Ingrid Ramirez Ariza: YUYANAPAQ

26 diciembre 2015

III Concurso Regional de Cuento y Poesía 2015 Filomeno Zubieta Nuñez. Segundo Lugar Categoría Poesía.

YUYANAPAQ
(Para que no repita, para que no se nos olvide)
Porque un pueblo que no siente su historia está condenado a repetirla,
Escribí esto en forma de poema y no de crónica.
Porque la memoria histórica no es más que el pasado común de los hombres,
Que está allí para explicarnos, que el futuro será la más grande creación colectiva.
Porque es necesario que los nombres se pronuncien,
Que las fotografías no se pierdan,
Que los recuerdos no se vayan volando, llevados por el aire, hacia el fin del mundo,
hacia el más negro de los infiernos, cruel otoño de las primaveras: el olvido.
I
Taquicardia, dolor y esperanza.
La luz rosa débilmente tu cuello,
Todo está a oscuras,
Parece que todos duermen,
Pero esta noche, en casa de Pedro, nadie sueña.
Cerrar la puerta de la habitación, sacarse la ropa, tirarse a la cama.
Sentir el aroma de casa, de guarida, de añoranza.
Estar fatigado, asustado, por el día, que ha sido arduo,
Porque la sensación de peligro desgasta rápido.
Cerrar los ojos un momento, sólo un momento,
Y respirar lento hasta que ya no recuerde que ese día es martes,
Que ha conducido un programa de radio, y que otra vez lo han amenazado.
Hasta olvidar los nombres de los ausentes,
Las denuncias de los que se llenaban de aire los estómagos,
Sin saber si mañana morirán o seguirán vivos,
Los que no tienen voz en dónde sólo gobiernan los que gritan.
Hasta perdonar los horrores, borrar de su memoria todos los llantos,
Despedirse de todos los que no están, porque él no se va a ir con ellos.
Cerrar los ojos un momento, sólo un momento,
Hasta ver cómo le sonríe su última hija, que es pequeña y huele a rosas en primavera.
Hasta creer que está a salvo, que nadie entrará pateando esa vieja puerta,
Rompiendo el clima de seguridad que se respira en esa casa.
oculto por un pasamontañas, violando su pequeño refugio,
el último que le quedaba.
Hace unas horas que el insomnio te ha despertado.
¿O es quizá el miedo que te produce un mal presentimiento?
Hace noches muy largas que pasa lo mismo,
Que tu cuerpo cansado por el trajín no se queda quieto,
Que tu mente agotada por no soñar, aburrida de dormir, vuelve a pensar.
¿Pero en qué piensas, Pedro Yauri, esta noche tan negra
Que es 19 de junio y te van a matar?
Piensas en los cochebombas, en los atentados, en las despedidas.
Seguro piensas en el horror que vive el país,
O en alguna mujer de ojos bonitos.
Debe ser también que piensas en tu familia:
En tu padre, ese hombre que venderá alfajores y nunca dejará de buscarte.
Así pasa cuando alguien te quiere, ni el tiempo ni la desolación, harán que deje de esperarte.
En tus hijas, cada una color de alguna a la que llamaste amor.
Tus hijas que irán a cada juicio, cada excavación, cada homenaje
Porque para encontrarte buscan primero la justicia, la verdad y la memoria.
Esa es la verdadera reconciliación, no existe otra.
“La amnistía no va curar nunca los corazones rotos, las esperanzas muertas, las familias separadas”
Seguro lo dirías, Pedro, en la radio y yo estaría de acuerdo contigo.
La solución no es olvidar el problema, ni la justicia es perdonar a todos los culpables aunque sean inocentes.
De pronto, se detienen las imágenes que daban vueltas en tu cabeza,
Hay hombres extraños en casa, van armados y no tienen alma.
Es el principio del final, el corredor hacia la muerte,
Pero no te preocupes Pedro, tú nunca moriste, vete sonriendo en calma
No se matan nunca el amor, los recuerdos ni las ideas,
Los hombres que luchan por el futuro, no mueren nunca,
En lo más hondo del pueblo, se hacen eternos, se hacen poemas.
II
Bum Bam Bum estalló la bomba
Bam Bam Bam empezaron después de un rato, los disparos
Pero nadie olvidaría nunca que cuando se fue el humo
quedaron los muertos, con sus bocas abiertas llenas de espanto,
gritando auxilio por los ojos.
Pidiendo un último beso con los labios.
La vi en el Parque de mi barrio,
Llevaba un jean desgastando, una playera negra y los ojos manchaditos de ilusión.
Me conquistaron sus cabellos marrones, sus pupilas claras,
