¡ HASTA SIEMPRE, COMANDANTE !

09 marzo 2013

Por: Manuel Odar Bejarano.

Tu pueblo te llora, y con razón; y sólo se llora a quien se quiere, no a quien no se quiere; y tu pueblo y muchos pueblos del mundo siente con profundo dolor tu temprana partida; sólo los “diablos”, los explotadores y sus sirviente se sentirán indiferentes o alegres con tu muerte. ¡Qué infelices son!.

Y ello es normal en la historia. Los obreros y campesinos rusos lloraron a Lenin: los chinos, y por millones, también lloraron cuando Mao Tse-tung los dejó; en el mundo fueron cientos de miles los que lloraron la muerte de Ernesto “Che” Guevara. De igual manera se sintieron y lloraron las partidas (por muerte natural o asesinatos) de Tupac Amaru, Allende, de Heraud, de Ho Chi-ming; se lloró también a Jesús, a Juan XXIII, a la Madre Teresa de Calcuta, a Martin Luther King; y se llorará también cuando nos dejen Mandela, Fidel Castro y otros más identificados con las causas populares.

Y se llora y se llorará a quien tuvo y tiene identificación real y efectiva, en palabra y hechos, con el pueblo, con esas inmensas mayorías, por siglos explotadas, oprimidas, olvidades; se le llora, precisament, porque en una u otra forma se acordaron del pueblo, de los marginados por centurias, y tomaron acciones a favor de ellas, a través de programas y políticas que les dio trabajo, vivienda, salud, educación, cultura, les reconoció valor como seres humanos.

Y este sentimiento colectivo mundial se mantiene latente por siglos y se manifestará a favor de aquellos hombre y mujeres que hacen suyos sus problemas, necesidades y aspiraciones.

Y llegará el día -de eso no tenemos duda- que el mundo actual cambiará, y cambiará para bien, acabando con extructuras anquilosadas, vetustas, salvajes y opresoras, dando paso a formas nuevas de convivencia humana, plenas de justicia, igualdad y fraternidad.

Y si por alcanzar esa meta sea necesario destruir lo viejo, lo que obstruye, lo negativo, pues hay que hacerlo. No se puede construir un nuevo edificio sobre terreno fofo o sobre estructuras o maderas apolilladas de un casona antigua. Así nos lo dice la historia. La revolución industrial se trajo abajo el sistema productivo artesanal existente. De igual manera, un sistema colectivo, socialista de producción no puede asentarse ni coexistir con un sistema personal, egoísta, acaparador de las riquezas y los medios de producción de un país. Y esa es la orientación de quien hoy nos deja, el Comandante Hugo Chávez Frías, abanderado de su pueblo y de los pueblos de América morena.

¡Hasta siempre, Comandante! ¡Hasta la Victoria, Siempre

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