HÉCTOR ROSAS: POEMAS

09 abril 2013


CAMINO A SAN VICENTE 
(último deseo)


No quiero más que el camino orlado de arbustos
por donde fue y vino mi infancia
que no supo de zapatos ni de fiestas de guardar
pero sí de jumentos  y de chuchos felices
que corrieron conmigo tras una ilusión que no era más
que una mariposa extraviada
No quiero más que el camino anegado de piedrecillas
y de los pasos de mi madre que iba y venía trayéndonos
su ternura en una capacha
Ah, camino a San Vicente que nunca ambicionó el asfalto
ni reclamó los semáforos o los avisos de neón
Camino menos largo que el crepúsculo
pero que me llevó a senderos que se quedaron
con su soledad en la suela de mis zapatos
No quiero más que el camino afable de mi infancia
para pisar su silencio
antes que mis pasos ansiosos de distancias se pierdan  
en las veredas estruendosas que llevan  hacia ningún lugar

CAÑETE

Otros son los que ahora velan el sueño del pueblo de mis padres
por un puñado de legumbres
                                   o un homenaje póstumo
Otros son los que lo despiertan con los gruñidos de sus estómagos
 y sus gritos enmohecidos
Otros son los que imploran una moneda en su plaza entristecida
a quienes nada llevan consigo porque todo lo dejaron
en los mercados de los precios y el usufructo
Otros son los que emergen de los infiernos de esteras
para ser embestidos por los vehículos de la muerte
Otros son ahora los rostros de la desesperación y el dolor
aparentemente son otros
porque si les mencionamos nuestros nombres y apellidos
soltarán una lágrima y nos hablarán de nuestros padres y abuelos


 CAMPESINOS DE CAÑETE

Ellos son los que siempre vi en las fauces del invierno
o bajo el sol ardiente e iracundo
abriendo surcos con sus manos diestras para las asperezas
o regando la tierra  con el sudor que dejaban de beber
Ellos son los campesinos de Cañete
los que no saben absolutamente nada de Francoise Villon
ni de Li Tai Po
muchos menos de mi a pesar que nací aquí un día de marzo
y crecí  entre estos campos apacibles y el mar 
Ahí están los campesinos de Cañete sin dientes ni zapatos
enterrando  sus años y sus ilusiones
en las tierras que nunca serán suyas ni mías
pero que amamos entrañablemente como a los días de lluvia


(Del conjunto de poemas “Un día y una noche en Cañete” escrito en 1990)

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