Su aire de apostar el alma por una sonrisa.
Ese mismo día me enamoré.
Y no me detuve hasta que nos presentó su hermano,
Que tenía 11 años y no sabía nada de romances, ni de pasión.
Salimos un par de veces a comer helados, a sentarnos en los muros,
A mirar los carros pasar, con la nostalgia de quien se despide de la infancia.
La besé por primera vez un viernes, afuera de su casa,
En esa esquina de la que hasta hoy no me olvido.
Recuerdo que se fue corriendo, que era verano y yo me alejé sonriendo.
Que silbé “Love me Do” de The Beatles hasta llegar a casa.
Que ese año cumplí 17 y que ya me sentía un hombre.
Le pedí formalmente que sea mi enamorada,
Le envíe una carta, le escribí totalmente inspirado,
Totalmente enamorado.
¿Cuánto tardó en responderme?
¿Cómo se cuentan los días que no terminan de pasar?
Nunca pude leer la carta que escribió,
Si es que acaso, hubo alguna,
Si es que algún día, ese beso existió.
Sentí que me moría en esos días.
Cada vez que escuchaba mi nombre, rogaba que sea su voz.
Cada vez que veía una muchacha llegando al parque, se me paralizaba el corazón.
Cada vez que me dormía, soñaba con fuego incendiando el cielo,
Y me despertaba asustado, presa de un absurdo y súbito terror.
Que trataba de calmar, imaginando que el fuego no era más que una estrella fugaz
A la que le pedía con toda el alma, que sus labios respiraran cerca a los míos, una vez más.
Pero pasaron 4 días y todo el universo tembló,
Bombardearon Tarata, desplomaron mi cuerpo,
Mancharon de sangre su vestido blanco,
Pero no pudieron detener su luz en movimiento,
Aun estando muerta, ella seguía siendo bella.
O al menos así me la imagino,
Un poco más blanca, casí color de su vestido,
la toco y está fría, me recuerda al invierno.
Pero sus labios están rojos, rojos color sangre, color deseo.
No quiero hablar de cifras,
Ni de razones políticas.
No me digan que fue precio de la guerra.
Váyanse al carajo,
Sólo tenía 17 años.
Váyanse al carajo todas las bombas
Que se disfrazan de estrellas fugaces
para explotar dentro de tu pecho.
III
El milagro maravilloso, la armonía de dos cuerpos que se complementan,
El instinto primario de deseo y lujuria.
Cosa tan bella que se llenó de óxido.
Que se remató a precio de placer barato,
Que se arrebata criminalmente, sin culpa ni castigo.
El peor atentado contra la naturaleza es el forcejeo de un cuerpo para entrar en otro.
Llegaron buscando a tu hermano, una madrugada de luna llena.
Rompieron todo lo que encontraron, precisamente porque no lo encontraron.
Hace mucho tiempo que Kuntu se ha escapado, él les lleva muchos días de ventaja.
Tienen rabia en el rostro, se nota que están cansados, que se sienten vencidos.
Vienen cada semana a borrar las pintas,
A pedirle cuentas al alcalde, a golpear a los campesinos
Exigiéndoles que defiendan a su patria. Pero se sienten mudos ante los sordos.
El pueblo no escucha, es la base de apoyo más grande de Ayacucho.
Los milicos venidos de lejos, deben largarse por dónde llegaron,
aquí nadie los quiere, ni los necesita.
Uno de ellos parece leer en tus ojos de venado, todo lo que estás pensando,
Así que te toma de los brazos, te jala hacia la puerta, mientras tu madre grita.
Otro te apunta con el fusil en la espalda y empuja a tu madre que cae al piso,
Y se queda en casa, llorando las lágrimas que frente a ellos, tú nunca lloraste.
Intentas no sentir nada, controlar el asco, no gritar,
Quedarte quieta, como si estuvieras muerta, para que terminen de matarte.
Uno tras otro ¿Cuántos fueron?
¿Cuántos minutos duró la tortura? ¿Cuántos muertos dejó la guerra?
Tú elegiste ser uno de esos muertos.
Quisiste haberte suicidado.
Pero no podías, estabas preñada.
Y tu muerte era asesinato
¿Cómo mirabas a los ojos de tu hijo? ¿Cómo podías amarlo, habiendo parido con odio?
Justina, ¿Por qué maldices al cielo? Maldice al hombre que pisa la tierra,
Capaz de cometer la peor de las crueldades,
Capaz de convertirse en la peor de las bestias.
IV
Tu piel fue arrancada de la mía,
Entre los gritos, el terror, las pistolas y esa vieja canción,
Se oscureció el cielo, dispuesto a llorar.
Empezó una llovizna que dolía como aluvión.
Pero en ese día tan negro y tan maldito,
