Yolanda Mary La Rosa Cruz: “…Mar de Huacho en Tí el Sol y la Luna dibujan Estelas con Filigranas de Oro y Plata…”

23 diciembre 2015

III Concurso de Cuento y Poesía 2015 Filomeno Zubieta Nuñez. Primer Lugar Categoría Cuento.

“…Mar de Huacho en Tí el Sol y la Luna
                                dibujan  Estelas con Filigranas de Oro y Plata…”

“Entre las cosas personales de mi anciana madre encontré el cuento que aquí os cuento.
Son muchas hojas mohosas que relatan parte de la historia familiar que desconocía en absoluto pero que bien pudieran señalar el origen de mis rasgos algo orientales; asumo que es un cuento y aquí os lo presento
:
‛Lo encontré sentado entre margaritas blancas de primavera; desde lo alto del Malecón llamado con el nombre de su primer constructor Benjamín Rocca,  Hiroshi miraba el mar; oteaba la inmensidad del mar como quien espera la llegada de un entrañable amor; ensimismado miraba fijamente aquellas pequeñas naves pesqueras de las cuales él escribiera con pésima rima:
‛…frente a la franja hermosa de la playa limpia,
 agazapados y orientados hacia el sur,
 pareciera que atentos esperaran  la señal de partida
 prestos a rugir sus motores en pos del precioso fruto del mar
del mar de mi alma …del mar de Huacho …’

Un par de meses  después de este evento, a los 82 años murió mi abuelo Hiroshi;  a pesar de su excelente estado físico, estando recostado plácidamente  en la mecedora a la sombra de sus paltos, lúcumos y chirimoyos, entre aromas de floribundos rosales dejó de existir mi querido abuelo.
Vivió cumpliendo responsablemente sus obligaciones familiares;  a pesar de su cercanía cariñosa y orientadora siempre fue misterioso para mí; los últimos años desaparecía de la huerta de la campiña para, entre caminos de tierra, dirigirse hasta el entonces casi despoblado Cerro Manzanares.
Cuando la tarde agoniza, lo encontraba sentado con las manos entrelazadas  mirando aquel camino de color oro y plata que forma el sol de la tarde sobre las
aguas del mar de Huacho.

Cierto día, unos pocos días antes de su muerte lo encontré muy triste, con una brillante lágrima en la mejilla;  “¿Estás bien abuelito?” “Estoy bien mi pequeña niña, no te preocupes”  por respeto no me atreví a inquirir  la razón de aquella lágrima triste,y volteando hacia el mar hizo una inclinación de respeto mientras dijo unas palabras en japonés como quien se despide de un querido amigo.
Era la primera vez  que escuchaba a mi abuelo hablar en otro idioma que no sea el  español.
Mi abuelo Hiroshi tenía un apellido japonés tan difícil de pronunciar que el sacerdote que bautizó a mi padre se negó a ponerle dicho apellido y le designó el apellido que llevo hoy, inferido  éste de  la actividad a la que se dedicaba Hiroshi; era cultivador de las rosas más hermosas que recuerdo haber visto; era un experto cultor de antiguas técnicas japonesas de teñido e injerto de rosales  que fueron  varias veces requeridas para adornar los floreros de Palacio de Gobierno en Lima,  de Catedrales  y  muchas veces adjuntadas  a  misivas  embebidas en sentimientos de amor.
Luego de fallecido, mi familia decidió dejar sus cenizas ofrendadas al mar de Huacho que tanto contemplara; luego llegó el triste pero necesario momento de salir de sus pertenencias como de la vestimenta, ropa de cama y prendas personales; sin embargo mientras removían el colchón, del catre  de su cama cayeron al piso un ciento de hojas de diferente tamaño y formato; estaban todas escritas en extraños signos que supuse fueran símbolos en japonés.
En aquel tiempo no encontré quien pudiera traducir dichas hojas y muchos años después, cuando me casé y tuve que seleccionar el menaje que llevaría a mi nuevo hogar, llevé conmigo aquel ciento de hojas junto a la curiosidad de saber qué decía en ellas.
Hasta que el destino que caprichosamente se encarga de cruzarnos en el destino de otros, hizo que el jefe de mi esposo, un cordial gerente de origen japonés que tenía  que viajar a la isla de Honshu en Japón,  se ofreciera a llevar una decena  de aquellas hojas en busca de su traducción.
Unas semanas después recibí una amable carta que  refería el resultado de una difícil traducción literal de aquella decena de hojas escritas en un antiguo sistema katakana.
El resultado de la traducción literal realizada es de un estilo lírico nada notable, es más,  tal vez para todos sean de muy poco valor literario o poético pero  para mí fueron la puerta bendita que me reencontró con mi entrañable abuelo y  me develaron su ferviente amor por el mar de Huacho:
‛…deseable franja de playa de arena huachana, eres tan admirable como hermosas piernas de mujer, desde el mar te llegan los colores que resaltan y perfilan tus formas, formas y colores que mi alma adora…’
Para mí aquella traducción, sea acertada o no lo sea,  fue el puente que por fin  luego de muchos años de separación,  me permitió reencontrarme con mi abuelo y  sentir que lo abrazaba nuevamente y entendí el significado  de aquella lágrima que cual brillante gota de rocío rodara en su mejilla:
‛…quién pudiera mi querido Puerto de Huacho, quién pudiera nunca separarse de tu mar, quién pudiera ser una y mil veces tu ave marina,  quién pudiera reposar entre tus calmadas olas a la vista de tu puerto, quién pudiera vivir en tí por siempre jamás…’
Convencida desde pequeña de que lo que más amaba eran los rosales de su campiña me siento como quien descubre un amor escondido en el corazón del ser querido; quedé perpleja y celosa al  enterarme de aquel amor tan fuerte entre su alma y el mar de Huacho:
‛…destino haz de mi un humilde barco, de aquellos guiados por el valeroso
coraje huachano y  que surcan valientemente las olas
en pos del bien preciado del siempre generoso mar de Huacho…’
Saberlo muerto me llena de tristeza, como quisiera decirle que lo amo, como quisiera verlo un segundo y abrazarlo tan fuerte que ni la vida ni la muerte pudieran separarnos nunca jamás;  al mar de Huacho desde su muelle le ofrendé el ciento de hojas que le escribió con delicado fervor:
‛…la luna y las estrellas relucen en las maderas de tu calado muelle,
 mientras tus olas una y otra vez con rítmico compás
besan con vehemencia sus bases y tus arenas
como acariciándolas con frenesí de amor …’
El mar de Huacho tiene sus cenizas y ahora tiene sus cartas de amor en las que escribió:
‛…tu aroma me da vida, tu aroma inconfundible, tu aroma inolvidable,
tu aroma entrañable por toda la vida, quienes te conocen nunca te olvidan,
allí donde tus olas besan la orilla recoge mi cuerpo entre espumas blancas y
descansa mis amores en ti, acógeme en tu mar querido
y se una mi alma a ti…
Segura estoy de que mi querido abuelo es feliz descansando en el seno del mar de Huacho, sin duda que aquella lágrima no tenía nada de tristeza pues no cabe tristeza alguna en la unión espiritual con quien uno ama; descansa querido abuelo en  tu amado mar de Huacho que ha de sentirse halagado cuando le  escribiste:
mar de Huacho en Ti el sol y la luna dibujan estelas con  filigranas de oro y plata…”






1 comentario:

Anónimo dijo...

Muchas felicitaciones Yolanda Mary La Rosa La Cruz; pero ¿Cuándo dedica algo a la Campiña?

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