ISAIAS NICHO RODRIGUEZ : LA MANO DE MUERTO

19 marzo 2011

Era más de las doce de la mañana. Toda la campiña dormía con pesado sueño bajo un manto de oscuridad. Los grupos de gente se dispersaron en distintas direcciones dialogando sobre los diversos pasajes de la velada, haciendo la crítica a su manera.
A la vera de los caminos, los pacaes y los mangos con el viento había entrelazado sus ramas de una orilla a otra formando una lóbrega ramada que se alargaba en el sendero. Se caminaba a tientas, por altos y bajos, tropezando.
Dentro del grupo donde iba don Rafael , no falto alguien que miedoso, comenzó a recordar cosas extravagantes aparecidas por los caminos a recorrer. Dijo que por el “Camino de los Perros”, en el silencio de la noche, una burra encadenada corría de sur a norte, y por “Cuatro Esquinas” los que pasaban después de las doce de la noche, oían laberintos de voces imperceptibles o a veces quejidos como de moribundos. Que tales cosas habían dado lugar a que algunos transeúntes cayeran privados del conocimiento, echando baba por la boca. Referente a esto, otro del mismo grupo recordó también que en la “Casa Vieja” de la esquina del cerro de Santa María, desde las primeras horas de la noche, por una de las ventanas, aparecía colgando una mano de muerto y que privaba a todo el que la veía. Que por esto Jacinto Estupiñan y Doroteo Quiche tuvieron que hacerse rezar por “susto de ánima”. Pero nadie de los del grupo se amilano. Y algunos lo tomaron como “zumba” o invento de los miedosos.
Entretenidos en la conversación, cuando menos pensaron, ya habían dejado atrás “Cuatro Esquinas” y el “Camino de los Perros”, sin haber sido victimas del menor percance, cuando al cruzar el arenal uno de los bromistas dijo:
-Que juera que hoy viéramos la mano…!
Al oír estas cosas las mujeres medio miedosas tomaron la delantera y todo el trecho del cerro pasaron cabizbajas. No quisieron mirar la “Casa Vieja”. Había una semiclarida debido al resplandor de las estrellas madrugadoras. Uno de los compadres de don Rafael que se había adelantado un poco en el camino por le mismo lado de la casa, regreso asustadizo y le dice al oído:
-Espéreme usted aquí, compadrito. Deje que avance un poco la familia para que no se asusten. Voy a ver que cuelga en la ventana del costado. Es esto parece cierto o es alguno que esta jugando con nosotros. A lo mejor es Juan Barbón. ¡Hum...! No sabe que somos bien hombres!.......
Y se fue a ver con más detención en forma resuelta. Al poco momento regreso y le dijo:
-Hayta la mano, colgando, pero no me parece que juera de muerto. La de muerto es huesosa, color cera. Esta mano es gorda. Diuna ves vamos a convencernos.
Y ambos se acercaron cautelosos, a la “Casa Vieja”. Miraron la mano. Con un palito le dieron un hincón. La mano se movió. No hay nada que hacer, dijo uno de ellos, esta es mano de vivo. Y cuando forcejearon la puerta del costado para entrar, observaron que la mano comenzó a ocultarse poco a poco. Como la puerta no se abriera, por uno de sus huecos vieron que alguien salió corriendo por la puerta de atrás.
Don Rafael se subió a la tapia y desde allí le grito:
-¡Oye, so vende santo, como te guelva a encontrar aquí te rompo el alma!.. ¡Ya sabes!..
Comentando lo sucedido, los compadres aceleraron el paso par dar alcance a sus familiares que ya estaban volteando el camino a chonta. Ambos les refirieron entre risas y carcajadas los apuros del hombre que salió corriendo de la “Casa Vieja”.
-Ya ven – bromeo al final don Rafael- si las penas no son de la otra vida... ¿Pa que creer en dioses falsos?.. Por cualquier lugar no faltan los vivos que se ríen de los zonzos…
Ahora ya verán que nunca más aparecerá la mano de muerto.
Por ese lugar se fueron quedando cada cual en su morada.

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