SAPEROS VIEJOS

13 mayo 2015

A: Raúl Gálvez Cuellar.

Desde que lo vi por vez primera
supe de su destreza sapera
lo vi caminar a la orilla del río
en Santa Eulalia, en la finca del poeta,
en busca de un batracio para frotarse las manos.

El ulular del viento en pleno otoño,
la pitada del tren, el sonido plácido del río
parecía estar en un festín entre flautas y tambores
note en él la alegría de encontrar un Sapo en su camino
de repente escuche una fuerte carcajada.

“Empezó la fiesta gritó”.

Entro al salón de juego sonriente como un niño
frotándose las manos y acariciando su blanca barba
parecía estar viendo al Inca, cuando quería jugar tiro al Sapo
ahí estaba el, todo sonriente, con la mirada altiva
posando al lado del cajón del Sapo.

Con voz potente gritó
“solo necesito cuatro fichas para tres Sapos”

Pago cien lucas, si embocas con solo dos fichas
dijo sonriente, Jorge Aliaga Cacho, recién llegadito de Escocia,
cosa que muy sonriente se adhirió el gran José Pablo Quevedo.

En la mesa brillaban a la luz del sol las diez fichas doradas
esperando ser embocadas en la boca del bronceado batracio,
yo muy atento esperaba el inicio de la jornada
mientras el Sapo, con la boca abierta de par en par
contemplaba a los Saperos viejos.

Que sorteaban, quién de ellos lanzará primero.

Mientas Raulito Gálvez Cuellar decía,

Ay Sapito cuanto te quiero.
Raúl Gálvez Cuellar, Jorge Aliaga Cacho y José Pablo Quevedo.



















Huacho Mayo 2015
Julio SolorzanoMurga
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