Fallece la madre de José-Pablo Quevedo.‏

23 septiembre 2014

Querido amigo y entrañable compañero, José-Pablo Quevedo;
Querida Bárbara y hermanos y familiares de vuestras casas:
 
Tuve la gran satisfacción de conocer a Gracia Silva, madre de José Pablo, como la tuve también al conocer a casi todos sus hijos e hijas, aquellas entrañables familias de Lima y San Ramón. Y ello fue hace poco más de un año, en mi entusiasta y sentida visita a Lima, al Perú entero de la huella perenne que ya llevamos en la herencia genética de nuestros antepasados...
 
Ahora mismo no tengo fuerzas para centrar en mis anhelos la gran amistad que surgió de nuestro enésimo y circular encuentro (Berlín, Toledo, Madrid, Tres Cantos, Alcalá de Henares, Lima, Huacho, Bernau, Tenerife, Gran Canaria,...), y tampoco puedo sino trasladaros unas palabras del poeta Luis Cernuda, mientras termino un soneto dedicado a la memoria de Mamá Gracia:
 
"Desde niño, tan lejos como vaya mi recuerdo, he buscado siempre lo que no cambia, he deseado la eternidad.
Todo contribuía alrededor mío, durante mis primeros años, a mantener en mí la ilusión y la creencia en lo permanente: la casa familiar inmutable, los accidentes idénticos de mi vida. Si algo cambiaba, era para volver más tarde a lo acostumbrado, sucediéndose todo como las estaciones en el ciclo del año, y tras la diversidad aparente siempre se traslucía la unidad íntima." (Luis Cernuda Bidou, poeta sevillano, 1902-1963).
 
 
Desnudas manos…
A mamá Gracia Silva, a sus ejemplares manos, de madre de los Andes.

 
Manos de los relámpagos, desnudas;
del silencio amurallado, pero activo;
quitándole al segundo fugitivo
capas de anhelo, imprescindibles hechuras.                                            
 
Y en la sombra, dóciles y fecundas
como decorosas guirnaldas, cautivo
dejan tu corazón imperativo
de silencios; cariñosas, laboriosas, mudas...
 
A la luz, ensombrecidas y decididas, afligidas
e insaciables: te sirven para muchas cosas
rudas, y las más sublimes de la vida... 
 
Singulares manos, a sordas, sumergidas,
profanando sendas y cumbres misteriosas,
y hallando en sus cimas más allá de una salida.

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Dedicado a  Gracia Silva, por su físico traslado, cuyo semblante siempre estará presente:
 
-Manos de tormenta, de lucha, del truenos, de fogón y puchero;
manos laboriosas para la cosecha, con todos sus bríos y anhelos…
De escarchas y de hogueras que arrugaron sus recuerdos…
Manos curtidas de relámpagos, manos desnudas... ¡Limpias manos!
 
En Tres Cantos (Madrid-España), 21 de septiembre de 2014, este soneto en tu memoria:
Andoni K. Ros, desde ‘Poetas de la Tierra y Amigos de la Poesía’ (POETAP).

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