José Antonio Aranda Ramírez "Carta para un amigo muerto"

20 febrero 2010

(A la memoria de mi Padre)

Te fuiste un día
cruzaste esta puerta,
me miraste
con los ojos con que se mira el pasado
pero no recuerdo
por qué te fuiste,
por qué al irte
dejaste tras de ti
miles de cosas
que aún sigo recogiendo.

Pero te extraño
me haces falta
he querido comunicarme contigo
he rodado por el cementerio varias noches
tu tumba está gastada
tú lápida forzada
el guardián me ha dicho
que han querido profanarla varias veces.

A estas alturas del año
casi todas las noches
el cielo está encapotado
llueve a raudales
la lluvia inunda mis ojos

desborda poco a poco
los días que pasamos juntos
esa misma lluvia
borra todo rastro que marcaste
en el camino.

Si vieras cómo gotea mi ventana,
cómo el cielo se parte y ruge
cómo sudan mis manos
cómo se estremece el alma

Eres un ingrato
de cualquier forma
debes venir a verme
yo no he cesado de observarte
en los ojos de los niños
en el vuelo de las aves
en el contorno de los libros.

Ayer fui a pasear por el manicomio
varias veces me he confundido
creí verte bajo una escalera
cortando hojas secas
contando los minutos que dura el silencio.

Quise meterme ahí dentro
pero me atraparon varios hombres de blanco
y junto a unos locos
me subieron a un camión

y me botaron muy lejos de casa.

Qué pena me dan esos locos
ellos no tienen familia
los han olvidado para siempre
no comprendo
por qué los tienen que botar
ni siquiera los dejan en conjunto
uno a uno los van botando
los dejan solos
a merced de la cordura.

A nosotros no nos quieren ni afuera
ni en el manicomio.
Estoy comprendiendo por fín
el contorno de los días
la otra vez logré atrapar una hora
y la pelé como,
una fruta pequeña
no encontré nada nuevo
dentro de ella estaba yo
pelando algo parecido a un níspero

Sobre mis escritos
te puedo decir mucho
me he abastecido de mucha luz
una vela pequeña me alumbra en la noche.

Sobre mi memoria
he instalado
una arquitectura de recuerdos
si vieras cómo florecen
las flores dentro de ella
si vieras cómo un océano de fuego
va terminando
con mis huesos.

Cuando se acabe
la última vela que guardo
voy a mudarme al cementerio
aunque es difícil
allí la gente se pelea
para obtener una vacante.

Cada difunto con sus deudos
y sus baúles
de bordes de oro
de bordes de metal
de bordes de fierros oxidados
tu mismo haz de darte cuenta
tú lápida la han querido profanar.

Afuera del cementerio
hay una larga hilera de gente
voy a ir a cuidar tu tumba
voy a procurar que no me descubran

y cuando eso suceda
entre los muertos y la lluvia
ya no me botarán...

De Sencillas promesas
Lima. Mesa redonda 2009

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