Esa madrugada, cuando ya no estuviste más,
Mi alma encontró la manera
De entregarte, todo el amor que me faltaba.
Se conocieron cuando el mundo se dividía.
De lado a lado se libraba una batalla.
Estaban Vietnam y la guerra fría,
Por un lado las bombas atómicas y por otro, la vieja Habana de la libertad.
El hombre se enfrentaba al hombre,
Dispuesto a morir por la vida,
La palabra revolución era una promesa de amor latente.
Sólo eran valientes los capaces de querer, soñar y luchar.
Los 80 ardían,
El viejo sistema caduco, en su fuego, se consumía.
Dos figuras caminan abrazadas, junto a un perro y a una bolsa de pan.
Una de ellas estudia Educación en la Federico Guzmán y Valle,
Y la otra estudia literatura en San Marcos.
Alicia y Fernando, está tomados de la mano desde hace unos años
En que ella tenía 22 y él tenía 24.
Las figuras se besan en el árbol de casuarina antes de despedirse.
Se miraron a los ojos una vez en la cola del comedor, un día en que había paro
Y no pudieron apartar, nunca más, esas miradas
Algunos dicen que por eso lo mataron,
Lo cierto es que 8 estudiantes y un profesor,
Fueron asesinados esa noche,
Fueron secuestrados, torturados y enterrados en tierra seca.
Alejados del mundo, de la universidad, de sus novias, de su familia y de sus sueños.
¡Qué fácil apagar una vida que recién empieza!
¡Qué fácil llamar terrorista a quien piensa diferente!
Pero se equivocaron, las balas no pueden matar las ideas
Los enterraron, sin saber que eran semillas,
Que eran los principios de la primavera.
Cuando al día siguiente, Fernando no llamó.
Alicia supo que debía empezar a buscarlo.
Ni ella ni los otros familiares de los desaparecidos se resignaron nunca.
Ni siquiera después de recibir sus restos en cajas de leche Gloria.
Ese día entendieron que después de encontrarlos a ustedes,
Para estar en paz, necesitaban justicia.
Y lucharon contra el olvido, plantando rinconcitos de memoria,
Pintando cuadros, cantando en sus cumpleaños.
Alicia cuando entendió que él nunca volvería,
Decidió esperarlo,
Escuchando pasos de alguien que nunca llegaría.
Ahora que han pasado años,
Ella lucha con sus libros en contra de la indiferencia,
Aún te sigue buscando a través de los nombres de hijos, padres, hermanos y amores ausentes.
Al lado de tu recuerdo, duerme todas las noches.
Abrazada a tu ausencia, buscando en el frío, el calor de tu pecho.
¿A dónde has ido, Fernando, que demoras tanto?
Apúrate, no tardes más tiempo,
Aunque da lo mismo, si son meses o son años,
Alicia siempre te estará esperando.
V
Con la brisa que hacen sus alas al volar,
Cantando con el eco de su voz, una canción que hable de futuro
Luchando por sus sueños, que ahora son míos,
Así recuerdo a la mariposa azul,
Vestida del color del misterio, de las promesas, de la eternidad.
¿Cómo se mata a alguien que ha resucitado?
¿Cómo se cierran tus ojos tan brillantes?
Nadie puede cortar tus alas, mariposa,
Ni siquiera la muerte.
Sólo el olvido.
Pero los brazos de la abuela, tan cansados y viejos, nunca dejaron de buscar.
Pero el abuelo les puso tu nombre a sus nietas,
Para que cuando volvieras, no te sintieras defraudada,
Porque el mundo no cambió como tú esperabas.
Tú que eres la primera hija de ambos,
¡Qué valiente fuiste al dejarlos!
Aun cuando tu corazón se rompía al cerrar la puerta,
Te fuiste volando a construir el futuro,
Hacia el sol volaste, mariposa, y tus alas color azul se incendiaron
Porque el amor también es inflamable.
Más incendiario que cualquier discurso, que cualquier partido, que cualquier idea.
Nada es más triste que una tumba vacía,
Que las noticias que nunca supimos, que las cartas que nunca llegaron
Que una vida a medio vivir, que una bala disparada en las alturas de Ayacucho.
Clara, la nostalgia empapa estos versos, mientras los escribo.
Estos versos inyectados en sangre derramada, en ilusiones pisoteadas
En canciones prohibidas, en promesas inacabadas.
Estos versos no son más que un homenaje, que te hago desde mi trinchera,
Para que la mariposa azul no se vaya nunca de mis sueños
Para que tu nombre, no se borre de la historia.

Paula.

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