GONZALO PORTOCARRERO

18 febrero 2012

CÓMO ESTUDIAR Y ENTENDER LA DIVULGACIÓN

ESCOLAR DE LA HISTORIA DE LOS INCAS

La tarea es reconstruir las imágenes y valoraciones que sobre los Incas ofrecidas por los autores más representativos de la divulgación escolar de la historia del Perú. Se trata de identificar de un lado, los estereotipos, las ideas-fuerza que dominan la representación del pasado y, del otro, las actitudes, el correlato emocional (admiración, rechazo) que estas ideas suponen o, despiertan. Para detectar lo central de la imaginación del pasado y su significación para el presente, para ensayar la síntesis, la interpretación y el juicio moral en las “caracterizaciones” del llamado imperio Incaico, en los pasajes donde el autor, agotada la descripción, intenta un retrato de conjunto de la sociedad andina prehispánica.

Una vez identificados estereotipos y actitudes, se trata de relativizar sus pretensiones de ob-jetividad, de entender el discurso histórico en función de sus coordenadas de origen: su ubicación social, sus raíces ético-ideológicas y su filiación temporal. Finalmente, es necesario hacer una histo-ria de ideas y actitudes dominantes, analizar el juego de continuidades y rupturas que define cada coyuntura de la memoria colectiva. Hacer un recuento de cómo diferentes épocas han imaginado y sentido el Imperio de los Incas.

En la sociedad moderna la historia escolar representa el equivalente funcional de lo que son los mitos de orígenes en las sociedades llamadas primitivas. Al representar lo esencial del pasado, al darle una significación para el presente, la historia escolar contribuye decisivamente a modelar la identidad de un pueblo, a decirle de dónde viene y a dónde va, a formar en nosotros un sentimiento de pertenencia, de solidaridad colectiva.

De hecho, un dilema característico del autor de textos escolares, en especial si tiene vocación científica, es el existente entre la verdad y el orgullo y la solidaridad nacional. En la historia de cual-quier país hay hechos que resultan oprobiosos, que atentan contra la autoestima del autor y sus lec-tores o, también, situaciones cuyo recuerdo puede avivar diferencias o conflictos aun no cicatrizados del todo. ¿Se debería mencionar, por ejemplo, que los sacrificios humanos se efectuaban regular-mente en el Imperio o que los conquistadores cazaban con perros a los indios? A este conflicto de valores no hay una respuesta definida. En el fondo el dilema es de naturaleza ético-política y lo único que cabe al científico social –en cuanto tal- es aclarar los términos del conflicto y las consecuencias que presumiblemente se derivan de seguir una u otra opción. Así, al iluminar su puestos y conse-cuencias, se ayuda a tomar una decisión cuyo fundamente último sólo puede ser ético-político.

La historia escolar es un producto moderno, contemporáneo del nacionalismo y la educación generalizada. Ella implica un control centralizado de la memoria colectiva, ejercido en las aulas es-colares en función de promover los ideales escolares nacionales. En términos muy generales puede decirse que su producción supone la interacción ente los especialistas y el Estado. Los historiadores académicos, en la medida en que tienden a detentar el monopolio de la credibilidad en los asuntos del pasado, están en una posición ventajosa para influir decisivamente en el relato escolar. Los divulgadores más importantes de la historia peruana han sido también, cuando no principalmente, historiadores académicos. Como resultado de sus trabajos las interpretaciones y juicios del relato escolar se modifican periódicamente. Pero el relato escolar es una historia oficial. Idealmente aspira a ser una visión de consenso; aceptable más allá de las diferencias de clase, y las de filiación étnica y regional, que puedan existir entre los habitantes de un país.

Son los gobiernos, en cuanto representantes de la nación, los encargados de sancionar la adecuación positiva de un texto respecto al conjunto de principios que fundan un cierto enten-dimiento de la tradición nacional. No es sólo que los textos escolares necesiten ser aprobados para tener valor oficial, es también que ellos deben ser construidos según los lineamientos contenidos en los programas respectivos. Pero la historia escolar, sobre todo en el momento de su cristalización, supone también un diálogo con la tradición popular, con las representaciones y valoraciones ela-boradas espontáneamente y que son, además de transmitidas y recreadas de generación en gene-ración. Así, en el caso que nos ocupa, es visible que mucho antes de la primera consolidación de la historia oficial, el Imperio de los Incas gozaba en la sociedad peruana de un enorme prestigio. Hecho reconocido y retomado por la historia oficial.

Como cualquier otra historia escolar, la peruana supone un punto de vista desde el cual los acontecimientos son narrados y valorados. El relato escolar es la genealogía de un carácter, de un sujeto, de un punto de vista. En el Perú vivimos actualmente una crisis de la historia oficial tal como ella ha sido divulgada desde mediados del siglo pasado. Quizás es en la incertidumbre sobre los nombres que corresponden a cada gran periodo histórico donde esta crisis se refleja con mayor cla-ridad. Frente a la consagrada periodización entre etapas pre-hispánica, colonial y republicana, sur-gen otras alternativas basadas en un punto de vista radicalmente diferente. Es así, por ejemplo, que algunos proponen dividir la historia en dos periodos: el autónomo y el dependiente; subdividiendo éste en la etapa colonial y neo-colonial. A lo que tradicionalmente se llamó conquista y colonia, muchos laman ahora “invasión y dominación española”. En conjunto se cuestiona la supuesta peruanidad desde la cual se narran los hechos. La crítica incide en que la historia oficial al conducir al lector a identificarse con la posición del descubridor-conquistador lo incapacita para sumir la continuidad fundamental de la historia peruana. Pero, por ahora, en adelante, nos referiremos sólo a los Incas.


El Dr. Gonzalo Portocarrero, nació en Lima en 1949, con estudios de Sociología en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y doctorado en la misma especialidad por la Universidad de Essex, en Inglaterra.

Ha sido profesor visitante en la Universidad de Sussex, también en Inglaterra, en Colombia y Estados Unidos. Fue decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Católica del Perú.
Ha publicado diversos libros, entre ellos, destaca:
"El período de la escuela",
"El racismo y mestizaje" en 1993
"Razones de Sangre" en 1998
"Las Clases medias entre la pretensión y la incertidumbre"

Actualmente es catedrático de la Facultad de Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Católica del Perú y editor de la revista Debates de la misma Universidad.

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