ROBERTO SERPA CASTILLO

14 febrero 2009

Roberto Serpa Castillo:
Huachano de nacimiento, nació el 7 de junio de 1927. Realiza sus primeros estudios en el colegio Grau, posteriormente ingresa al C. P. Nuestra Señora de la Merced. Se gradúa en la Facultad de Letras y Literatura en la Pontificia Universidad Católica de Lima. Su infancia y su niñez lo pasó en su casa huerta del mirador de Peralvillo, hermosa casona de inspiración a cuantos poetas han transitado por ella, especialmente del poeta Roberto Serpa. Gustó mucho de la agricultura, de la tranquilidad que le dio el campo. Al fallecer su padre su hermano Oswaldo y él tienen que ocuparse de la conservación de dicho lugar, convirtiéndolo en un verdadero centro turístico pues rezaba el dicho popular “Quien no ha visto el panorama desde Peralvillo no ha visto cosa buena”
Fue concejal en el primer periodo del alcalde Lorenzo Lagorio Cano; en el segundo periodo de la alcaldesa María Angélica Urtecho de Robinsón y durante el periodo del alcalde Carlos Meza Velásquez. Colaboró con los diarios “El Imparcial” y “La Verdad” en nuestra ciudad. El poeta Roberto Serpa Castillo falleció el 10 de enero de 1995.

TINTINAR DE LAS ESPUELAS

Fue una tarde luminosa,
de un verano ya… lejano
y en mi mente, se ha grabado,
un regreso muy ansiado.

De repente…
Trotar de cascos cercanos
deteniéndose en la puerta,
un relincho sorprendente,
de una Alazán bien sudado
que agachando su cabeza,
con mecha y lucero en la frente
de ronquidos de alegría,
y muestra reluciente…
El Peyón casi azulado.

De esa bestia baja un hombre
tintinando sus espuelas…
entre empedrado y umbral
negras polainas, bufanda,
blanco sombrero, jáquína
y pesada alfombra en el hombro,
que da a su hogar dulce asombro
y algarabía sin par...

Es el retorno del Padre
que llega con hondo amor;
tintinando sus espuelas…
e encamina a su sillón,
tiene el rostro demacrado,
pero alegre el corazón.
Cuántas horas cabalgando
con la luz de las estrellas,
entre silencios y altura
hizo sus noches muy bellas.

Blancas nubes vagabundas…
clara azul hondo de cielos,
las pitajallas y cardos,
enmarcaban los senderos.
Qué polvorientos caminos
fueron sus derroteros!
Brevemente, con el Alba,
con el Alba partirá…
perdiéndose en lontananza…
tintinando sus espuelas,
y después… después regresará.



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