Ernesto Toledo Brückmann: "Javier Heraud: juventud y realidad"

26 agosto 2010

Nacer en el exclusivo distrito de Miraflores, estudiar en el Colegio Markham, ocupar el segundo puesto en la promoción, destacar en competencias deportivas, colaborar en la revista escolar con artículos y poemas; posteriormente ingresar con el primer puesto a la Facultad de Letras de la Universidad Católica, ocupar una plaza de profesor de Castellano e Inglés, así como viajar a Francia, publicar su primer libro a los 18 años de edad y ser premiado como El Poeta Joven del Perú. Todo ello pareciera ser el ideal de algún padre de familia conservador cuyo hijo encabezará la defensa de "la moral" y "las buenas costumbres." Sin embargo el tiempo pasa y la adolescencia abre paso a una juventud que difiere de los paradigmas del progenitor al recorrer la Unión Soviética, Asia y Cuba socialista, hacerse guerrillero, sumergirse en la selva peruana y morir abaleado en la orilla de un río. Todo ello describe la fugaz pero fructífera vida de Javier Heraud, muerto y enterrado hace cuarenta años en la provincia amázónica de Puerto Maldonado.
Aunque muchos se refieran a un acto ingenuo y confuso de un joven rebelde que subestimó la capacidad militar del adversario, no pocos reconocerán el desprendimiento de quien dejó las comodidades para entregar su existencia física a la construcción de una nueva sociedad; aunque la muerte le llegó a los 21 años de edad, el tiempo le fue generoso para ejercer la docencia en el Instituto industrial N° 24 y los colegios Guadalupe y Melitón Carvajal.
Como si fuera poco, el sentido internacionalista de cualquier revolución no lo desligaría de su condición de peruano y del amor a su propia tierra, tal como lo demuestra en su poema Palabra de guerrillero: "Porque mi patria es hermosa como una espada en el aire y más grande ahora y aún y más hermosa todavía, yo hablo y la defiendo con mi vida" Pero todo tiene un final; el 15 de mayo de 1963 es interceptada la pequeña balsa de Javier y sus dos compañeros que se desplazaban sobre la superficie de río Madre de Dios; posteriormente una furiosa andanada de proyectiles cae sobre sus cuerpos. Un trapo blanco sujeto a los agarrotados dedos de uno de los cadáveres, habría demostrado el interés de rendirse.
El baño de sangre fue perpetrado ante el testimonio y la complicidad de cientos de lugareños. Ningún soldado, policía y civil imaginó que Javier predijo su desaparición física en más de un poema y que finalmente cumplió su sueño: "Yo nunca me río de la muerte...Simplemente sucede que no tengo miedo de morir entre pájaros y árboles."
En adelante Heraud será considerado como un hito en la poesía peruana contemporánea ya que su muerte induce hasta hoy a la polémica entre los artistas «puros» y «sociales» de los cultores del individualismo y los comprometidos con la realidad social y sus protagonistas generadores de cambio. Asimismo la muerte de heraud demostró, sin ánimo de actitudes guerreristas, que la carencia de medios tecnológicos puede ser sustituida por la creatividad literaria y una conciencia política que lo llevó a asumir responsabilidad en la militancia del Ejército de Liberación Nacional ELN.
Si bien la generación de Heraud tuvo en la revolución cubana un paradigma a emular y en Francia a la generadora del "servicio intelectual obligatorio", la generación de los 90', beneficiosa del Internet y protagonista del tercer milenio, mantiene aún los rezagos de la política de despolitización y embrutecimiento colectivo, generado por el neoliberalismo de Fujimori. Todo ello se evidenció hasta en la participación de la juventud en la caída de la dictadura ya que cualquier manifestación callejera reflejaba inconsistencia política e ideológica, cundiendo el espontaneismo y sin un interés conciente de analizar la raíz de la problemática.
La intolerancia, los interés individuales y el afán de figuración demostrados en este último enfrentamiento bélico ponen en evidencia el carácter humanista de la inmensa mayoría de hombres del mundo, quienes contradicen en algunos casos a sus propios gobernantes; frente a ello el romanticismo debe materializarse en acciones concretas de interés colectivo. La necesidad de asumir compromisos formales, el respeto de las direcciones políticas y "desmontar del caballo para mirar las flores"-metáfora china que invita a la relación directa con la realidad de las mayorías- debería ser la tarea asumida por los peruanos ya que siendo realistas, las condiciones están dadas para que Javier Heraud se reencarne en millones de artistas con características particulares pero con ideales en común; solo así abriremos la única puerta por la que se podrá entrar al mundo del futuro: la puerta al socialismo.

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