LA MALETA EN EL DESVÁN

11 febrero 2009

Carlos Ernesto García (Santa Tecla 1960) es uno de los poetas Salvadoreños más notables en los últimos tiempos, escritor cuyo estilo muy personal, se identifica por la fuerza que impone Tanto en sus versos como en sus prosas, acentuando cada día su verdadera vocación de ser escritor.
Autor de los libros de poesía Hasta la cólera se pudre (Barcelona, 1994) que ese mismo año aparecería en Nueva York bajo el título Even rage will rot en traducción al inglés a cargo de Elizabeth Gamble Miller y A quemarropa el amor (Barcelona, 1996).Es autor también del libro de viaje en tono novelado, El Sueño del Dragón (Barcelona, 2003), en la que narra su viaje en solitario a lo largo del río Yangsé así como del reportaje Bajo la Sombra de Sandino (Barcelona, 2007) basado en una serie de entrevistas a varios ex comandantes del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), entre los que es de destacar la figura del ya mítico Edén Pastora; el poemario La maleta en el desván (inédito), también traducido al inglés por la Sra. Gamble Miller bajo el título The Suitcase in the Attic y de la antología de poesía salvadoreña Cuscatlán hora cero (Inédita).

CAÑONES OCIOSOS

Vagamos por el Mediterráneo
mientras el cielo
se incendia en el horizonte
dando paso a la oscuridad
que suave y callada
se impone en el firmamento.

Desde las orillas
los pueblos costeros
amables saludan
con sus millares de luciérnagas.

En las profundidades de este mar
pedazos de galeones descansan
con hermosos mascarones de proa.
Un inmenso y desolado cementerio
de soberbios destructores
de cañones ociosos.
Submarinos que guardan inmóvil
ya sólo el uniforme y los restos
del aguerrido soldado
en su puesto de combate.

El oleaje arrastra quizá
astillas de embarcaciones aqueas
que sucumbieron a la tormenta
o a la batalla.

LAS MONTAÑAS DE FENGDU

En las montañas de Fengdu
me dispongo a cruzar
el puente colgante
reservado para los muertos.

Abajo se escucha
el relinchar del río Changjiang
que con sus aguas turbulentas
corre como un caballo furioso.

Una anciana
que sostiene entre sus manos
un cuenco de madera
me invita a tomar de un líquido
que me ayudará en el más allá
a olvidar el pasado.

EL BURDELERO

Siempre ibas
con pantalón ceñido
camisa ligeramente desabrochada
zapatos de charol relucientes
anillos brillantes
gruesas cadenas de oro
pelo engominado
como para ir de boda.

Una madrugada te encontré
en el maltrecho burdel
que como una matrona regentabas
al final de una calle oscura y solitaria.

Me brindaste entonces
-como cortesía de la casa-
a una joven campesina recién llegada
de quien sabe qué perdido pueblo.

Al día siguiente
supe que te descubrieron
en tu habitación
ya sin vida
parapetado bajo el colchón
como te abandonaron
con heridas mortales en el torso
provocadas por un picahielo.

Ni siquiera yo
que dormía al otro lado de la pared
aquella madrugada
pude escuchar los ahogados gritos
ante el espanto de la muerte
pues quien te asesinó
introdujo por la fuerza
un verde limón entre tus labios.

San Martín, El Salvador 1975

LA REINA

Bajó de una burra
que ató al tronco de un árbol
que en su copa albergaba nidos de torogoces.

Atravesó la puerta mayor de la ermita.
Se arrodilló al tiempo que cerraba sus ojos.
El cabello pelirrojo le hacía juego con sus pecas.
Su vestido de colores vivos parecía nuevo.

En la misa hablaban de cosas
que tenían que ver con la comunidad.
Todos guardaban silencio.
Incluso el cantar de los pájaros
resultaba discreto.

Luego llegó el momento de la repartición del arroz.
Una bolsita de 25 libras para cada familia.
Los mayores al escuchar su nombre
se acercaban hasta el pulpito
firmaban con su huella digital
y eso bastaba porque había confianza.

Al lado se fue formando otra fila
pero en ninguna estaba la muchacha pelirroja
que al fondo se le veía callada y solitaria.

La segunda fila
esperaba paciente una de las cajas sobrantes de cartón
que harían servir para guardar la ropa.

A la pecosita –según comentaron las ancianas-
le daba vergüenza hacer cola.
Hacía una semana
que la habían elegido reina del cantón.

Por eso desfiló con su corona
a lomos de un caballo brioso
mientras todos le lanzaban
pétalos de flores silvestres.
.
Cuando una señora le acercó la caja vacía
la muchacha con una sonrisa tímida
dijo adiós desde el umbral de la puerta.
.
La vimos alejarse que parecía una virgen.
La vimos alejarse con su cajita made in Italia.
Montada sobre aquella burra escuálida.
Los campesinos tenían la mirada triste.
Era su reina.

PRIMER AMOR
Para Yanira L. Martínez

Me conformaba
con acompañarte.
Con caminar a tu lado.
Ni siquiera
esperaba una sonrisa.

Una mirada tuya
habría bastado.
Supe que mi nombre sonaba bien
la primera vez que lo pronunciaste tú.

Pero sólo éramos
dos estudiantes de primaria
regresando de la escuela
por una calle polvorienta.

Desapareciste un verano
dejándome solitario en el camino.
Tu futuro era Ilobasco y no yo.
Lo comprendí con los años.

Fue aquella tarde en que bailé contigo
- para ser más exactos - y porque
cuando pronunciaste mi nombre
ya no sonaba tan bien.

PIEDRA PEQUEÑA
Para León Felipe
Hurgando en los bolsillos
mis dedos tropiezan
con la pequeña piedra
que una tarde de llovizna
arranqué a la plaza del Obradoiro
mientras te esperaba.

La dejo caer desde la popa del barco
que me conduce a Genova.
Veo como desaparece lentamente
en el fondo del agua.

La verdad
no sé por qué
aquella estúpida piedra
me causa pena.

http://www.artepoetica.net/carlos_ernesto_garcia1.htm


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