Cuatro poemas con algo de café

27 agosto 2018












Ángel Gavidia

LUGAR

En la agonía de un café
en el cual me sumerjo en busca de tus ojos,
o en la crujiente esquina de algún verso,
o, de noche, en los bosques
donde este amor reposa a penas
para volver a aullar
morder
ensangrentarse…
o sea entre tú y yo
me encuentras
solo.

AMARILLA UNA PENA

Amarilla una pena
como la tarde.
Un café se acurruca
cual perro manso.
La soledad se posa
junto a tu ausencia.

EL CAFÉ

Despacio, sin apuro, como la lenta agonía de un cuervo, el café moría acuchillado por todas las tristezas.
Yo no quise salvarlo. Hipócritamente permití que todos los dolores hicieran blanco en él. Los adioses no pudieron tocarme: salí ileso.
Ignoro si la lluvia y el viento procedían de ojos conocidos. Desconozco, igualmente, si esa criatura que luchaba con las olas se llamaba Esperanza. Pero sí soy testigo de cómo esa taza de café fue ensanchándose hasta tornarse en mar, recipiente de toda la tormenta.
Indiferente me alejé del lugar. Atrás quedaban dos tazas orilladas por algo semejante a la compañía muerta. Nada me faltaba, estaba igual que siempre, solo que al querer sonreír no pude recordar cómo se hacía.

Y ES QUE HAY UN CAFÉ

Y es que hay un café
Y pájaros desgarrados
Y ríos que transitan huérfanos de padre
Y noches que heredaron la viudez otras noches
Y negras legumbres
Y soledades que no hallaron la paz después de muertas
Y cruces
Y fantasmas
Y todo, menos luz.

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