LA VOZ LIBRE DEL CARIBE Y DE LATINOAMÉRICA

04 diciembre 2011

Las tierras y el trabajo, el amor y la vida, la voz de los pueblos de
Latinoamérica es hoy, más que nunca, la defensa de Haití, que hoy se
estremece y muere, alcanzada y derribada sísmica y sistemáticamente por el
inmisericorde zarpazo terrorista económico, social y político de todos los
dioses blancos; porque no es la Madre Tierra, ¡NO!! La responsable de que se
nos hunda y perezca en el abismo de su infernal pobreza.
 
 
Las tierras y el trabajo, el amor y la vida, la voz de los pueblos de
Latinoamérica son los pueblos indígenas y los esclavos negros que se
levantaron rompiendo las cadenas de la esclavitud; son los mulatos y los
criollos con dignidad, sangre y cultura para responder a la llamada de
Bolívar y San Martí, de José Gervasio Artigas para vencer a las mesnadas y
espadas de fortuna de la España colonialista y oscurantista de Fernando VII,
el Borbón-reptil más vil y venenoso de España.
 
 
Las tierras y el trabajo, el amor y la vida, la voz de los pueblos de
Latinoamérica son el verbo y la sangre más fértil y generosa de: Sandino,
Zapata, Mariátegui, Emilio Recabarren, Francisco Morazán, Farabundo Martí,
Lázaro Cárdenas, Vicente Lombardo Toledano, Salvador Allende, Gladys Marín,
Che Guevara, Camilo Cienfuegos, Fray Bartolomé de las Casas, Leonardo Boff,
Jon Sobrino, Camilo Torres, Monseñor Romero, Ignacio Ellacuría y de cuantos
han dado y nos dan lo mejor de sí mismos, al darnos los sueños, el amor y la
vida en la imparable marcha de todos los pueblos de Latinoamérica hacia su
definitiva liberación.
 
 
Las tierras y el trabajo, el amor y la vida, la voz de los pueblos de
Latinoamérica están en las voces lúcidas y resueltas, firmes y poderosas de:
Gabriela Mistral, Vicente Huidobro, Pablo Neruda, Víctor Jara, Nicanor Parra
y Violeta Parra, de Alfonsina Storni, Julio Cortázar, Juan Gelman, Facundo
Cabral, Atahualpa Yupanqui, Jorge Cafrune y Mercedes Sosa, de Juan Carlos
Onetti, Mario Benedetti y Daniel Viglietti, de Mario de Andrade, César
Vallejo, Ciro Alegría y José María Arguedas, de María Mercedes Carranza,
Gabriel García Márquez, Andrés Bello y Rómulo Gallegos, de Amado Nervo,
Rubén Darío, Ernesto Cardenal y Miguel Ángel Asturias, de Roque Dalton,
Alfonso Reyes, Juan Rulfo y José Emilio Pacheco, de Ali Chumacero, José
María Heredia, José Martí, Nicolás Guillén y Alejo Carpentier, de Francisco
Henriquez y Salomé Ureña, de Julia de Burgos y ANACAONA.
 
 
Las tierras y el trabajo, el amor y la vida, la voz de los pueblos de
Latinoamérica están en la ancestral y profunda sabiduría de las comunidades
indígenas de Oaxaca, Guerrero y Michoacán, de Chiapas, Campeche y Yucatán,
en las humanas y más dignas razones de los zapatistas, en la desesperación y
justa rebeldía que embarga el alma de los más, en la fiel memoria, el amor y
el valor de las abuelas de la plaza de Mayo, en la cultura y la nobleza, el
valor y la sencillez de los tehuelches y los mapuches, de la población
náhuatl, de los mayas y los guaraníes, de los quechuas y aymarás.
 
 
Las tierras y el trabajo, el amor y la vida, la voz de los pueblos de
Latinoamérica es la voz profunda y telúrica de los volcanes, de la lluvia y
los vientos que defienden la Madre TIERRA; es la luz de sus ancestros
Lautaro, Pelantaru, Lientur y Caupolicán, de Túpac Amaru y Micaela Bastidas,
de Túpac Katari y Bartolina Sisa, de Manuela Beltrán y José Antonio Galán,
de mama Dolores Cacaungo y de otros tantos anónimos en el espíritu Pachakuti
de los Pueblos originarios, el nuevo despertar de los hijos de la Pachamama
y el Tata Inti.
 
 
Por la Tierra, el trabajo, el amor y la vida, la voz de los pueblos de
Latinoamérica, los Poetas de la Tierra y Amigos de la Poesía desafiarán la
hegemonía del Gran Poder, mientras les quede la conciencia y, con ella, el
verbo y las manos. Y lo harán haciendo valer la justicia y la tenencia de la
tierra, la paz y la libertad yendo de Río Grande a la Patagonia,
enfrentándose a las resistencias y a las locuras de los endriagos inhumanos.
 
Los hijos de la Tierra ante el PODER se levantan y toman la palabra, ante el
débil se humillan y bajan la mirada, ante su Madre se inclinan y se
arrodillan para besarla.
 
 
Los hijos de la Tierra comen la manzana del árbol de la sabiduría para
comprender el por qué de las cosas y huir de la nada.
 
 
Los hijos de la Tierra son el relámpago en las noches oscuras y el trueno en
los tiempos del silencio que corta las alambradas y derriba los muros de la
ignorancia.
 
 
Los hijos de la Tierra, más allá de todo y por encima de las distancias y
las diferencias vuelan al encuentro los unos de los otros sobre los mares y
océanos de los cinco continentes para darse un cálido, fuerte e inmenso
abrazo, para SER, al unirse y recorrer juntos, codo a codo, mano a mano, el
largo e irrenunciable camino, la histórica, imparable marcha de los Pueblos
Originarios por la restitución de todos sus derechos y tierras ancestrales.
Y donde ya no sea posible el restituirles su tierra, el gran PODER tendrá
que pedir perdón humildemente, en un acto de público desagravio y de
compensación económica y moral que les devuelva algo de lo mucho que se les
ha robado durante los últimos cinco siglos, con la ayuda de la cruz y la
espada, con sus leyes injustas, insolidarias e inhumanas. Perdón tendrán que
pedir todos los dioses blancos por el saqueo y los crímenes que han cometido
y cometen a diario, expoliando, destruyendo y matando la Tierra a marchas
aceleradas con su inmensurable CODICIA.
 
Y los Poetas de la Tierra le entregarán a los Pueblos Originarios su poesía,
el  Arma Cargada de Futuro de Celaya que les caracteriza y define como seres
humanos.
 
 Ante el PODER / Me levanto / Y tomo la palabra
 
Ante el débil / Me inclino / Y bajo la mirada
 
 
Olivier Herrera Marín
 
Poetas de la Tierra y Amigos de la Poesía
 
 

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