenes sobre ARII de Brenda Friede‏

 Queridos amigos poetas y amigos de la bella palabra, nuestra amiga alemana Brenda Friede nos envía sus composiciones fotográficas inspiradas en el reciente libro  Arte Regresivo II.  En estas composiciones fotográficas personales que han sido hechas en su reciente viaje al Perú, "bajo un verano inolvidable", Brenda ha integrado el principio de lo regresivo natural constructivo.  Las fotos nos entregan la carga de una emoción sensible  en una descarga hacia el principio de la belleza natural, que se forma por ella misma en el constante hacer y deshacer de las olas.  Para nosotros, esos instantes, nos sirven como  recreación sensitiva y que va a la perfección de la belleza colectiva, frente a tantas calamidades mundiales que se ven y repiten en nuestros días.
 
 
Título: Regresivo natural constructivo
Fotos: Brenda Friede (Berlín-Alemania)
Arte Regresivo.
Fuentes: MeloPoeFant/Sociedad de Escritores del Norte de Lima
Berlín:28/8/15
 
 
 
 
Gesendet: Dienstag, 25. August 2015 um 19:36 Uhr
Von: "Brenda Friede"
An: jose
Betreff: Bilder
Hallo lieber José, hier nun ein kleiner Ausschnitt von unserer Gemeinschaftsarbeit im Sinne von "ARTE REGRESIVO". Ein unvergeslicher Sommer in Peru. Alle Bilder erhälst Du noch komplett und in voller Auflösung von uns auf einer CD.

Gruß Brenda Friede










Cuentos cortos Cuentos cortos Angel Gavidia

 Por: Ángel Gavidia  

Justo ayer, sin querer queriendo, me encontré un posible cuento breve de Luis Hernández:

Teoría de la Relatividad
Homenaje a Einstein

Una manzana 
vio caer a Newton
Luego dijo:
g = 9.8

Mario Gavidia Calderón
Engenheiro ambiental e Mestrando em Meteorologia 

Instituto de Astronomia, Geofísica e Ciências Atmosféricas
Universidade de São Paulo
Rua do Matao Matão, 1226 - Sala 328
Cidade Universitária
São Paulo,SP,Brasil
CEP:05508-090


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