Reynaldo García Blanco

20 agosto 2012

Poeta Cubano:
Reynaldo García Blanco (Venegas, Sancti Spiritus, 1962). Fue Director de la Casa Museo Heredia y Vicepresidente de la Asociación Hermanos Saíz de la cual es Miembro de Honor. Actualmente labora en el Centro del Libro y la Literatura como Director del Centro de Promoción Literaria “José Soler Puig”. Miembro de la UNEAC y de la AHS.


PASEO AHUMADA


Lejos del café o las mujeres
vocingleras. Lejos de la cítara y el
árbol. Lejos del hombre que pide
monedas para volar. Lejos de las
emociones voy por el Paseo Ahumada
como un extranjero que también
quiere unas monedas para volar.
Como un extranjero que no sabe el
nombre de los árboles que le rodean.

Como un extranjero que no se
emociona y escribe palabras de humo
en una calle de humo por donde pasan
mujeres de humo vendedoras de café
que tocan cítaras en el Paseo
Ahumada.

No morir hasta haberlo visto todo

Mi mujer cantando Alfonsina a las diez de la noche
Unas muchachas recostadas a los médanos
Un poeta robándose las obras completas de Severo Sarduy
Tres prostitutas en Medellín que me confunden con un nicaragüense
Un ciego de espaldas al mar
Fayad Jamis leyendo El ahorcado del Café Bonaparte
Una librería con todo Borges y Los alimentos terrestres de Gide
Un pingüino muerto en las costas de Talcahuano
Otra vez mi mujer haciendo pajaritas de papel
Mi madre tendiendo unas sábanas blanquísimas
Un policía leyendo a Rainer María Rilke
Thiago de Melo y María de Aparecida preguntándome por Cuba
Mi padre a punto de morir bebiendo té con bergamota
Una mesa llena de uvas negras y otras ambrosías desconocidas por mí
Tres mendigos sonrientes en la Avenida paulista
Dos revistas Orígenes en la Librería Renacimiento
Unas vacas nadando en el mar de Manzanillo
Un tren francés roto en las llanuras de Camagüey
Un vendedor de agujas con poemas publicados
Un ciervo herido que busca en el zoológico amparo
Mi hermana a la salida de un quirófano
La Plaza de la Revolución vacía y oscura
Los muros del Moncada a las tres de la tarde y en agosto
Esto he visto yo y espero no morir hasta haberlo visto todo.


Poema para estrenar una camisa blanca

La trajo Pierre de Haití
sin más preámbulo que regalarme una camisa
Me asomé a la patria
en la mitad de un mes es decir en la canina
y fui por un desayuno nada estatal
con mi camisa blanca
Pasan tres marineros hablando solos
—de esos que llegan al puerto de Santiago de Cuba
besan y se van—
Ahí voy yo con mi camisa blanca
con la patria por delante
y todo arde
se cocina
a fuego lento
las viandas de los noticieros
La trajo Pierre de Haití
y todos me elogian
cuando tengo un azul que flota a mis espaldas.


Animal Común

He dejado de ir a la Iglesia
y me pongo a regar el jardín en las tardecitas
No recibo cartas que me hablen de la niebla
o de los papalotes encima de los cordeles
Subo
y bajo unas escaleras que no me llevan al cielo
Debo revisar mi cuenta bancaria
quitar el lodo de la puerta
comprar un espejo
Dios sabe estas cosas
y vuelvo al jardín
y tengo miedo

Habanera (Tristísima)

Cristo de la Habana
baja un momento
y cruza esta bahía
esta rumorosa bahía
y mira
a estas muchachas
estas tristes muchachas
que estallan en los dólmenes
y son pálidas
y leves.

Cristo de la Habana
abre tus brazos
y comienza a decir un Padre Nuestro
—el de Mario Benedetti o el de la Madre Teresa—
no importa cuál
tan sólo un Padre Nuestro
por estas muchachas
que se van a morir como una hoja de laurel
como un arco iris a las doce de la noche.

Cristo de la Habana
asómate a este pedazo de país
no mires los autos que pasan
no mires los ciclones que se alejan
fíjate en estas muchachas con luna en los labios
fíjate en estos ángeles
que no van a tener sitio en el paraíso.

Cristo de la Habana
regálame un mapamundi
un astrolabio
una bola mágica para entender esta bahía
y estas muchachas
estas tristes muchachas
que a tus pies

Cristo de la Habana
Se van a morir como una hoja de Laurel
como un arcoiris a las doce de la noche.

Mi padre bebe té con bergamota y no sabe...

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