“¡Ay doctor Gino, ay doctor Gino!” o la seguridad marca Fujimuri

04 junio 2016


Escribe Ángel Gavidia

La expresión entrecomillada del título es la que le asestó, a modo de estocada final, el general Marco Miyashiro a su contrincante Gino Costa cuando debatían en el Cuzco ancestral sobre seguridad ciudadana. Gino trató de refugiarse (o protegerse) tras una cifra pertinente. Pero fue en vano, el ensoberbecido samurái ya se goleaba el pecho: Yo soy policía, Ud. es un hombre de escritorio. Y, claro, vino lo que injustamente ha hecho parecer a la opción fujimorista como la poseedora de la solución al grave problema delincuencial del país: más cárceles, militares en las calles, el retorno de los policías al canchuelo de guardianías de chifas y de bancos y a que no temblará la mano para estas propuestas incluyendo aquella de poner a Lima en situación de emergencia con todo lo que esto significa en cuestión de imagen, de turismo, de libertad. La propuesta de barrio seguro de Gino Costa quedó minimizada casi hasta hacerse invisible y por lo tanto olvidable. Supongo que a estas alturas la mayoría de electores solo recordarán la propuesta de militares en las calles, situaciones de emergencia para Lima y otras ciudades del Perú y las benditas 20 cárceles a más de 4,000 metros sobre el nivel de mar.
Es decir el antídoto para la delincuencia es la punición. Qué fácil, que simple y qué falso. México es un ejemplo clamoroso. Los países centroamericanos que comenzaron a cargar a sus bandas juveniles a las cárceles hoy lo lamentan porque ya no son bandas juveniles, son bandas de delincuentes avezados en las calles. Recordemos que uno de ellos terminó con la hermosa vida de Facundo Cabral. Y es que la arrogante exhibición de Miyashiro es tan ingenua, por no decir tan ignorante, como si el autor de esta nota por su condición de médico tendría la solución para derrotar al SIDA, a la tuberculosis, al dengue, a la desnutrición, al terrible cáncer. O como si el mejor maestro del mundo tendría la respuesta para acabar con el analfabetismo, la alienación, la estupidez. La policía siendo una parte importante de la solución no es la más importante.
La lucha contra la delincuencia es un proceso que ha de ser largo porque necesitamos acabar con el semillero que está esparcido en la sociedad: una niñez agredida casi desde sus inicios uterinos, hogares desintegrados, padres violentos y maltratadores, y la droga como trágico catalizador de todas estas taras, además de una población en contacto con los grandes y sublevantes diferencias sociales. Ya en el primer peldaño maestros que desgraciadamente no dan la talla (por su escasa formación y su bajo salario amén del excesivo número de alumnos por profesor). Escuelas sin psicólogos. Y más arriba autoridades inmorales. Y nuevamente la droga infiltrándose y amenazando o sobornando.
Esa visión holística la dan los libros y el escritorio que tanto denigran las huestes fujimoristas comenzando por su líder. La cuestión es ir desde la teoría a la práctica y viceversa. Mao tiene una frase terrible: quien no hace que no enseñe. Y Lenin, aquel sabio mandato de acercarse infinitamente a la realidad, y el poeta Martín Adán tiene un diáfano verso que hoy quiero recordar: Realidad, el ángel que me guía. Y quiero recordar también acá que en Suecia, uno de los países con la mejor educación primaria del mundo, se acaba de cerrar su última cárcel.

Trujillo, 2 de junio de del 2016
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