PAZ

10 junio 2014

Por Armando Alvarado Balarezo (Nalo)

PAZ, palabra de tres letras solamente. Dos consonantes y una vocal, pero qué difícil es conservarla intacta. Lamentablemente muchas mentes brillantes han arrasado pueblos enteros gritando su nombre.
La PAZ no tiene precio ni se aprende en leyes y reglamentos pegados en la pared, sino a través de reglas espirituales y morales que nos acompañan desde que nacemos hasta que morimos
Es la palabra en libertad, de la que nos habla el poeta José Beltrán Peña. Palabra, que más que un concepto académico, es un sentimiento puro que mana de nuestro interior mientras nos va nutriendo "el pan nuestro de cada día".
Este impulso vital lo expresa con luz natural el pensamiento universal: "No hay camino hacia la paz, la paz es el camino", que unos atribuyen a Mahatma Gandhi, otros a Abraham Johannes  Muste. Pero no como senda de tierra o de asfalto, sino como vía de amor por los demás, a través del verbo y las buenas acciones.

Cierto día, en Chiquián, mi maestro Juan Aldave Oyola, nos dejó la siguiente tarea a los niños del Cuarto grado de Educación Primaria: "Pregunten a sus padres el significado de la palabra PAZ". Mi padre respondió así: "La PAZ eres tú, soy yo, somos todos. Es amar al prójimo, es cuidar la salud de la Humanidad con nuestros actos cotidianos...". Mi madre agregó: "La PAZ es recordar en cada despertar las palabras de Jesús: "Bienaventurados los pacíficos porque ellos serán llamados hijos de Dios".
Esa es la PAZ que urge el Hombre a estas alturas del Tercer Milenio. Un nuevo contrato social: más digno, más humano, donde todos multipliquemos los peces y los panes del Amor, siguiendo las enseñanzas de Jesús, sólo así se obrará el milagro de la reconciliación mundial. 



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